11/04/2002 | 749

Fuera el ejército israelí de los Territorios Ocupados

Después de dos semanas de masacres, el Estado sionista sigue adelante con la invasión de los territorios palestinos haciendo uso indiscriminado de todos los métodos de terror de masas.


¿»Misión de paz»?


El «llamado» de Bush a Israel a «comenzar el retiro» de los territorios ocupados no es una «propuesta de paz» sino un tiempo adicional necesario para terminar la masacre.


Por el mismo motivo, la «gira de paz» de Powell tardará más de una semana en llegar a Jerusalén. Incluso está en duda que el canciller norteamericano se reúna con Arafat.


Estados Unidos sigue respaldando a muerte al sionismo. Para el Pentágono y la CIA, la invasión de Sharon a los territorios es una parte inseparable de la «guerra contra el terrorismo»: según el Pentágono, «la Autoridad Palestina debe ser tratada del mismo modo que el régimen talibán porque alberga y protege a los terroristas» (Financial Times, 6/4).


Después del 11 de septiembre, Arafat apoyó la «cruzada antiterrorista» de Bush y el imperialismo norteamericano. ¿Qué obtuvo a cambio? La invasión de los territorios y la destrucción de la Autoridad Palestina.


La traición de los regímenes árabes


Las clases dominantes árabes han vuelto a traicionar la causa palestina. Los dirigentes árabes temen más a la rebelión de sus propias masas populares que a la catástrofe impuesta por el sionismo y el imperialismo en Palestina y en todo Medio Oriente.


Las manifestaciones de masas en repudio a la invasión y a la cobardía de sus propios gobiernos frente a los sionistas que tuvieron lugar en Egipto, Jordania y el Líbano terminaron, en la mayoría de los casos, con choques con las fuerzas represivas. La heroica resistencia palestina refuerza la lucha por la emancipación nacional y social en todo Medio Oriente.


¿Una fuerza internacional de intervención?


De una manera creciente, los más calificados voceros imperialistas *entre los que se cuentan, entre otros, Zbigniew Brzezinski, Thomas Friedman y Robert Molley en los Estados Unidos y The Economist y Financial Times en Gran Bretaña* comienzan a reclamar una «fuerza internacional de intervención» comandada por Estados Unidos para «separar» a palestinos e israelíes. Es decir, plantean convertir al Medio Oriente en un nuevo Kosovo. Semejante fuerza se calcula en no menos de 20.000 hombres. Crearía todas las condiciones políticas necesarias para asegurar un frente único mundial para acabar con Irak.


La dirección palestina respalda el emplazamiento de «tropas internacionales». También lo hacen los socialistas y comunistas europeos y hasta el Secretariado Unificado, impropiamente llamado de la IVInternacional.


Una intervención norteamericana, sin embargo, es vista con aprensión por el sionismo y el Pentágono, porque implicaría un debilitamiento político y estratégico del ejército sionista en todo Medio Oriente. Para los sionistas, la tarea de aplastar a los palestinos y defender sus fronteras debe recaer, e xclusivamente, en sus propias fuerzas. De todos modos, esa experiencia ya tuvo lugar en la época del mandato británico en Palestina (1917/1948) y terminó en el más completo fracaso.


Fuera las tropas sionistas de los Territorios Ocupados


La bárbara «limpieza étnica» sionista de los territorios palestinos no sólo enfrenta la heroica resistencia de los militantes palestinos y las movilizaciones populares en todo el mundo árabe, sino también un creciente movimiento de repudio en Israel y la deserción, también creciente, de soldados y oficiales del ejército sionista (ver aparte).


Hay que movilizarse a fondo por el inmediato retiro de las tropas y colonos sionistas de los territorios ocupados, por la defensa incondicional y la victoria del levantamiento nacional palestino, por la defensa de la Autoridad Palestina y del propio Arafat atacados por los sionistas (sin ningún apoyo a su política proimperialista y a sus desastrosas consecuencias para el pueblo palestino), por la liberación de todos los presos palestinos detenidos en campos militares sionistas y la de los soldados y oficiales israelíes detenidos por negarse a participar en la masacre, por el derecho al retorno incondicional de los refugiados palestinos. No a la «fuerza de interposición» del Petágono; sí a la movilización revolucionaria internacional por el retiro de las tropas sionistas.

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