India: recrudecen las masacres contra musulmanes del gobierno de Modi

La visita de Donald Trump a la India coincidió con una ola de ataques criminales de las bandas supremacistas hindúes contra integrantes de la comunidad musulmana. En total, hay 29 muertos por la violencia sectaria de estos días.


Los hechos comenzaron cuando integrantes de estos grupos atacaron los barrios de población musulmana de Nueva Delhi y los campamentos de quienes se vienen manifestando contra una ley discriminatoria que permite el ingreso de inmigrantes de algunos países vecinos siempre y cuando no sean musulmanes. La minoría musulmana abarca a 200 millones de personas. El 90% de sus integrantes son pobres y la mayor parte de ellos analfabetos (El País, 26/2).


Los agresores han incendiado mezquitas y casas al grito de “India para los hindúes” (ídem), bajo la mirada cómplice de las fuerzas policiales que responden al gobierno federal. No es correcto hablar de enfrentamientos, los manifestantes y la población musulmana simplemente se defienden como pueden de ataques de bandas paraestatales. Las mismas bandas que atacan hoy son las que irrumpieron recientemente en los campus universitarios para atacar a los estudiantes.


La responsabilidad del poder político es completa. Días antes de los hechos, un dirigente del partido de gobierno (el hinduista BJP), Kapil Mishra, había amenazado por redes sociales a los manifestantes con represalias si no deponían las protestas. Previamente, durante la campaña electoral en la capital, referentes del mismo partido habían llamado a atacar los campamentos.


El gobierno de Narendra Modi agita intencionalmente la violencia sectaria, como parte de una política de división de las masas trabajadoras y de reforzamiento de un régimen represivo. En agosto pasado, eliminó la autonomía de la parte de Cachemira que administra su país y militarizó la zona, de mayoría musulmana, reabriendo de paso la posibilidad de un nuevo conflicto armado con Pakistán.


Además de la enmienda discriminatoria en la ley de ciudadanía, Modi alienta un exigente registro de ciudadanos que podría dejar en el limbo y bajo riesgo de deportación a cientos de miles de musulmanes.


Los violentos pogroms de las bandas que abrevan en la hinduvta no tenían un alcance tan sangriento desde 1992, cuando estos grupos incendiaron la mezquita de Ayodhya y se desató una ola de violencia sectaria con más de 2 mil víctimas. Recientemente, cabe señalar, la justicia autorizó la construcción de un templo hindú sobre las ruinas de dicha mezquita, inflamando las tensiones en la región.


Trump brindó su apoyo a este régimen criminal en su intervención ante una multitud en un estadio de cricket en Ahmedabad, estado de Gujarat, en el noreste del país. Las buenas migas del magnate con el presidente indio responden al intento de cercar a China, en medio de la guerra comercial. India viene desarrollando una política de privatizaciones y apertura al capital extranjero. Como parte de la gira, Modi se comprometió a comprar material armamentístico yanqui por 2 mil millones de dólares. Frente a estos movimientos, China se recuesta en Pakistán.


No obstante este acercamiento entre Trump y Modi, Estados Unidos ha impuesto una serie de aranceles adicionales sobre el país asiático. Washington presiona también por mayor acceso para sus productos lácteos y avícolas en el país.


El gobierno de Modi y el imperialismo están produciendo una peligrosa inflamación de las tensiones sectarias y geopolíticas. Colocan a la región en la perspectiva de nuevas masacres y guerras.


Es necesario detenerlos.