03/10/1998 | 599

La burocracia del sindicato automotriz está en un callejón sin salida

Apenas unos pocos días después del levantamiento de la huelga, la patronal de la General Motors reinició la ofensiva al anunciar que en 1999 pondrá a la venta su división Dhelpi, que fabrica autopartes. GM pretende abastecerse de autopartes a través de proveedores externos, que utilizan mano de obra no sindicalizada y con salarios notoriamente inferiores a los de sus obreros. Están en peligro 50.000 puestos de trabajo de obreros de la UAW—el gremio que agrupa a los trabajadores de la industria automotriz— en Estados Unidos.


«GM quiere ser una empresa que ensambla y vende autos pero que no necesariamente fabrica sus partes» (International Herald Tribune, 5/8), dijo el presidente de la GM, Jack Smith. El ‘plan de guerra’ de GM contra sus trabajadores, en consecuencia, sigue en pie. La huelga de 54 días en sus plantas de Flint no ha alterado nada.


En Wall Street hubo, sin embargo, voces discordantes. Se teme que no haya interesados en comprar la Delphi dado que el mercado de autopartes cuenta ya en la actualidad con una enorme capacidad instalada excedente. Es decir que la venta podría ser apenas el anticipo de un cierre liso y llano.


La política de la burocracia sindical


El anuncio de la GM echa luz sobre las características del acuerdo con que se cerró la huelga de 54 días. The Wall Street Journal (7/8) dice que «ninguna de estas decisiones (de GM) hubieran sido posibles si no se habrían resuelto las huelgas de Flint, y si Smith (el presidente de GM) no se hubiera sentido libre para lanzarse a la ofensiva» (diferenciados nuestros).


Además de aceptar que no se reemplacen los trabajadores que se van jubilando y el aumento de los ritmos de producción (¡hasta en un 15%!) en algunas secciones de la planta de estampado de Flint, la burocracia también aceptó negociar en 1999 el cierre de las plantas que la empresa considera ‘no rentables’. El anuncio patronal de vender la División Delphi y ‘tercerizar’ completamente la producción de autopartes entra, por entero, en el cuadro del acuerdo con la burocracia.


Para The Economist (1/8), la burocracia de la UAW se inclina hacia una colaboración más estrecha con la patronal. Sostiene que «quizás la cláusula más importante del acuerdo es un nuevo proceso, ya en vigencia en Ford y Chrysler, de negociaciones de alto nivel para ‘resolver las cosas antes de que alcance el nivel de una crisis’ …». Salta a la vista quién gana y quién pierde con esta ‘colaboración’.


El semanario británico informa que «hay rumores de ‘acuerdos de caballeros’ no escritos en el papel (entre los presidentes de la GM y la UAW». En otras palabras, que la burocracia está conspirando con la patronal.


El 24 por ciento de rechazos que recibió el acuerdo que puso fin a la huelga entre los trabajadores de la fábrica de autopartes de Flint, precisamente perteneciente a la División Delphi, es una señal de la desconfianza y las sospechas hacia la dirección de la UAW de una parte significativa de los trabajadores de la GM.

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