20/02/1997 | 528

Hay un cambio de etapa a nivel mundial

En las últimas semanas, grandes movilizaciones políticas y huelgas de masas andan derribando gobiernos en todo el mundo: en Ecuador, voltearon a Bucaram; en Bulgaria, obligaron a los stalinistas ‘reconvertidos’ a convocar a elecciones anticipadas; en Albania y en Yugoslavia, los regímenes están bajo el sitio de las movilizaciones.


Aunque la opinión pública burguesa pretenda negarlo, las movilizaciones en el Este y en el Oeste tienen un contenido común: el levantamiento de los explotados contra los gobiernos fondomonetaristas y sus corruptelas. Las masas se levantan contra la ‘última’ panacea del FMI, los planes de ‘convertibilidad’. El intento de aplicarlo en Ecuador llevó a la caída de Bucaram; el intento de hacerlo en Bulgaria lleva a la caída de los stalinistas. Al borde de la catástrofe, los países bálticos (que ya lo habían aplicado) anunciaron su apresurado abandono.


La razón por la cual el imperialismo pretende imponer ‘planes Cavallo’ en todo el mundo es la necesidad de proceder a su propio salvataje. Se busca el tipo de cambio fijo para dar la seguridad a sus negocios especulativos. En su necesidad de promover nuevos negocios especulativos y de darles una salida a sus exportaciones, el imperialismo está llevando al estallido a los países atrasados.


Las masas se levantan contra los gobiernos fondomonetaristas. Frente a este movimiento de conjunto, los márgenes de arbitraje del imperialismo aparecen limitados a un recambio de personal en el cuadro de los mismos regímenes: en Bulgaria, los derechistas reemplazarían a los stalinistas; en Albania, los stalinistas a los derechistas; en Ecuador, los derechistas reeemplazaron a los derechistas; la misma perspectiva ofrece Yugoslavia.


Las direcciones que se encuentran a la cabeza de las masas no son esencialmente diferentes de los gobiernos que las masas quieren derrocar; ni siquiera son direcciones, pues se trata de grupos improvisados por la propia crisis. No son una expresión, siquiera, del movimiento de las masas; se limitan a usurpar el vacío político existente. El carácter circunstancial y episódico de las direcciones asegura una tendencia hacia situaciones revolucionarias y revoluciones.


Estas manifestaciones políticas de masas significan que empezamos a asistir a un giro en la situación mundial. En Alemania, el parate económico y la desocupación récord están planteando una crisis política. La situación alemana se deteriora. Rusia está engendrando una enorme rebelión popular (que ya se ha expresado en numerosas huelgas). La ‘unidad monetaria’ europea agudiza los choques entre los gobiernos de Europa y entre éstos y Estados Unidos; en los bancos de Japón, en las bolsas del Lejano Oriente y en los mercados monetarios mundiales se incuba una catástrofe financiera internacional. En Bélgica y en Corea se registran movilizaciones obreras y populares que, también, plantean la perspectiva de crisis políticas todavía mucho más explosivas.


Salta a la vista que nos encontramos en una etapa de plena y acelerada reversión del ángulo político dominante inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín: el ‘triunfo definitivo’ del capitalismo y la iniciativa política del imperialismo aparecen, hoy por hoy, como un recuerdo del pasado. Las masas explotadas han comenzado a aparecer en las escena política y, aunque todavía no imponen su salida a la crisis, están comenzando a voltear a los que pretenden imponer salidas en su contra. Este nuevo ángulo político tiñe toda la escena mundial.

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