Internacionales
16/8/2026
Estados Unidos: el movimiento “Tradwife” y el “voto por hogar”
Cien años después de la conquista del voto, la derecha yanqui pone en discusión el sufragio femenino.
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Durante décadas el voto femenino fue un derecho negado, y su conquista costó (y sigue costando) años de lucha organizada en todo el mundo. No fue una concesión ni un regalo: se arrancó peleando. Eso no significa que el sufragio haya resuelto la opresión de las mujeres (la democracia burguesa nunca alcanzó, ni podía alcanzar, para eso), pero sí fue una conquista democrática elemental, un piso mínimo que ni siquiera debería estar en discusión. Sin embargo, ¿qué está pasando ahora mismo en Estados Unidos para que se vuelva a plantear si las mujeres deberían poder votar?
Erika Kirk, dirigente de la organización conservadora Turning Point USA (TPUSA) y viuda del dirigente Charlie Kirk, junto con otras referentes del movimiento tradwife, promueven el llamado "voto por hogar": un sistema mediante el cual el esposo emitiría un único voto en representación de toda la familia. En el "Women's Leadership Summit 2026", la propia Erika y la influencer Savanna Faith Stone abrieron el debate ante una comunidad de mujeres jóvenes conservadoras, planteando que el feminismo fue "la mentira más grande" que les hicieron creer a las mujeres. Sostienen que el movimiento feminista, a nivel mundial, buscó destruir a las familias y arrancar de raíz la institución del matrimonio. Con esa narrativa impulsan el "voto por hogar", en el que el hombre de la casa sería el único con capacidad de representar políticamente al hogar. El planteo vuelve a poner en discusión una conquista histórica: la 19° Enmienda de la Constitución estadounidense, que reconoció el derecho de las mujeres a votar. Aprobada por el Congreso en 1919 y ratificada definitivamente el 18 de agosto de 1920, fue el resultado de décadas de organización y lucha del movimiento sufragista.
Lo que está promoviendo este sector de la derecha en Estados Unidos es sin duda un intento de retroceso político impresionante que vuelve a poner en discusión cuestiones que dábamos por sentadas. Simone de Beauvoir, histórica feminista, lo advirtió hace décadas: "No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida". Esa advertencia se hace cada día más presente, y es sintomática de la propia democracia capitalista. En un marco de presión y movilización social, esta puede otorgar una serie de concesiones e inmediatamente después amenazar con eliminarlas. Por eso ni hasta la "democracia más poderosa del mundo" está exenta de la supresión de derechos cuando necesita reforzar su control sobre la clase obrera. No es casualidad: Estados Unidos está sumido en una crisis política y económica como la que menciona Beauvoir.
La corriente “Tradwife”
Kirk es, como ya se dijo, una de las exponentes de la corriente “tradwife” (trad de tradicional, wife de esposa, en inglés). Mujeres que se muestran cocinando una tarta de fruta orgánica en el campo o yendo a pilates mientras el marido las mantiene no es un fenómeno cultural aislado ni una moda pasajera de redes sociales: es la cara amable de ese reordenamiento. Visten de espiritualidad, de "volver a lo esencial", de crítica al estrés de la vida moderna, algo que en el fondo es el costo de la crisis descargándose sobre el cuerpo y el trabajo no pago de las mujeres. En el papel suena a una vida despreocupada y sencilla (cuidar a los pibes mientras el marido sale a trabajar de 10 a 18 en una oficina), pero lo que no se cuenta cuando vemos a estas mujeres disfrutando de esa vida ficticia, idealizada, de cuento, es todo lo que queda oculto detrás.
El problema de este tipo de tendencias aparece cuando la dependencia económica se presenta como libertad. Detrás de la imagen de la esposa que se queda en casa mientras su marido trabaja hay una realidad material que suele quedar fuera de cámara: ese trabajo no remunerado significa, en los hechos, que todo el ingreso del hogar pasa por una sola persona. La mujer no tiene un salario propio, ni ahorros propios, ni margen para sostenerse por su cuenta. Y cuando una persona depende completamente de los ingresos de otra, dejar una relación (aunque sea violenta) o simplemente cuestionar las decisiones de quien sostiene económicamente el hogar deja de ser una opción real: no hay a dónde ir, ni con qué sostenerse mientras tanto. Erika predica que las mujeres deberían dedicarse a la crianza y a la casa, mientras ella dirige una organización multimillonaria.
Detrás de la discusión sobre el "voto por hogar" aparece una cuestión mucho más profunda. Si el marido es quien concentra los ingresos y, además, es quien concentra la representación política de la familia, la dependencia económica deja de ser solamente económica: también se convierte en dependencia política.
Ofensiva general
Sería un error leer el fenómeno tradwife y el "voto por hogar" como una rareza cultural estadounidense, algo que pasa "allá" y no nos toca. La ofensiva contra los derechos conquistados por el movimiento de mujeres no es un capricho ideológico de un grupo de influencers: es parte de cómo la derecha y el capital intentan descargar el costo de la crisis capitalista sobre nuestros cuerpos, nuestro trabajo y nuestra autonomía. Mientras en Estados Unidos discuten devolverle el voto al "hombre de la casa", en Argentina el gobierno de Milei viene por el aborto legal, vacía los programas de género, desfinancia la ESI y baja línea de que la "ideología de género" es el enemigo. Son expresiones distintas de la misma ofensiva: la del capital en crisis tratando de disciplinar a las mujeres y disidencias, empujándolas de vuelta a la casa, a la dependencia y al silencio, porque una clase trabajadora dividida y una mitad de la población sin autonomía es más fácil de explotar y disciplinar.
Volvamos a Argentina
Desde el Partido Obrero bregamos por la plena inserción de las mujeres y las disidencias en el mercado laboral. También militamos por que la maternidad sea algo elegido y deseado. Día a día nos organizamos para que cada vez más mujeres y disidencias se organicen política y colectivamente; un acto así se impide si el único destino para las mujeres es estar dentro de la casa sometidas al yugo de las tareas domésticas.
Estas aspiraciones plenas son claramente incompatibles con la tendencia capitalista a la precarización, descomposición social y con ello a la erosión de los derechos que durante décadas dijeron estar garantizados por un Estado eterno.
Por eso creemos que esto no se puede pensar aislado, como un tema "de mujeres" separado de todo lo demás, sino como parte de la misma pelea contra la precarización laboral, contra el ajuste y contra toda forma de opresión sobre nuestros cuerpos.
En ese sentido, frente a los ataques del gobierno de Milei a la Educación Sexual Integral, desde la UJS y el Plenario de Trabajadoras impulsamos Talleres ESI en clave socialista: espacios para dar esta discusión con herramientas políticas, científicas y de organización, y para construir, desde ahí, una salida colectiva e independiente frente a cada intento de hacernos retroceder. Asimismo como una preparación para el 39° encuentro de mujeres y diversidades en córdoba en octubre 2026. Porque nuestros derechos no se defienden en soledad ni resignándonos a discutirlos de nuevo cada generación: se defienden organizadas y organizades.



