06/03/1997 | 529

Francia: La ‘izquierda’ contra la democracia

La victoria del derechista Frente Nacional del ex torturador Jean Marie Le Pen en las elecciones municipales de una pequeña ciudad del sur de Francia ha dado lugar a una verdadera catarata de artículos sobre el ‘resurgimiento del fascismo’: desde los derechistas Financial Times o Le Monde hasta el trotskista Rouge, todos batieron el parche del ‘ascenso irresistible’ de la extrema derecha racista y xenófoba, frente al cual sería necesario unir a todos los ‘demócratas’.


Contra estas opiniones, en Prensa Obrera sostenemos que en Francia no existe ningún ascenso de la derecha; más aún, pensamos que el ‘peligro fascista’ es un invento de la izquierda capituladora para encubrir sus agachadas. Veamos porqué.


El Frente Nacional se ha impuesto en las elecciones municipales de Vitrolles, una localidad cercana a Marsella. Aunque éste es el cuarto municipio que conquista en la región, no puede decirse que una elección en la que votan apenas 15.000 personas esté indicando una tendencia nacional. Menos aún que esté indicando un ‘progreso’ de la derecha: el Frente Nacional acaba de obtener el 52% de los votos en Vitrolles… ¡cuando en esa localidad ya había logrado el 56% en las legislativas de 1993! Cuando se ven los números contantes y sonantes, el ‘ascenso irresistible’ de la extrema derecha es, en realidad, una caída del 4% en el lapso de cuatro años.


El candidato del Frente Nacional compitió en la segunda vuelta electoral con el candidato del PS. Para ‘agrandar’ la victoria derechista, la prensa remarca que el candidato socialista contó con el apoyo del partido gubernamental, los gaullistas de Chirac-Juppé. Pero no dice lo fundamental: el candidato socialista –y actual intendente– está acusado de corrupción y una parte de la base de su propio partido lo rechazaba. Como señala el periódico trotskista francés Lutte Ouvrière (14/2), «la dirección del PS ha facilitado la tarea del FN. Seguramente se podrían encontrar dentro del PS candidatos no corruptos. Pero la dirección prefirió el riesgo de perder antes que descartar a uno de sus notables». Son evidentes las limitaciones de esta victoria derechista para que sea la expresión de un ‘ascenso irresistible’ de los derechistas.


Hay que decir, además, que no basta con ser xenófobo, racista y ganar una elección para protagonizar un fenómeno fascista. Para que Le Pen encarne un peligro fascista real e inmediato para la clase obrera francesa serían necesarias dos condiciones, inexistentes en la actualidad. La primera, que lograse organizar y movilizar políticamente a la pequeñoburguesía contra los trabajadores y no sólo que recoja sus votos; la segunda, que contara con el respaldo del imperialismo francés y del imperialismo mundial. Le Pen no cuenta ni con lo uno ni con lo otro.


El imperialismo francés y el europeo están sólidamente emblocados detrás del ‘arco republicano’ gaullista-socialista que impulsa la ‘unión europea’, la moneda única, el desmantelamiento de la seguridad social. El imperialismo y sus agentes políticos –el ‘arco republicano’– son el enemigo fundamental de los trabajadores; cuando la ‘izquierda’ plantea que el ‘enemigo’ es Le Pen, embellece al imperialismo y se subordina a él.


El ‘arco republicano’ –y no Le Pen– es la auténtica y verdadera vanguardia de la reacción imperialista, como lo está demostrando la llamada ‘ley Debré’ que impulsa el gobierno de Chirac-Juppé. La ley, que está para su aprobación en el parlamento, establece brutales restricciones a la libertad de movimiento de los inmigrantes, que son puestos en una virtual ‘libertad condicional’ bajo la supervisión de la policía. En su defensa, el gobierno derechista argumentó –con plena razón– que la ley se limita a reglamentar el decreto de control de extranjeros que estableció Mitterrand en 1982. En otras palabras, Le Pen levanta contra los inmigrantes el programa reaccionario y derechista que viene aplicando el ‘arco republicano’ desde hace más de una década.


El fenómeno político de Francia no es el crecimiento de la derecha sino el ascenso de las masas. A partir de la huelga de los trabajadores de la Air France contra el gobierno de Balladour –en la que Prensa Obrera caracterizó que «el gobierno había capitulado ante los trabajadores»– comenzó un sistemático ascenso de las luchas obreras, populares y estudiantiles, que tuvieron su punto máximo en las grandes huelgas de fines de 1995. Le Monde (18/2), que los caracteriza como «conflictos explosivos y radicales», señala que «en 1995, los conflictos laborales se tradujeron en 6 millones de jornadas de huelga, comparados con un promedio de 1,1 millón por año entre 1982 y 1994». El nivel de actividad de las masas ¡quintuplica! todo lo que han hecho en los últimos quince años: ¡Este es el verdadero y decisivo fenómeno político de Francia!


En las últimas horas, este ascenso se está manifestando en las grandes movilizaciones de masas contra la ‘ley Debré’: el pasado sábado 22, una multitud de 200.000 personas manifestó en París contra la persecución a los inmigrantes. «Hace mucho tiempo que no sucedía algo semejante a lo visto ayer por las calles de la ciudad», relataba el corrresponsal de La Nación (23/2). Ahora, que la ley se está discutiendo en el parlamento, las manifestaciones continúan en la capital y se extienden al interior del país (Ambito Financiero, 26/2).


La gigantesca marcha parisina fue convocada por un grupo de artistas e intelectuales ante la abierta y declarada hostilidad de la ‘izquierda’. Así, en un informe redactado antes de la marcha, un corresponsal norteamericano señalaba que «aunque la manifestación promete ser una de las mayores en los últimos años, el líder del Partido Socialista, Lionel Jospin, planea estar en otro lado. Marc Blondel, dirigente de Force Ouvrière, una de las tres grandes centrales sindicales, también planea mantenerse al margen. Incluso los dirigentes del Partido Comunista son reticentes a aparecer abiertamente involucrados con la marcha» (International Herald Tribune, 22/2). Según el mismo corresponsal, «los partidos de izquierda parecen temer que su involucramiento (con la marcha) puede ayudar a desviar votos de los trabajadores a los brazos del Frente Nacional» (ídem). Con el ‘argumento’ de ‘combatir’ a Le Pen, el PS, el PC y la burocracia sindical capitulan ante el gobierno que ataca efectivamente a los inmigrantes, aplicando el programa racista de Le Pen.


Para quebrar a Le Pen no hay que ‘unir a los demócratas’, sino combatir a muerte al gobierno imperialista y al ‘arco republicano’ que lo sostiene.

En esta nota