Escándalo en EE.UU.: Trump presiona a funcionarios de Georgia para modificar resultados

Se prepara la embestida final de Trump en el Colegio Electoral.

El nuevo escándalo protagonizado por el presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha ganado las primeras planas de los diarios de todo el mundo. Según Associated Press, fue uno de los participantes del llamado de Trump con el republicano secretario de Estado de Georgia el que entregó a la agencia la grabación de la hora entera de la conversación. En ella se escucha a Trump amenazar al funcionario para que “le encuentre” los 11.780 votos que le faltaban para dar vuelta el resultado electoral en el Estado, diciendo que de lo contrario estaría incurriendo en un acto criminal.

El funcionario en cuestión, Brad Raffensperger, desmiente en la llamada los reclamos de Trump y defiende los resultados a favor de Joe Biden que arrojaron tres conteos de votos sucesivos en el Estado. Es evidente que es la propia oficina del gobernador republicano la que ha difundido la grabación, sea para golpear a Trump o para ponerse a resguardo. David Worley, representante demócrata en la junta electoral de Georgia, ha presentado una denuncia penal contra Trump por solicitar la realización de un fraude electoral. Dos diputados demócratas le enviaron una carta al jefe del FBI con un pedido en el mismo sentido.

La llamada se da a conocer en la semana que la derrota electoral de Trump frente a Biden debe atravesar la última confirmación legal, la reunión del colegio electoral. Trump no ha logrado impedir el curso del conteo electoral a pesar de su campaña sistemática para instalar la versión de que existió un enorme fraude electoral para impedir su reelección. Ahora está convocando a sus seguidores a marchar sobre el colegio electoral, que funciona como una asamblea de ambas cámaras del congreso, y prepara a senadores y diputados que se mantienen leales a él a presentar argumentos de impugnación a las elecciones de diversos Estados que podrían prolongar lo que normalmente es un hecho formal a una charca de días enteros.

Es significativo que sea la administración republicana de Georgia la que haya protagonizado este choque con Trump. Mañana, martes 5 de enero, se vota en Georgia una segunda vuelta para definir dos senadores nacionales. El resultado definirá si el Partido Republicano mantiene o no su mayoría en la cámara alta. Las encuestas pronostican nuevamente una elección disputada y Trump casi pegó el faltazo al acto de cierre de campaña, luego de que se conocieron las grabaciones.

La impugnación de Trump no es sostenida en forma unánime por el Partido Republicano, que se prepara para una nueva etapa donde su liderazgo quede en el pasado. Trump parece sostener el curso más para agrupar las fuerzas leales que puedan continuar bajo su mando que por tener posibilidades ciertas de dar vuelta el resultado de la elección presidencial. Está en juego la influencia futura de Trump sobre su partido. Ha sido finalmente, a pesar de no haber ganado, el candidato republicano más votado de la historia. Varios comentaristas dicen que la tensión dentro del partido lo coloca frente a una virtual escisión.

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La perdida de liderazgo de Trump sobre los republicanos se ha registrado dos veces en los últimos días en el Congreso. En el primer caso, Trump se apoyó en la bancada demócrata para promover un subsidio mayor como compensación para la cuarentena, lo cual fue bloqueado por la bancada republicana. Los republicanos se juntaron, luego, con la bancada demócrata para anular el veto que Trump había decretado a una ley de presupuesto militar. El mensaje es claro, no van a jugar su futuro político a los gestos populistas con los que Trump quiere favorecer algún tipo de irrupción popular que lo salve luego de su derrota electoral. La movilización de figuras republicanas contra Trump se ha mantenido con una solicitada de 10 exsecretarios de defensa, incluidos los de Bush y Trump, que denuncian el efecto desestabilizador de la campaña de Trump contra la elección. Dick Cheney, vicepresidente de Bush, fue el autor de la iniciativa.

De conjunto, las masas trabajadoras asisten temporalmente en forma pasiva a un nuevo episodio de la crisis norteamericana que viene destrozando sus partidos e instituciones políticas. Mientras sus condiciones de vida siguen empeorando, las expectativas de amplios sectores en que la salida de Trump genere una mejora relativa han abierto un paréntesis en la rebelión del 2020. Wall Street y el gran capital quieren encaminar el proceso de recambio pacíficamente, como lo ha reclamado en un reciente editorial su vocero, el Wall Street Journal, que augura un desastre para el Partido Republicano si acompaña los planes de Trump.

La superación de las expectativas en ambos partidos patronales se acelerará al ritmo de la crisis capitalista. Una agitación política independiente desde el punto de vista de la clase obrera puede abrir un curso histórico libre de explotación en la gran potencia del norte.

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