10/09/1999 | 641

«Impidamos la ejecución de Ocalam»

Abdullah Ocalam, dirigente del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), que desde 1984 ha venido librando una guerra de guerrillas por la libertad del oprimido pueblo kurdo, ha sido sentenciado a muerte por una Corte de Seguridad del Estado turco el 29 de junio de 1999, precisamente en el aniversario de la ejecución de Sheik Said y sus compañeros de combate al finalizar el primer levantamiento nacional kurdo bajo la república turca, en 1925. Hasta los símbolos de esta fecha hablan por sí mismos.


No estamos enfrentando la condena a una sola persona, hallada culpable de los cargos de separatismo y traición, sino una declaración de guerra de parte del sistema opresor del Estado turco contra la dignidad y el honor del pueblo kurdo. Ocalam es el dirigente de un movimiento guerrillero apoyado por millones de kurdos dentro de Turquía y en la diáspora de Europa Occidental, que goza además de la simpatía de muchos de los kurdos de Iraq, Irán y Siria. La condena es, más que nada, un insulto al pueblo kurdo, en la medida en que el propio Ocalam, en su defensa, propuso, en términos inevitablemente controvertidos para los revolucionarios, el desarme del PKK a cambio de paz y fraternidad entre los dos pueblos bajo una república democrática que reconocería los derechos culturales y democráticos de los kurdos.


El procedimiento legal está todavía en sus primeras etapas, dependiendo la decisión final de la Corte de Apelaciones, del parlamento turco y del presidente de la república y posiblemente también de la Corte Europea de Derechos Humanos. Bajo condiciones normales, todo el procedimiento debería durar al menos varios meses. Sin embargo, es posible que el Estado turco fuerce el ritmo de los acontecimientos y envíe a Ocalam a los verdugos más rápidamente.


Es, por cierto, muy apresurado decir si el Estado turco seguirá adelante y ejecutará a Ocalam. Hay una clara y casi unánime presión de las instituciones y gobiernos europeos sobre Turquía para conmutar la sentencia (el imperialismo norteamericano, por otra parte, ha callado ominosamente sobre el veredicto y, en general, apoya al gobierno turco). La opinión burguesa en la propia Turquía está muy dividida y desorientada, con algunos halcones que plantean incluso el «encarcelamiento de por vida» y un «reconocimiento de la identidad kurda». Debe enfatizarse, sin embargo, que en respuesta a los ofrecimientos de Ocalam, el presidente, el primer ministro y, los más destacados altos mandos de las fuerzas armadas, en declaraciones por separado, rechazaron explícitamente cualquier tipo de solución política, llegando incluso a negar la existencia de la cuestión kurda. Y dado el estado de histeria chovinista que ha atenazado al país y la composición del parlamento, con el partido fascista como segunda fuerza política, compartiendo el poder en una coalición gubernamental, es difícil imaginar que la decisión sea revisada.


Sin considerar las críticas que uno pueda tener sobre la forma y el contenido de las propuestas de Ocalam durante el juicio, consideramos una tarea urgente de los marxistas revolucionarios unirnos a la lucha de las masas kurdas para detener la ejecución de Ocalam y por el reconocimiento de todos los derechos de este pueblo oprimido, en esta difícil particular coyuntura de su lucha por la emancipación. La solidaridad brindada por los marxistas revolucionarios fortalecerá seguramente la posición de aquellos que en el movimiento kurdo buscan combinar la lucha nacional con la liberación social sobre la base de una alianza de los obreros y los campesinos pobres. No debe olvidarse nunca que desde noviembre, cuando Ocalam llegó a Italia, la cuestión kurda ha sido definitivamente internacionalizada, y que los gobiernos imperialistas, en primer lugar los Estados Unidos, con la complicidad del Estado turco, colaboraron en la detención de Ocalam, cargando con toda la responsabilidad por su posible asesinato.


El objetivo final debe ser, por supuesto, obtener la liberación de Ocalam, considerado por millones de kurdos como su líder, y crear las condiciones bajo las cuales el pueblo kurdo pueda decidir libremente su propio futuro.


  • ¡Libertad a Ocalam!
  • ¡Inmediata apertura de negociaciones de paz!
  • ¡Autodeterminación para los kurdos!


30 de junio de 1999

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