25/04/2002 | 751

Genocidio en Palestina

Sólo un cómplice o un hipócrita puede calificar como «sucesos» o como «tragedia humana» lo que fue una masacre premeditada contra la población civil palestina.


En el campo de Jenin, un gheto de 1 kilómetro cuadrado, donde vivían 15.000 refugiados, la mayoría expulsados de sus tierras y viviendas por Israel después de la guerra de 1948, fueron destruidas hasta los cimientos más de 5.000 viviendas. La zona central del campo, la más superpoblada, quedó reducida a un baldío de escombros debajo de los cuales han quedado atrapados cientos de cadáveres. Las viviendas, y sus ocupantes, fueron bombardeados con misiles disparados desde helicópteros Cobra y Apache (norteamericanos), tanques y los brutalmente destructivos cañones antiaéreos, que disparan 3.000 proyectiles por minuto y están diseñados para alcanzar objetivos blindados a más de 3 kilómetros de distancia. ¡Estas armas fueron empleadas contra casas construidas con ladrillos huecos, a menos de 200 metros de distancia! Lo que quedó en pie después del bombardeo fue arrasado con las topadoras (bulldozers) blindadas del Ejército israelí. Los testigos afirman haber visto cómo estas topadoras arrastraban indistintamente escombros y cuerpos. La prensa y los socorristas que lograron entrar en Jenin después de la masacre hacen hincapié en el fétido olor de cadáveres descompuestos que emana de las ruinas, en las que quedaron atrapados cientos de palestinos.


Los que trataban de escapar fueron asesinados por francotiradores. Los cadáveres están diseminados por todo el campo. Los heridos fueron dejados desangrar sobre el terreno porque se impidió el acceso de ambulancias y médicos. Al día de hoy, todavía no se permite el acceso de alimentos ni medicinas; los sobrevivientes viven a la intemperie. Varios centenares de palestinos fueron detenidos y enviados a campos de concentración, donde permanecen como desaparecidos ya que no se han suministrado sus nombres. Hay testimonios de fusilamientos y asesinatos a sangre fría: varios cadáveres han sido hallados con las manos atadas a la espalda y balazos en la nuca.


¿Esta masacre puede ser calificada como un «suceso» o como una «tragedia»?


La propia calificación deja ver que la «comisión investigadora» de la ONU es trucha; fue aceptada por Estados Unidos y hasta por el gobierno de criminales de guerra de Sharon. Las tropas sionistas siguen ocupando los territorios y bloquean el acceso a las ciudades y campos palestinos, algo que la ONU sencillamente pasa por alto. El mentado «retiro» sionista no es más que un show para la CNN: «En los territorios, las tropas y los tanques ya no se ven pero están», dice un refugiado. Bloquean el acceso a las ciudades, impiden la salida de personas y la entrada de alimentos, socorristas y equipos de rescate. ¡La remoción de los escombros se está haciendo a mano porque los sionistas impiden el acceso de maquinaria!


Sabra y Chatila, Sarajevo, Srebrnica, Ruanda, Afganistán, y ahora Jenin: la ONU y el imperialismo mundial tienen las manos manchadas de sangre de las miles de víctimas de cada uno de estos «sucesos».


«La infraestructura terrorista»


Según Sharon, la ofensiva sionista contra las ciudades y campos de refugiados palestinos tuvo como objeto «destruir la infraestructura terrorista». Para Bush, Israel ejercía «una legítima autodefensa».


Sin embargo, uno de los más importantes objetivos de la ofensiva israelí sobre la ciudad de Ramallan, dice el corresponsal de El País (22/4), fue la «destrucción científica y sistemática de todos los registros y archivos de la administración pública». Entre estos archivos, fue destruido uno muy particular: los registros de la Cámara Urbana y de la Propiedad, donde estaban almacenados los documentos que certificaban la propiedad de cada una de las casas y las fincas de Ramallan. El archivo había comenzado a organizarse hace 140 años, bajo la dominación del Imperio turco, y había sobrevivido hasta nuestros días. También han sido destruidos los registros educativos (más de un millón de fichas de estudiantes de los tres niveles), de los automotores, y hasta los registros de identidad de las personas.


Sin los documentos que destruyó, de manera «científica y sistemática», el Ejército sionista, ningún palestino podrá acreditar la propiedad de su casa (de las que en muchos casos sólo quedan las ruinas), o de su finca, o de su automóvil o hasta su propia identidad, lo que es un anticipo de su expulsión.

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