18/11/2021

Europa ante su enésima ola de coronavirus

El centro y el este de Europa se están viendo sacudidos por una nueva ola de coronavirus. En algunos países, se registran los récords de casos diarios desde el comienzo de la pandemia. La canciller alemana, Angela Merkel, calificó la situación como “dramática”, en tanto que Lothar Wieler, presidente del Instituto Robert Koch, pronosticó una Navidad “muy dura” para su país. El viejo continente se encuentra en vísperas del invierno, por lo que todo indica que la situación se irá agravando en el curso de las próximas semanas.

Son varios los factores que influyen en esta nueva escalada. Por un lado, el mapa de la disparada de infecciones coincide con los países con las tasas de vacunación más bajas de la región. Es el caso de naciones del este como Bulgaria y Rumania, dos de las más pobres de la Unión Europea, con niveles de inmunización de su población adulta de entre el 20 y el 30%. Otros países, como Croacia, Eslovenia, o la República Checa, también severamente afectados, tienen tasas que abarcan a casi la mitad o más de los mayores. Alemania logra un porcentaje aún más alto, próximo al 70%, pero hay un sector que se resiste a las inyecciones. Allí, el 90% de los nuevos infectados no están inmunizados, por lo que se ha hablado de una “pandemia de los no vacunados” (El País, 9/11).

Las cifras insuficientes de vacunación revelan un doble problema. En primer lugar, la desigualdad en el acceso a la vacuna entre los diferentes países, como fruto de su mercantilización y el acaparamiento por parte de las potencias. Entre los altos niveles de Portugal y España, que avanzan ya en una tercera dosis del calendario, y los rezagados países del este (ni hablar de algunas regiones de Africa o Asia), hay un abismo. En segundo lugar, está la cuestión del desarrollo de movimientos antivacunas, hostiles también a las medidas de protección. Estos han sido alimentados desde la cúspide del poder político, empezando por el expresidente estadounidense Donald Trump.

La existencia de una parte estructural de la población que resiste la vacunación impide avanzar en la inmunidad de rebaño, que los especialistas calculan que requiere de más del 90% de la población inmunizada. Los dos asuntos ya señalados contribuyen a la prolongación de la pandemia, en el curso de la cual se van produciendo mutaciones más resistentes.

Otro factor que influye en la nueva oleada es el abandono de las medidas de protección (uso de barbijos, distancia, adecuada ventilación). Ya había ocurrido en otras ocasiones: los Estados europeos levantaron todas las restricciones, en una ansiosa vuelta a la «normalidad» reclamada por los conglomerados empresarios, y se volvió a recaer en brotes.

La nueva ola está tensionando a los sistemas sanitarios, a punto tal que el centro de salud de la alemana Frisinga, ciudad próxima a Munich, ha debido trasladar pacientes al exterior. En el país más poderoso de Europa, además, falta personal de salud y hay 6 mil camas menos de terapia intensiva que el año pasado (El País, 18/11).

Otro territorio donde la situación es grave es en Rusia, donde es muy baja la tasa de vacunación. Allí las cifras de muertes diarias son las más elevadas desde que empezó el Covid.

El salto en la cantidad de casos ha llevado a distintos países a tomar medidas, que van desde nuevos confinamientos (Austria) al retorno al teletrabajo, el pase sanitario para ingresar en los comercios, y un horario más acotado de atención en los mismos (Alemania, Países Bajos). Otra vez, los Estados europeos van detrás de los acontecimientos.

El rebrote europeo muestra los límites de la gestión capitalista en el abordaje de la pandemia. Se necesita otro enfoque, que parta de la centralización del sistema de salud, la abolición de patentes y la estatización de la industria farmacéutica, bajo control obrero, y la formación de comisiones de seguridad e higiene en barrios y lugares de trabajo, para discutir y abordar las medidas de protección necesarias.

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