La anexión de Alemania Oriental

El pasado domingo 18 tuvieron lugar las elecciones parlamentarias en Alemania Oriental. Previstas inicialmente para mayo, fueron adelantadas como consecuencia de la rápida desintegración del aparato estatal. Este régimen burocrático había sido montado por la burocracia rusa hace cuarenta años, en el marco de la división de Alemania establecida por los ejércitos de ocupación.

Los resultados electorales dieron como grandes derrotados al partido stalinista (que ahora se rebautizó como “socialismo democrático"), lo cual es natural, y a los partidos y tendencias que integraron a principios de año el "Nuevo Foro” y que encabezaron las movilizaciones que acabaron con la dominación stalinista. El PC obtuvo un 16% de los votos, en tanto que los izquierdistas no llegaron al 2%

La coalición democristiana que ganó las elecciones con el 48% de los sufragios, por el contrario, se encontraba todavía a principio de año en el gobierno stalinista de Honecker y Krenz, como lo había estado todas estas cuatro décadas, con Pieck y Ulbricht, con Stalin, Jrushchov y Brézhnev, con la represión al levantamiento de Berlín oriental de 1953 y con la invasión a Checoslovaquia en 1968. Los ganadores no tuvieron la oportunidad, entonces, de participar de las movilizaciones populares, simplemente porque se encontraban “en la vereda de enfrente".

En vísperas de las elecciones, unos de los dirigentes de la que sería luego la coalición democristiana triunfante, W. Schnur, tuvo que renunciar, al descubrirse que había sido un espía pago de los servicios de seguridad stalinistas, encargado de la delación de los disidentes.

Este es el verdadero rostro de la “victoria de la democracia" en el este de Alemania. El hecho debiera naturalmente indignar pero de ningún modo sorprender, pues corresponde a la tradición de los políticos del país. En 1945, los “demócratas" del oeste fueron reclutados entre los nazis, y lo mismo ocurrió con muchos rebautizados “socialistas" en el sector oriental ocupado por el ejército rojo.

De modo que la singularidad de las elecciones este-alemanas reside en que en ellas fueron aplastados los que encabezaron la “revolución pacífica” de noviembre pasado, y en que triunfaron, en cambio, los hombres que integraban en calidad de aliados y alcahuetes el régimen repudiado. Un cuarto partido, la socialdemocracia, que obtuvo el segundo lugar con el 24% de los votos había sido reconstruido a partir de Alemania Occidental en diciembre pasado.

La paradoja electoral, simplemente demuestra el carácter contrarrevolucionario de la política de la llama “Mesa Redonda" formada por el renovado PC y los grupos de Nuevo Foro, que convocó a las elecciones. Estas no fueron más que la cobertura “democrática" de una política de anexión enérgicamente conducida por el gobierno democristiano de Alemania Occidental. Mucho antes de que se pronunciaran las urnas, el gobierno de la Mesa Redonda estaba poniendo en práctica la integración económica y monetaria con el capitalismo occidental, la que hubiera seguido adelante cualquiera fuera el partido vencedor. Fue admitida la participación de los partidos de Alemania Federal en la campaña electoral como si ésta se hubiera estado librando en su propio territorio. El cadáver democristiano del este fue reanimado con decenas de millones de marcos; esto ocurrió igualmente, aunque con otro contenido y características, con la socialdemocracia.

“La reunificación de Alemania", en tanto que un sucedáneo de la anexión, fue impulsada por los aparatos estatales de ambos territorios y por los Estados capitalistas y la URSS, al margen de la deliberación política del pueblo alemán, sea del este o del oeste. La “reunificación" significa la integración del aparato estatal stalinista y de sus burócratas al régimen capitalista, naturalmente que con todos los privilegios incluidos. Al comienzo de la campaña electoral, el primer ministro germano-occidental, H. Kohl, señaló enfáticamente que lo único que estaba planteado era la anexión en respuesta a quienes reclamaban la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

Los izquierdistas del Nuevo Foro quedaron reducidos a la nada como consecuencia de su propia política, esa que ellos redactaron, defendieron e impulsaron, sin percibir, ni remotamente, que eran apenas el instrumento hueco, ¡y hasta qué punto necesario!, del imperialismo. Estos izquierdistas se declararon opuestos a la unidad libre y democrática de Alemania, mientras promovían, desde la Mesa Redonda que habían constituido con los stalinistas, la anexión de Alemania del este bajo la cobertura de un proceso electoral.

Esto pone de manifiesto que los sucesos de noviembre y diciembre pasados, que acabaron con la inamovilidad de los stalinistas y con el muro de Berlín, no fueron una revolución, sino una semirrevolución, lo cual hasta un cierto punto o relativamente, significa que fueron una contrarrevolución. La burocracia no fue derrocada, de modo que tampoco se procedió a su expropiación política. La dirección política quedó en manos de las corrientes gorbachianas, que propugnan la integración al capitalismo mundial. Sobre la base de la sobrevivencia del aparato estatal burocrático se montó la política electoral y no electoral de anexión por parte de los Kohl, los Bush y los Gorbachov.

Es probable que aún la victoria de una revolución que hubiera juzgado y condenado a los burócratas y sus alcahuetes y que hubiera expropiado sus bienes, estableciendo al mismo tiempo una gestión obrera general de la economía; es probable que aún una revolución no hubiera sido suficiente para acabar con la salida de gente hacia Alemania Federal. Es que después de todo, la propia revolución hubiera sido desestabilizante en este aspecto. Pero a cambio de esto la revolución en el este hubiera prendido entre las masas del oeste por lo menos como un poderoso factor de respaldo. Se olvida frecuentemente que Alemania es, históricamente, una, artificialmente dividida por el capitalismo y la burocracia No existe revolución “en el este" que no provoque una situación revolucionaria "en el oeste" y viceversa. El propio flujo de gente a occidente desestabiliza a Alemania Federal y es parte de la descomposición del régimen político que estableció la existencia de dos Alemanias, con el cual durante cuarenta años se defendió el “statu-quo" europeo y aún mundial.

Lo dicho hasta aquí explica dos hechos sorprendentes que de ningún modo, sin embargo, debieran sorprender. El “International Herald Tribune" (20/3) afirma que “al igual que lo que ha ocurrido en las capitales de los países de la OTAN, Moscú se sintió aliviada por los resultados políticos producidos por las elecciones, porque eliminan cualquier riesgo de colapso del gobierno y de la autoridad pública en Alemania Oriental". Gorbachov, precisamente, había planteado hace dos meses que la unidad de Alemania no debía ser resuelta “en la calle”, que es lo que la victoria de la UCD evita. El triunfo derechista evita caminos más "tortuosos", como sería la convocatoria de una Asamblea Constituyente, como lo hubieran reclamado algunas corrientes partidarias internas en el caso de haber triunfado la socialdemocracia. El triunfo democristiano elimina también la posibilidad de que se plantee la “neutralidad” de una Alemania unida, lo cual refuerza el acuerdo con la OTAN. Este acuerdo estratégico ha permitido que Kohl asegure la ayuda económica capitalista al inminente plan económico que se apresta a largar Gorbachov, el que está en la línea del de Menem y Collor de Mello Gorbachov ya arregló con Kohl que Alemania deberá pertenecer a la OTAN, con la salvedad de que no haya estacionamiento de tropas de la OTAN en el territorio oriental.

La aceptación de la victoria derechista por parte de la URSS no es nada en comparación con el entusiasmo que ha provocado entre los burócratas “comunistas" del este.

“La victoria electoral de la Unión Demócrata —dice el Financial Times (20/3)— fue muy bien recibida tanto por la industria alemana occidental como por una fuente insospechable, los “Kombinate", grupos industriales gigantes del Estado alemán oriental.

“Werner Schulze, director de ventas de Robotron, el grupo de electrónica más grande de Alemania oriental, estaba manifiestamente satisfecho con el éxito de la UCD. “Creemos que este es el resultado más favorable que el Kombinate podía esperar", dijo.

Este planteamiento es muy instructivo la burocracia "obrera" está infinitamente más cerca de la burguesía que del proletariado. Este mismo Schulze admite que los 68 mil trabajadores de Robotrón “cargarán con el fardo del cambio de una economía de mercado", algo que no le inquieta personalmente. Después de todo, en Polonia y en Hungría los “gerentes de ventas" como Schulze se han transformado en accionistas de empresas privatizadas. También para Alemania oriental está prevista esta posibilidad, pues Kohl ya anunció que los titulares de depósitos bancarios del este podrán adquirir acciones cuando se privaticen las empresas estatales. Los mayores depositantes son precisamente los burócratas.

El arma más poderosa que permitió a los alcahuetes de la UCD ganar las elecciones, fue la promesa de Kohl, primer ministro de Alemania Federal, de convertir el marco oriental al occidental a la paridad de 1x1, cuando los precios de la gran industria de medios de producción del este son trece veces más altos que los del oeste. Incluso en el mercado negro el marco occidental se cotiza a siete marcos orientales, y en el llamado mercado oficial, a tres. Kohl prácticamente “compró" a los electores con su propuesta de 1x1, en lo que equivale a la más grande operación político-monetaria de la historia. “Así es la “democracia", compañeros. En la Alemania “comunista" la democracia burguesa ha mostrado sus características auténticas e inalienables. Aún el menos avisado de los votos populares a favor de la burguesía es, en cualquier país del mundo, el resultado de la manipulación, la corrupción y el chantaje. Que esto haya cobrado su más aguda expresión en un país donde el régimen burocrático se cae solo, demuestra la absoluta falta de ideales de la burguesía.

Pero aún con esa tasa de convertibilidad, el panorama que se abre para el pueblo del este, y en consecuencia para el oeste, es absolutamente negro. La razón es que la integración económica obligará a cerrar las grandes empresas orientales que producen medios de producción con su secuela de desempleo masivo. De otro lado, como los precios de los artículos de consumo son en el este un 40% más bajos que en el oeste, debido a que están subsidiados, la integración provocará una enorme carestía y reducirá el salario oriental en un tercio. Kohl dejó claro, y más aún después de las elecciones, que los ahorros en los bancos no serían convertidos sino que quedarían congelados, para ser aplicados a las privatizaciones, lo que constituye una gigantesca confiscación. A los electores de la UCD, Kohl les metió, entonces, el perro. El desempleo masivo oriental se sumará al del oeste y servirá de acicate para que las patronales reduzcan los sueldos en Alemania Federal.

Es evidente que la inminencia de estas medidas disloca aceleradamente la situación. La gente sigue emigrando y la fuga de dinero por el mercado negro se acentúa. Conocidos los resultados electorales, Kohl anunció que eliminaba los subsidios asignados a los alemanes que cruzaban la frontera, que cerraba los campos de recepción. Se acabó la demagogia con los emigrados Ahora viene la etapa dura. Ahora la flamante UCD oriental, en realidad Kohl, pretende plantear en el nuevo parlamento que se designe al presidente de Alemania Federal como presidente de Alemania democrática para reconstituir rápidamente la autoridad del Estado y sus aparatos represivos. También planteará que se derogue la legislación sindical recientemente conquistada en el este (Financial Times e International Herald Tribune, 20/3). La "democracia" se apresta a liquidar una conquista democrática que tiene solo 45 dias y por la cual se luchó durante 45 años.

La crisis este-alemán comenzará a partir de ahora a tener reflejos catastróficos sobre el oeste Los grandes capitalistas pretenden usar el desempleo y los bajos salarios orientales para lanzar un ataque a fondo contra la clase obrera del oeste, con la cual existen relaciones tensas y ásperas, por la falta de acuerdo con relación a los convenios colectivos.

La segunda etapa de la revolución es inevitable, pero a la escala de Alemania entera Es necesario aprovechar el intervalo para construir un partido revolucionario.