Internacionales

15/12/2022

Irán: un nuevo condenado a la horca por defender los derechos de las mujeres

Desarrollemos la más amplia solidaridad internacional contra estas atrocidades

Amir Nasr-Azadani

Esta semana se conoció la condena de muerte del exfutbolista Amir Nasr-Azadani, de 26 años, por haber apoyado las protestas en defensa de los derechos de las mujeres en medio de la rebelión popular que desató en Irán el femicidio de Mahsa Amani por parte de la policía de la moral. Amini era una mujer kurda iraní de 22 años que el pasado 16 de septiembre fue detenida por parte de la “policía de la moral” por llevar mal puesto el HIYAB (velo islámico) y asesinada bajo su custodia.

La acusación es por “enemistad con Dios”, tipificado por la teocracia que gobierna el país como un crimen que se pena con la ejecución en la horca. La misma condena que ya aplicaron contra otros dos activistas en lo que va de diciembre. Se trata de el joven Mohsen Shekari y el luchador Majidreza Rahnavard, ambos de 23 años y ahorcados en la ciudad de Mashad por el régimen de Irán, sobre la base de confesiones forzadas, sin derecho a defensa legítima. Habría al menos otras diez personas que enfrentan la misma condena por participar de las movilizaciones contra el gobierno, en las que mayormente mujeres, estudiantes universitarios y alumnas de escuela retiraron su velo en público y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad.

Según la justicia iraní, más de dos mil personas fueron imputadas y Amnistía Internacional denunció que al menos 28 personas, entre ellas tres menores, podrían ser ejecutadas en el país en relación con la rebelión en curso. Aparte de las condenas y los juicios truchos, se calcula que la represión gubernamental (estatal y paraestatal) ya provocó al menos unos 500 muertos, entre ellos 63 niños.

La ofensiva criminal del régimen de Irán expresa la desesperada tentativa gubernamental por quebrar mediante el terror las incesantes movilizaciones que están teniendo lugar en aquel país. La huelga, las protestas y las movilizaciones no han cesado durante estos tres meses a pesar de la brutal represión policial.

La rebelión que se desató en defensa de las mujeres enfrenta a un régimen brutalmente opresivo, donde la precarización laboral, la inflación y la pobreza están haciendo estragos sobre el conjunto de la clase obrera. La bronca y la voluntad de lucha contra la teocracia que gobierna animan el espíritu de rebeldía que recorre al país y que el gobierno quiere desafiar con la peor de las amenazas: linchamientos y ahorcamientos públicos.

Que el punto inicial haya sido la bronca popular por el asesinato de Mahsa Amini muestra a un pueblo que nada tiene que ver con la situación de extrema violencia y discriminación que sufren las mujeres, y que ésta no obedece a “pautas culturales” de una población no occidental. Más bien es la cultura de la burguesía teocrática que gobierna Irán con métodos de barbarie para imponer su dominación. Que a los gobiernos “democráticos occidentales” poco les importa esto -a pesar de que el enfrentamiento que actualmente tiene EE.UU. con Irán lo lleva a hacer demagogia ante los crímenes cometidos- lo demuestra la alianza que el imperialismo yanqui hoy tiene con Arabia Saudita, donde las mismas aberraciones contra las mujeres tienen lugar.

La violencia de género es el recurso de un régimen que exalta el sometimiento de las mujeres para mejor sojuzgar a todos los trabajadores. Las condenas “en nombre de Dios” muestran los bastos servicios que a estos propósitos reaccionarios suelen ofrecer las instituciones religiosas. Sin expresiones tan extremas ni tan crueles y criminales, en todas partes del mundo, bajo gobiernos democráticos como el nuestro incluso -donde rigen al menos formalmente las libertades democráticas-, el papel de las iglesias es ser el pilar ideológico del oscurantismo y el cercenamiento de derechos sobre las mujeres.

La defensa de los derechos y libertades democráticas de las mujeres y diversidades en Irán, ante un régimen tremendamente opresivo sobre la población femenina, está siendo la punta del iceberg de un levantamiento popular que compromete a amplios sectores de la juventud y de clase obrera. Es la unidad de los oprimidos en la lucha que el gobierno enfrenta con estos métodos criminales que debemos repudiar y denunciar en todo el mundo.

Desarrollemos la más amplia solidaridad internacional contra el ahorcamiento de Amir Nasr-Azadani y de ningún luchador y luchadora popular. Todo el apoyo a la rebelión del pueblo iraní contra la teocracia criminal. Justicia por Mahsa Amini. Todo el apoyo a la lucha por los derechos de las mujeres en Irán.