elecciones en Brasil

Ganó Bolsonaro: El avance de la derecha no puede ser frenado con una política que postergue la lucha obrera y popular

Primera aproximación a un balance.

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Lula y Jair Bolsonaro

El presidente de Brasil, Lula da Silva, reconoció ayer mismo que había perdido las elecciones de este domingo 4. El Tribunal Electoral ha informado que ganó la lista de Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente golpista Jair Bolsonaro -que está preso por intento de golpe de Estado- contra el frente amplio que constituyó el Partido de los Trabajadores con Geraldo Alckmin (PSB), uno de los referentes más destacados de la burguesía liberal, por casi 2 puntos (47,05 a 45,14 %), habiendo sido escrutadas más del 99 % de las mesas. Esto ha invertido muchas encuestas realizadas que pronosticaron, exactamente, al revés: que ganaría Lula por un margen similar.

Como Bolsonaro no llegó a alcanzar el 50 % más 1, se deberá ir a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados (Bolsonaro y Lula), que se realizará en tres semanas, el domingo 25 de octubre. Así como están las cosas, el pronóstico general que hacen los analistas es que ganaría Flávio Bolsonaro; las tres listas que sacaron la mayoría del 8 % restante de los votos son derechistas y seguramente se pronunciarán a favor del voto a la lista de ultraderecha.

Al mismo tiempo, la derecha bolsonarista avanzó en el Senado (siendo incluso elegidos la esposa de Jair Bolsonaro y Carlos, uno de sus hijos). Y también en la Cámara de Diputados. Los cómputos indican, también, que la mayoría de los gobernadores que está siendo electa pertenece también a diversas fracciones derechistas, particularmente en los Estados más importantes: San Pablo, donde el actual gobernador Tarcísio de Freitas, del partido derechista Republicanos, ha sido reelegido con casi el 63 % contra 36 % de los votos para Fernando Haddad (mano derecha de Lula, exministro de Economía que renunció para presentarse como candidato), Minas Gerais, Río de Janeiro y otros.

Se trata de un claro giro a la derecha, alentado por la intervención directa de Trump y su canciller Marco Rubio, que viene impulsando una campaña continental para alinear a toda América Latina detrás del guerrerismo yanqui.

La abstención se mantuvo en niveles “normales” del 20 %.

Un peligro que venimos denunciando en las notas que fuimos publicando en prensaobrera.com y la revista En Defensa del Marxismo

En los casi cuatro años de gobierno, Lula no ha encarado la resolución de los problemas que acucian a las masas. El dominio de una burocracia sindical del PT sobre las centrales obreras ha paralizado la movilización de las masas trabajadoras por sus reivindicaciones. Siguen plenamente vivas y coleando las reformas laborales y previsionales impuestas por los gobiernos derechistas de Temer y Bolsonaro. Bajo el gobierno del frente de Lula con la burguesía liberal, el salario obrero se ha visto sumergido por un crecimiento del costo de los alimentos y las tarifas (igual que en la Argentina de Milei), lo que ha llevado a que el 80 % de las familias esté endeudada para parar la olla familiar y tratar de llegar a fin de mes (también igual que en la Argentina mileísta). Viendo el retroceso preelectoral, Lula intentó, a último momento, realizar modificaciones cosméticas: subió un subsidio a los trabajadores desocupados, precarizados y pobres (Bolsa Família) que estuvo tres años congelado en un 15 % (unos 30 mil pesos argentinos) y que recién se cobraría, ahora, después de esta primera vuelta electoral; también prohibió los juegos de azar que se hacen por medios electrónicos (insinuando directamente que las familias pobres no llegaban a fin de mes por esa causa) y hasta impulsó casi una “guerra religiosa” entre católicos y evangélicos.

No fue capaz, siquiera, de sacar la ley que beneficiaba a unos 15 millones de trabajadores, que derogaba el 6 x 1 (6 días de trabajo por uno de descanso) reemplazándolo por el 5 x 2, dejando la sanción de la misma en acuerdos con las bancadas derechistas.

Bolsonaro y la derecha explotaron el desencanto en las masas con el incumplimiento de las promesas electorales que hizo Lula en las elecciones del 2022 para mejorar su situación, que, por el contrario, siguieron retrocediendo en sus condiciones de vida. Explotó la necesidad de un “cambio” y se apoyó abiertamente en el gobierno norteamericano de Trump. Bolsonaro prometió eliminar la corrupción existente, bajar los gastos del Estado y obtener favores (reducción de los aranceles que impusieron Trump y Rubio a las exportaciones brasileñas, lluvia de inversiones norteamericanas que crearían nuevas fuentes de trabajo, etc.) del imperialismo que impulsarían un mayor desarrollo nacional.

El peronismo ha asumido el apoyo directo a la política de Lula. El diario Página 12 ha sacado, este domingo por la mañana, la foto de Massa y Lula abrazados. Efectivamente, es la misma política de ajuste que llevó adelante Massa y el peronismo en la Argentina y que llevó al triunfo a la derecha.

La economía de Brasil está atravesando una crisis, maquillada electoralmente. El déficit del presupuesto llega casi al 10 % del PBI y su deuda pública al 88 %, con altas tasas de interés.

Gane Bolsonaro o gane Lula en la segunda vuelta, están preparando fuertes planes de ajuste contra el pueblo, para que este pague la crisis y se siga pagando la usura de los tenedores de la deuda, en gran parte, la propia gran burguesía brasileña (“aliada” a Lula o Bolsonaro).

Los trabajadores de Brasil deben sacar su balance y prepararse para enfrentar esta oleada de hambre y ajuste que se piensa descargar a través del gobierno que surja en las elecciones del 25 de octubre. Los trabajadores de la Argentina, también, debemos sacar las conclusiones: el colaboracionismo del peronismo y de la burocracia sindical con Milei no detendrá los ajustes y los ataques contra el pueblo, tenemos que organizar la resistencia en forma independiente y construir una alternativa de izquierda y socialista a esta destrucción capitalista contra los pueblos.

El Partido Obrero llama a enfrentar al bolsonarismo y la injerencia imperialista con la movilización independiente de los trabajadores. La lucha por salarios, jubilaciones y la precarización y el trabajo esclavo exige romper con el ajuste y el poder de los acreedores y de la clase capitalista y con la subordinación y ataduras de los sindicatos y centrales obreras con el Estado, el PT y los partidos patronales.

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