04/06/2020

Francia: gran manifestación contra la policía y la represión de Macron

"Todo el mundo odia a la policía" es coreada junto al reclamo de justicia por Adama Traoré y George Floyd.
Por Roberto Gramar Paris, 3 de junio

Esta vez, la sorpresa vino el martes 2 del lado de les jóvenes de los barrios pobres que invadieron París y protagonizaron una enorme manifestación contra la represión policial, la violencia racista y el gobierno. Se esperaban, en el mejor de los casos, algunos miles de personas y se reunieron cerca de 30.000 en una manifestación prohibida, llamada por el Comité Adama a través de las redes sociales. Adama Traoré era un joven de color de 24 años que hace 4 años murió como consecuencia de una intervención policial brutal en un barrio periférico. La movilización del Comité estuvo precedida por otra manifestación de los “sin papeles” del 30 de mayo, que también había sido prohibida y que reunió algunos miles de manifestantes. La represión no estuvo ausente el martes: hubo palos, gases y 18 detenidos.


Les jóvenes en la batalla


Miles y miles de jóvenes salieron de sus barrios y llegaron al norte de París, nueva sede de los tribunales, para reclamar justicia por Adama y su solidaridad con George Floyd y las movilizaciones de masas en EE.UU. La presencia de las compañeras fue notable. Es un acontecimiento inédito, les jóvenes se movilizaron muy escasamente con los chalecos amarillos y por supuesto no participan de las actividades sindicales y de los partidos de izquierda, ausentes en los barrios. Su presencia en las calles de la gran ciudad ha dado lugar al asombro y a la preocupación de los políticos burgueses y de los diarios y periodistas de la televisión que funcionan como voceros del capital.


Claro que no cayeron del aire. La familia de Adama, sobre todo su hermana Assa Traoré, constituyó un comité “Justicia por Adama” con decenas de militantes juveniles, barriales y de las diferentes variantes de la así llamada “izquierda de la izquierda”. Este Comité llevó adelante una actividad encarnizada por el castigo de los culpables y estuvo presente en centenares de reuniones de activistas, comités y coordinadoras. A partir de fines del 2018, confluyó con la presencia en la calle de los chalecos amarillos. La izquierda “institucional” y las confederaciones sindicales burocráticas estuvieron ausentes.



Estos sectores sufren la crisis capitalista en todas sus dimensiones, con el componente del racismo, del machismo, de la homofobia y de la xenofobia. El agravamiento de la crisis con el coronavirus se hace sentir particularmente en los barrios y en los jóvenes. En este momento, no tienen ninguna posibilidad de conseguir trabajo y decenas de miles quedaron al margen de la escolaridad. En Francia en el mes de abril la desocupación aumentó un 22,6 % (29,4 % entre los menos de 25 años) y llegó a la cifra inédita de 4,5 millones. Y la degradación continúa y está lejos de su punto álgido, que llegará en varios meses.


Contra Macron, contra el Estado


El enfrentamiento de jóvenes y militantes con la represión policial es un elemento constitutivo de las luchas populares hoy en Francia. La consigna “Todo el mundo odia a la policía” es coreada una y otra vez en las movilizaciones. La movilización del martes es un salto cualitativo y puede marcar un punto de viraje en la lucha de las masas contra el gobierno de Macron y la crisis capitalista.


El prefecto de París, Didier Lallement, había prohibido la movilización, que los organizadores por otra parte no habían avisado a la Prefectura. Esta ilegalidad es también significativa. El prefecto Lallement se hizo conocer como figura política en Burdeos, por su violenta represión de los chalecos amarillos. Fue nombrado en París a pedido expreso de Macron, para reemplazar al prefecto anterior que no se había mostrado capaz de impedir las manifestaciones de los chalecos. Desde su llegada a la capital, impuso nuevos y brutales medios de represión y declaró reiteradamente que su objetivo era desalojar a los chalecos de las calles por todos los medios posibles. Quedó identificado como una pieza clave del autoritarismo represivo del gobierno y de la utilización irrestricta de la policía contra los movimientos reivindicativos.


Lallement, representante del gobierno en París y responsable del “orden público”, se identifica con la represión como método de resolución de los conflictos sociales, y se identifica con los sindicatos policiales reaccionarios, que defienden la represión, niegan que haya brutalidad y llaman a los efectivos a comportarse como milicia que debe limpiar las calles de elementos violentos y facciosos. Estos sindicatos dicen en voz alta lo que ciertas fracciones de la burguesía y del gobierno comienzan a tramar en voz baja si la situación se desmadra: un gobierno de salvación nacional ante la crisis y las movilizaciones callejeras.


El conflicto obrero más significativo se concentra en los hospitales. El gobierno llamó a una parodia de negociación, llamada conferencia de Segur (por el nombre de la calle del Ministerio), con una participación multitudinaria para paralizar todo movimiento reivindicativo y dejar de lado el aumento de salarios a enfermeras y personal hospitalario. Sin embargo, en varios grandes hospitales parisinos y de la periferia -Tenon, La Pitié, Debré y otros- se organizan movilizaciones todos los jueves y se prepara una gran jornada nacional para el martes 16 de junio.


Al mismo tiempo, se han producido movilizaciones en Renault contra los planes de despido y una huelga está en curso en una de las plantas (Choisy-le Roi), también en la periferia parisina.


La burguesía y el gobierno tienen miedo que la manifestación por Adama sea el punto de partida de una ola de movilizaciones, que arrincone a Macron y plantee políticamente su caída. El domingo 28 de junio se completan las elecciones municipales y serán una derrota para los vapuleados candidatos de La República en Marcha. La crisis del capitalismo empuja a la población a la lucha y puede conjugarse con un derrumbe político. El movimiento obrero y les luchadores deben darle un contenido revolucionario y una permanente revisión del estado de fuerzas de la izquierda revolucionaria para darse los mejores instrumentos posibles de intervención.



 

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