Foro de Davos: Groenlandia en el centro del debate

Foro económico de Davos.

Lo ocurrido en este evento, que se realiza anualmente, ha sido ilustrativo de los tiempos que corren. El Foro se vio sacudido por las advertencias de Trump a los países europeos de imponer aranceles adicionales e incluso el uso de la fuerza si el viejo continente, y Dinamarca en particular, no cedía a su pretensión de anexar la isla ártica a Estados Unidos.

La atmósfera que se respiró en las primeras horas de deliberaciones del Foro fue de máxima agitación pues la tensión entre Estados Unidos y Europa había crecido a niveles sin precedentes desde la posguerra. Se abría paso algo inverosímil apenas tiempo atrás que era la posibilidad de un enfrentamiento militar entre los propios aliados de la Otan. Las fricciones entre Estados Unidos y el viejo continente vienen escalando y se han manifestado en un aumento de los aranceles impuesto por el magnate a las exportaciones provenientes de Europa y por, sobre todo, en los choques y desacuerdos en torno a la guerra de Ucrania. Lo de Groenlandia, sin embargo, representa un salto pues implica lisa y llanamente desconocer el control territorial de Dinamarca. Un acto de este calibre es una suerte de declaración de guerra velada.

No nos debe sorprender que tal circunstancia haya encendido las alarmas en los círculos del poder y en el mundo económico y financiero. El nerviosismo se apoderó del mercado que experimentó un derrumbe de las bolsas mundiales.

Importa destacar que la Unión Europea suspendió la vigencia del acuerdo establecidos meses atrás sobre aranceles y dispuso una reunión de emergencia donde existía la voluntad de adoptar represalias económicas más draconianas. Los líderes de la Unión Europea (UE) tenían previsto debatir en una cumbre extraordinaria distintas posibilidades para responder a esa amenaza comercial, incluida la más contundente, el llamado instrumento anticoerción -apodado “bazuca comercial”- y la introducción de aranceles por valor de unos 93.000 millones de euros (108.708 millones de dólares) a importaciones estadounidenses.

Previamente, ocho países europeos habían enviado soldados a Groenlandia con el propósito a partir del 1 de febrero de participar en maniobras militares lideradas por Dinamarca, que es lo que desato la ira de Trump.

Incertidumbre y desconcierto

La reacción en los mercados tuvo una incidencia fundamental en la decisión de Trump de bajar un cambio, dando marcha atrás con los aranceles y la amenaza de acciones militares. Ya ocurrió algo parecido a mediados de año cuando se impuso la primera tanda de aranceles y la Casa Blanca retrocedió en sus anuncios iniciales. Además de las represalias comerciales, los gobiernos europeos habrían emprendido una acción concertada para una venta masiva de bonos del tesoro norteamericano y provocar una caída de su cotización.

Un agravamiento de clima de desconcierto e incertidumbre que ya se vive en el escenario mundial puede comprometer la economía estadounidense que no logra despegar, como prometía el magnate, y que está a los tumbos. No hay que olvidar además que más del 80 por ciento de la población estadounidense desaprueba una anexión de Groenlandia. Trump subió con la promesa de que Estados Unidos iba a dejar de inmiscuirse en conflictos internacionales y que los recursos del Estado iban a ser afectados a las necesidades internas. El expansionismo de Trump puede terminar siendo un bumerán y echar más llena al fuego al descontento que ya anida en la población frente a un inflación que continúa. La encuestas indican que la aprobación a la gestión del magnate no alcanza el 40%, lo que podría traducirse en una derrota electoral en las elecciones intermedias que tendrán lugar a finales del año. El inconformismo empieza a expresarse también en las calles con las movilizaciones contra el presidente republicano que han tenido lugar meses atrás y la reacción ahora con el asesinato y represión a los migrantes. Para el viernes 23 de enero habrá, por primera vez, en décadas una huelga general en un Estado -en este caso, en Minnesota- lo cual es un dato de cómo va subiendo la temperatura en el país.

Compromiso precario

No se nos puede escapar, de todos modos que, pese a bajar un cambio, Trump logró un avance en la injerencia de Estados Unidos en Groenlandia. El magnate anunció, en ese sentido, un preacuerdo sobre Groenlandia con las potencias europeas. Los aliados de la Otan, bajo la batuta de Washington, participarían en la construcción del sistema antimisiles llamado Cúpula Dorada y en asuntos relacionados con los minerales de Groenlandia. Una alianza entre Washington y la Otan incorporaría cambios en los acuerdos vigentes sobre las bases militares en el Ártico, otorgando mayor participación a Estados Unidos en tareas de defensa y en la supervisión de inversiones y el control y el destino que se le da a los recursos de la isla.

El hecho de haya desescalado no implica, sin embargo, que el conflicto se haya resuelto. Simplemente estamos a frente una tregua. Por lo pronto, en el preacuerdo no está incluido, que se sepa, ninguna mención sobre la soberanía de la isla y su integridad territorial, que Dinamarca y Groenlandia siempre se han negado a entregar a Trump. Asistimos a un compromiso inestable y precario.

Lo de Groenlandia no spuede entender como un episodio aislado. Es una manifestación concentrada de contradicciones estructurales del capitalismo contemporáneo. Estamos en presencia de un orden mundial en crisis, que tiene como telón de fondo un impasse capitalista que no se puede revertir y que ha dado lugar a crisis recurrentes y más pronunciadas. Estados Unidos en su condición de principal potencia capitalista del mundo concentra como nadie estas contradicciones. Lo de Groenlandia se inscribe en la tentativa por parte de Estados Unidos de una reconfiguración del planeta a su medida y de acuerdo a sus necesidades. Lo que está en juego es quién controla territorios, recursos y rutas estratégicas en un contexto de declive relativo de la hegemonía estadounidense y de creciente rivalidad imperialista. La disputa en torno a Groenlandia evidencia la fragmentación del mercado mundial. La globalización cede el paso a bloques, sanciones, guerras comerciales y la tendencia a la guerra misma. El mercado mundial es una conquista histórica del capital, pero también su mayor contradicción pues entra en choque el carácter social de la producción y la expansión global de las fuerzas productivas con su apropiación privada y sus bases nacionales. Esta contradicción se agudiza en los momentos de crisis: los Estados y corporaciones de cada país intentan replegarse sobre espacios controlados, y se exacerban los conflictos y se extienden en todos los espacios geográficos.

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