30/04/1998 | 583

Extraordinaria victoria obrera

Una impresionante huelga que paralizó desde mediados de enero los puertos australianos concluyó en una gran victoria obrera. El gobierno conservador ha recibido una cachetada. El primer ministro John Howard, un ‘Menem’ de Oceanía, había dicho, días antes del desenlace, que el conflicto era «una instancia definitoria en la historia de las relaciones laborales de Australia» (The Militant, 20/4).


La huelga se inició a principios de enero cuando los estibadores del puerto de Melbourne salieron a frenar un nuevo régimen laboral basado en trabajadores no sindicalizados. En diciembre, el sindicato de los trabajadores marítimos (MUA) denunció que el principal operador de ese puerto, la firma Patrick, estaba entrenando rompehuelgas en Dubai —Emiratos Arabes Unidos (EAU)—, que «personal militar en actividad de Australia se encuentra en el grupo» y que Patrick estaba «conspirando con la Federación Patronal de Agricultores y el gobierno» (Financial Times, 7/2).


Extendida la huelga a todos los puertos australianos, a principios de febrero «adquirió dimensiones internacionales, con exportaciones por valor de millones de dólares varadas en sus docks y la amenaza de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITFW) de boicotear los buques que usen las instalaciones del puerto de Melbourne» (Financial Times, 7/2). Así se logró que «el grupo que estaba entrenándose tuviera que dejar Dubai cuando la ITWF amenazó con un boicot internacional contra los EAU» .


Patrick es «el segundo operador portuario más importante de Australia» (ídem, 22/4) y por Melbourne pasan «alrededor del 40% de los 2,5 millones de contenedores que entran y salen de Australia cada año» (International Herald Tribune, 21/4).


La Patrick acusó tempranamente a los huelguistas de «ilegales» y 15 días atrás despidió a la totalidad de sus trabajadores, 1400 permanentes y 600 de ‘tiempo parcial’. Las pulpos exportadores y el gobierno transformaron el conflicto en un gran ‘test’: la Toyota declaró «que todos sus negocios de exportación corren riesgo» de no regir las ‘facilidades’ de Melbourne (ídem, 30/1). «El ministro de Relaciones Laborales Peter Reith reclamó al parlamento una legislación para prestar 250 millones de dólares a las compañías portuarias para sostener los despidos» (The Militant, 20/4).


Los piquetes obreros fueron acrecentándose semana a semana. La Federación de Agricultores había resuelto, días atrás, «quebrar los piquetes sindicales en los puertos de todo el país abriéndolos con camiones» (Guardian Weekly, 26/4). Cuando sus preparativos «estaban bien avanzados» (ídem), una corte estadual de Melbourne «ordenó abandonar los piquetes al MUA y a sus afiliados»(I.H.Tribune, 21/4).


La polarización creciente entre los huelguistas, sus patrones y el gobierno se extendió al escenario nacional. «Miles de trabajadores sindicalizados a lo largo de Australia se manifestaron el 8 de abril en oposición a los despidos en Patrick la noche anterior» (The Militant, 20/4). Los movimientos de protesta unieron a los estudiantes con los trabajadores. «Los universitarios de Macquarie y Sydney se han sumado a los piquetes» (ídem).


En este cuadro terció la Corte Suprema nacional dictando la reincorporación de los trabajadores y «la sorpresiva victoria de los portuarios» (Guardian Weekly, 26/4).

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