08/08/2002 | 766

Este gobierno de estafadores debe irse ya

1- Finalmente el «modelo» entró en quiebra. Todos los intentos del gobierno por despegarse de la crisis económico-financiera regional han fracasado. El discurso fundamentalista de la derecha neoliberal y sus medios de comunicación, en el sentido de que el país evitaría el «corralito» y el contagio de la crisis, se ha derrumbado. Y junto a el, la tan publicitada «excepcionalidad» uruguaya.


En este cuadro, solamente alguien muy irresponsable puede pretender que este gobierno de coalición burguesa monitoreado desde Washington, continúe hasta el 2004. Solamente alguien absolutamente insensible al brutal drama social que afecta a cientos de miles de compatriotas, puede decir que de esta crisis «salimos todos juntos».


El país transita por el más completo desastre. Y el futuro inmediato solo presagia más y peor de lo mismo: mayor endeudamiento externo y dependencia, aceleramiento de las privatizaciones, expropiación de derechos laborales, cifras insoportables de desempleo, inaudita pobreza, niños que duermen en la calle y se alimentan de pasto y basura.


Es entonces que la continuidad de este gobierno de Batlle y el FMI, no es solamente una bofetada a la dignidad de las personas y a la soberanía nacional: es un atentado criminal contra el derecho a la vida de las inmensas mayorías populares.


2- El «feriado bancario» decretado por el gobierno, ha sido una imposición de los verdaderos dueños de las decisiones económicas: Bush y el FMI. La decisión tardía no sólo pretende frenar la «fuga de depósitos» de los últimos meses y la colosal pérdida en reservas del Banco Central. El «feriado bancario» garantiza el salvataje de los banqueros y especuladores que componen el «sistema financiero» y, sobre todo, apunta a colocar de rehenes a los salarios, jubilaciones, y pequeños ahorristas, con el fin de ocultar el principal efecto de la crisis económica: la cesación de pagos interna.


En este cuadro de crisis capitalista – agravada por la argentinización de la región, la recesión internacional, y las quiebras y fraudes en la «nueva economía» norteamericana – la llamada «comunidad internacional» (Departamento del Tesoro de Estados Unidos, FMI, Banco Mundial, BID, Unión Europea) han prometido su «ayuda de contención». (…)


3- La gravedad de la crisis, y la pérdida de credibilidad neoliberal, se presentan a los ojos de la clase dominante, como la oportunidad para saldar cuentas definitivas a favor del capital. Utilizarán el miedo y la incertidumbre que ellos mismos alimentan, utilizarán el blindaje político que les ofrece Bush y el chantaje usurero del FMI, para intentar imponer su propuesta de «estabilidad macroeconómica».


A la redistribución regresiva del ingreso nacional, a la expropiación de salarios y jubilaciones, al aumento de la miseria por vía del desempleo, le seguirá el ataque a los derechos y libertades políticas, e incluso el decreto de Medidas Prontas de Seguridad. En tal sentido, la Corriente de Izquierda se pronuncia a favor de la iniciativa presentada en la Mesa representativa del PIT-CNT (27/7/02) por el SAG, SUTEL, y otros gremios, de abrir un proceso asambleario en el movimiento sindical y prepararse para una Huelga General en defensa de los derechos económicos, sociales y políticos del pueblo.


4 En tal situación de crisis de desintegración, las tesis de asegurar la «gobernabilidad» o de avanzar hacia la «concertación social» que vienen sosteniendo tanto la mayoría de la Mesa Política del Frente Amplio como las direcciones sindicales, sólo conducen a crear falsas ilusiones en un cambio basado en el «diálogo nacional», y a desarticular una resistencia social, clasista y democrática que se extiende en todo el país.


Por el contrario, el Frente Amplio, como fuerza alternativa, depositaria de la esperanza popular, debe proponerse tomar las riendas del país ahora, transformando la crisis capitalista y el descalabro neoliberal, en un proceso de lucha y transformación política, económica y social.


Ante el avance destructivo del desempleo, la pobreza, y el hambre, la izquierda no puede jugar al bombero, ni andar a los abrazos con los mandaderos del capital.


Debe impulsar la organización y la movilización por un programa de satisfacción inmediata de las necesidades económicas y sociales básicas.


Este programa no puede tener otro carácter que democrático, antiimperialista y anticapitalista. (…)

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