02/05/2021

Huelga general y rebelión popular en Colombia

Cae la reforma tributaria. Duque en la picota.

El paro general del 28 y el 29 de abril, contra el proyecto de ley que establece una reforma tributaria regresiva, se extendió durante los días 30 de abril y 1 de mayo. Se transformó, de esta manera, en una huelga general y en una rebelión popular con movilizaciones, cacerolazos y combates callejeros contra las fuerzas represivas.

El alcance de las medidas de fuerza, convocadas por el por el Comité Nacional de Paro que nuclea a las centrales sindicales (CUT, CGT y CTC), empujaron a un primer recule del presidente de Iván Duque. En la noche del viernes 30 el gobierno anunció una modificación del proyecto, retirando del mismo la ampliación de la base de contribuyentes al impuesto de la renta y el aumento del IVA a bienes y servicios. Sin embargo, las masas, ya lanzadas al combate, fueron por el retiro integral del proyecto de reforma tributaria. El 1 de mayo, día internacional de la clase obrera, la rebelión se extendía a lo largo y a lo ancho del país y tomaba un nuevo impulso con movilizaciones de masas. Además de las manifestaciones en la capital Bogotá, que se dirigieron a la Plaza de Bolívar, cercana a la sede del Poder Ejecutivo, y a la casa del presidente Duque, hubo marchas masivas en Barranquilla, en Medellín, en Cali y Neiva. Por la tarde, las organizaciones campesinas anunciaban que se sumaban a la protesta (ContagioRadio, 1/5).

Finalmente, el domingo 2 de mayo el gobierno se veía obligado a retirar totalmente el proyecto de reforma.

Ante el desarrollo y la extensión de la rebelión contra la reforma tributaria, el gobierno desató una brutal represión que arrojó un saldo de numerosas víctimas fatales. Organizaciones de derechos humanos y parlamentarios de la oposición han denunciado en redes sociales y comunicados que “los homicidios por impactos de armas de fuego podrían ascender a 14 y se dieron en medio de abusos de la fuerza pública” (Télam, 1/5). Sin embargo, las víctimas fatales podrían ser muchísimas más. El sábado por la noche, el gobierno determinó la salida del Ejército a las calles en las principales ciudades del país, ante la incapacidad de las fuerzas policiales de dispersar a las masas en lucha. El expresidente Álvaro Uribe, perteneciente a la misma fuerza política que Duque, reivindicó a través de su cuenta de Twitter el «derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad».

 

Cuestión de fondo

Con la reforma tributaria, el gobierno pretendía afrontar un cuadro de quebranto estatal. Sucede que Colombia, la cuarta economía de América Latina, tuvo un déficit fiscal del 7,8% en 2020, su peor desempeño en medio siglo. Y según lo indicó el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla podría ascender al 8,6% en 2021 (El País, 16/4). Con la reforma original presentada por Duque, el gobierno aspiraba a recaudar unos 28 billones de pesos (6.300 millones de dólares) entre 2022 y 2031, a costa de los bolsillos de los trabajadores y el pueblo colombianos. De los $28 billones que se pretendían recaudar con la reforma tributaria original, el 87% lo ponían los trabajadores y solo el 13% restante los sectores capitalistas. Esto, en un cuadro donde la pobreza ya golpea al 42,5% de la población colombiana. En 2019, cuando se produjeron los grandes paros y movilizaciones contra la reforma laboral y previsional, había 17,4 millones de pobres. En la actualidad hay 21 millones de colombianos sumergidos en la pobreza.

A todo este cuadro de crisis social, hay que sumarle el cuadro de colapso sanitario. Colombia atraviesa ya una tercera ola de contagios. Los hospitales se encuentran al borde del colapso y el personal de salud agotado. Colombia acumula más de 2,8 millones de contagios y casi 74.000 fallecidos. De esta manera, se ubica como el cuarto país con más contagios y el quinto con más muertes de América Latina y el Caribe en proporción a su población.

Perspectiva

El recule del gobierno, retirando el proyecto de reforma tributaria, ha significado un “empoderamiento” de los trabajadores y el pueblo colombianos. La derrota total de la reforma tributaria deja planteada la lucha por la caída del gobierno asesino de Iván Duque y por el juicio y castigo a todos los responsables de los crímenes contra el pueblo. La clave pasa por darle continuidad a la huelga general, en oposición a cualquier política de tregua y de convocatorias espaciadas, como plantea el Comité Nacional de Paro. Un congreso de todas las organizaciones sindicales, estudiantiles y campesinas sería un factor decisivo para centralizar la lucha y profundizar la huelga general, para echar a Duque y por el conjunto de las reivindicaciones inmediatas de las masas.

La rebelión popular en Colombia, luego de la reciente rebelión en Paraguay, representa un nuevo llamado de atención para la izquierda revolucionaria y el movimiento obrero combativo de América Latina. La convocatoria a una segunda Conferencia latinoamericana y de los EE.UU. es a esta altura una necesidad imperiosa. Hay que intervenir decididamente en la nueva ola de rebeliones populares que ya está en curso.