14/10/2010 | 1150

Italia: Fiat y la banca piden la cabeza de Berlusconi

Por Lucas Poy

Desde que se fusionó con la quebrada Chrysler el año pasado, Fiat se lanzó a una campaña ininterrumpida de ataques contra conquistas históricas de la clase obrera italiana. El «caso testigo» fue la fábrica ubicada en Pomigliano, donde se impuso una liquidación de los convenios laborales y el desconocimiento del sindicato Fiom (véase PO Nº 1.136). El cuestionamiento del convenio colectivo por parte de la Fiat afecta a los convenios colectivos vigentes en la industria metalmecánica, que fueron firmados por la patronal de la Confindustria y el sindicato. Marchionne amenazó a comienzos del verano boreal con sacar a la Fiat de la Confindustria y crear una nueva cámara patronal. A partir de acá la Cofindustria anunció que no renovará el convenio colectivo de 2008 y que modificará a la baja sus cláusulas en cada fábrica. La decisión deja afuera del convenio al principal sindicato metalmecánico del país, que acaba de convocar a una jornada de protesta para el 16 de octubre. Para someter a la Fiom e imponer su política, la Cofindustria está cortejando a la CGIL, la central sindical cuya dirección es minoría en la Fiom. Las patronales quieren integrar al sindicato a las nuevas relaciones laborales, no excluirlo, porque temen, en definitiva, las consecuencias de esa exclusión en la movilización obrera.

Lo que está en juego

Según el Financial Times, la pulseada de Marchionne con los trabajadores italianos «se inscribe en un debate más amplio sobre cómo restablecer la competitividad de la industria europea». El gerente de la Fiat-Chrysler sabe que tiene que trabajar contra reloj para lograr, en el marco de la crisis mundial, que su empresa sea capaz de sobrevivir en un mercado del automóvil que sufre una crisis de producción escandalosa. El modelo a seguir es el de las plantas de Chrysler en Detroit, en donde la burocracia sindical de la UAW acordó, bajo el impulso del gobierno de Obama, una serie de gigantescos recortes, despidos y flexibilización laboral (con «paz social» hasta 2015 incluido). Marchionne tiene en carpeta la profundización de la deslocalización de la producción hacia las plantas polacas y la inauguración de una fábrica en Serbia, que estará ampliamente subsidiada por el gobierno de Belgrado.

De la economía a la política

En los últimos días, Marchionne ha salido a criticar de manera abierta al gobierno de Berlusconi, cuestionando la política de «austeridad» que lleva adelante el ministro de Economía, Tremonti, e incluso el modelo de ajustes impulsado por la Unión Europea. Defendió que es «mucho mejor el modelo norteamericano, que considera indispensable sostener el crecimiento». Otro que ha salido a criticar abiertamente al gobierno es Luca di Montezemolo, ex presidente de la Fiat y la Confindustria, a propósito de quien se especula día tras día una inminente «salida a la cancha» de la política. Los posicionamientos de Marchionne y su presión sobre la Confindustria han agudizado la crisis política y la desintegración del gobierno de Berlusconi, a lo cual hay que agregar el golpe ejecutado por las Fundaciones regionales, que controla el derechista Bossi, contra la dirección de Unicredit, el banco más internacionalizado de Italia. En este marco se va armando un frente opositor de recambio que va desde el derechista Fini hasta los ex comunistas del Partido Democrático. La estrella de Berlusconi cae a la velocidad de un cometa, y seguramente será el detonante de una crisis que impulsará a las masas a una gran acción.

Berlusconi, colgado de un pincel

El 29 de septiembre Berlusconi logró aprobar en el Parlamento, con 342 votos a favor y 275 en contra, un plan de gobierno que había sido presentado bajo la fórmula de «voto de confianza» -es decir que hubiera planteado su caída en caso de ser rechazado. La votación dejó al desnudo la debilidad de Berlusconi. Ocurre que los votos que le permitieron a Berlusconi salvar la ropa fueron provistos por Gianfranco Fini, quien acaba de romper con el primer ministro y formar una nueva agrupación, con casi un centenar de diputados: la decisión de darle los votos necesarios a Berlusconi en esta votación se convirtió en un intento de presentarse públicamente como el árbitro de la situación política del país.

Ha cobrado fuerza, en los últimos días, el planteo de precipitar la caída de Berlusconi, sin llamar a nuevas elecciones. La hipótesis que barajan Fini, el centroizquierda y otros sectores centristas es formar un gobierno «técnico» cuyo objetivo principal sería modificar la actual ley electoral. Implicaría liquidar definitivamente el régimen político orquestado en la década de 1990, tras la crisis de la Primera República.

Europa se mueve; el viejo régimen celebra su responso.

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