Francia: los trabajadores en lucha van por más

La huelga del 28 de marzo dejó como saldo una radicalización de los planteos políticos y el desembarco definitivo de las protestas en todo el país.

Corresponsal.

La huelga del 28 de marzo representó un nuevo punto de apoyo en la lucha contra la reforma jubilatoria y contra el gobierno del presidente Emmanuel Macron. Esta jornada dejó como saldo una radicalización de los planteos políticos, un arraigo cada vez más fuerte de la solidaridad de la juventud con la huelga y el desembarco definitivo de las protestas en la totalidad de la extensión nacional, con cientos y hasta miles movilizados en cada pequeña ciudad y pueblo, incluso en aquellas que, en el pasado reciente, habían votado mayoritariamente por la ultraderecha. En la mayoría de las grandes ciudades, la concurrencia fue un poco inferior a la semana pasada, lo cual es esperable en luchas tan prolongadas, pero con reservas de fuerza y disposición a continuar intactas.

El reclamo contra la reforma jubilatoria se está transformando definitivamente en un reclamo contra el gobierno de Macron. En cada manifestación se escuchan los cantos por su renuncia. Quienes más conciencia tienen de esta situación son los representantes de la gran burguesía francesa. El periódico insignia de la derecha imperialista gala, Le Figaro, ha publicado sendos editoriales y emisiones especiales donde, a la par de los ataques contra los manifestantes, ponen de relieve sus reservas sobre el accionar del presidente.

Su editor insiste desde la semana pasada en que la situación se ha salido de control, señalando lo obvio: que el decretazo de Macron para imponer la reforma jubilatoria sin los votos necesarios y la clausura del debate parlamentario avivaron las llamas de la rebelión, y hasta brindaron una “excusa” a los manifestantes para ejercer una “violencia” superior. La verdadera violencia, por supuesto, no viene de quienes pelean por sus derechos, sino del Estado y sus fuerzas represivas, que ya se anotan cientos de detenciones arbitrarias.

Pero la burguesía francesa, hablando con la boca de Le Figaro, va más allá, y le recomienda a Macron imitar los gestos de “grandeza” de presidentes franceses como Jacques Chirac, que retiraron medidas de gobierno al quedar constatada su impopularidad. Estos sacrificios serían válidos –plantean- en aras de defender las instituciones contra las “minorías” que quieren transformar la situación en un nuevo “Mayo del 68, o en un 1848, o en un… 1789”, todos años de grandes gestas revolucionarias.

Por esto, en caso de que Macron no retroceda, ni que tampoco se logren poner en marcha otros recursos de emergencia del régimen –como un veto de inconstitucionalidad de la corte suprema-, un sector de la burguesía amaga con un apoyo a la oposición de Macron. Esto quedó plasmado en la votación de censura en el parlamento, el lunes 20, cuando parte del bloque parlamentario que formó gobierno con Macron apoyó la moción de la centroizquierda. De triunfar, esta hubiese implicado la caída de la primer ministro y virtualmente la del presidente.

La burguesía se reserva la carta de un rescate que ponga en pie un gobierno de unidad nacional, y hasta reaviva los sondeos en favor del jefe parlamentario del Partido Socialista, un partido muy desprestigiado entre su histórica base popular. Una formación de este tipo no podría ser posible sin los votos y el acuerdo del Nupes de Jean-Luc Mélenchon. Este último, por su parte, aspira a ser él mismo quien encabece un posible relevo, y ya ha dado señales de ceder ante el reclamo de incorporar a todos los sectores. La perspectiva del Nupes, que podría ser apoyada por la burguesía como último recurso ante la quiebra del régimen, es la idea de un frente popular sin límites a la derecha, con los partidos capitalistas que gobiernan y gobernaron Francia en las últimas seis décadas.

Para evitar estas trampas contra el movimiento de lucha, es necesario impulsar hasta el final el paro y todas las instancias de coordinación y auto organización por la huelga general “ilimitada” -indefinida. Este reclamo es especialmente valioso dirigido hacia las centrales obreras, cuyas direcciones burocráticas son las responsables de bloquear un desarrollo aún mayor del movimiento, que tiene la fuerza de parar por completo el país e imponer sus demandas.

En vez de eso, la Intersindical actúa como bombero del gobierno y hasta reclama una mediación. En el reciente congreso de la CGT, delegados combativos plantearon la necesidad de extender la huelga y rechazar cualquier componenda mientras la gente siga en la calle.

Más que nunca importa plantear, junto con el retiro del proyecto de reforma jubilatoria, las consignas y reclamos que motorizan cada lugar de trabajo, y el eje orientador de la responsabilidad política. El “Fuera Macron” (el “Macron Démission” en los cantos de los huelguistas) concentra la perspectiva de acabar con el régimen de austeridad al servicio de la Troika europea (Comisión Europea, Banco Central Europeo, FMI), poner fin al despotismo de la V° República y hacer posible una salida de otra clase. El fermento revolucionario está en el aire.

https://prensaobrera.com/internacionales/crisis-politica-en-israel-netanyahu-pone-en-pausa-su-reforma