28/03/2020

Irlanda, la pandemia y la “estatización provisoria” del sistema de salud

La República de Irlanda ha registrado ya nueve muertos por el coronavirus y más de 1.500 infectados. El ministro de salud, Simon Harris, advirtió que el país “es la Italia de hace unas pocas semanas atrás”, en referencia al país europeo más golpeado por la pandemia.


En estas condiciones, el gobierno de Leo Varadkar (del Fianna Gael, uno de los partidos tradicionales de la isla) se ha visto forzado a poner en marcha un paquete de medidas de emergencia. Entre ellas, ha puesto bajo su comando al servicio de salud privado durante la crisis, en lo que algunos medios presentaron como una nacionalización. Algo similar ya había ocurrido en España. También se anunció una prohibición de los desalojos por tres meses y de los aumentos de los alquileres mientras dure la pandemia, esto debido a que son miles los que han perdido sus empleos y no pueden pagar el alquiler. De todos modos, la deuda se seguirá acumulando, por lo que es una decisión que patea el problema hacia adelante. Habrá un aumento en los subsidios sociales y también a las patronales, dado que el Estado se hará cargo del 70% del sueldo del personal de empresas afectadas por la crisis. Por último, no se establece una cuarentena obligatoria pero sí el cierre de locales comerciales no esenciales, a la vez que se fomenta el teletrabajo. Hay denuncias, sin embargo, de que grandes fábricas y obras en construcción se mantienen abiertas.


Con la “estatización” temporaria del sistema de salud privado, el gobierno suma 2.000 camas, nueve laboratorios y la fuerza de trabajo del sector. No son claros los “detalles” de la medida, por ejemplo si los hospitales privados serán remunerados por sus servicios. En un diario de la isla, un vocero del sector hablaba de que se estaba discutiendo un “contrato” (The Journal, 25/3).


El sistema de salud público irlandés ha sido víctima, como ocurre en otros países del continente, de un brutal desfinanciamiento. De hecho, esta fue una de las razones por la que el gobierno sufrió una fuerte derrota electoral en los comicios de febrero. En estos días, los trabajadores de la salud han denunciado la escasez de equipos de seguridad para desarrollar sus labores, que en algunos casos deben costear de sus propios bolsillos. Una de cada cuatro víctimas del coronavirus en el país es un trabajador del sector.


La pandemia amenaza con provocar una fuerte caída económica y un brusco aumento de la desocupación. Según el diario británico The Guardian, 140 mil trabajadores (sobre todo de comercios) ya han sido cesanteados y el desempleo podría trepar hasta el 18% (actualmente es del 5%). A todo esto debemos sumar las consecuencias -tanto económicas como políticas- del Brexit, que pone sobre la mesa otra vez el problema del vínculo con Irlanda del Norte -actualmente adscripto al Reino Unido.


Se crean las condiciones para un volcán social, en un país donde se ha acumulado un fuerte malestar por las políticas de ajuste y de rescate a la banca, por 64 mil millones de euros en 2010.


En este contexto, se han multiplicado las voces que llaman a la formación de un gobierno de unidad nacional. Tras las elecciones de febrero, hubo negociaciones pero no se logró conformar ninguna mayoría de gobierno (Irlanda es un país con régimen parlamentario).


Los dos partidos tradicionales del país (Fianna Gael y Fianna Fáil), que sufrieron un fuerte revés en febrero, han expresado su disposición a un gobierno común, pero aun así necesitarían el auxilio de otros partidos, por lo que están sondeando a sectores independientes. El Partido Verde, que cuadruplicó su cantidad de bancas, parece dividido entre un sector proclive a integrarse y otro que no.


Un gobierno de unidad nacional sería un engendro reaccionario para enfrentar la respuesta popular y transferir a las masas el costo de la crisis.


Sinn Fein, la fuerza centroizquierdista que dio un batacazo y ganó las últimas elecciones con un 25%, a partir de un discurso centrado en propuestas sociales (construcción de viviendas, etc.), critica las políticas de ajuste, pero estuvo en tratativas con el Fianna Fáil para formar gobierno.


La envergadura de la crisis está obligando a los gobiernos europeos a tomar medidas que estaban fuera de su radar, pero siempre orientadas en una perspectiva de rescate del capital.


Los trabajadores necesitan construir un programa y una salida propia.



 

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