29/11/2001 | 731

La caída de un gran pulpo capitalista

En apenas dos meses, uno de los mayores pulpos industriales y financieros del mundo se ha derrumbado como un castillo de naipes: la empresa texana Enron, el quinto monopolio energético mundial y el mayor comercializador de gas y energía eléctrica de los Estados Unidos.


A mediados de octubre, anunció pérdidas por 1.000 millones de dólares en sus operaciones del tercer trimestre y una reducción de 1.200 millones de su capital como consecuencia de operaciones fallidas con un fondo de inversión administrado por los gerentes financieros de la compañía. La certeza de que se había destapado «un agujero negro financiero» (The Economist, 3/11) disparó una estampida imparable: las acciones de Enron perdieron el 95% de su valor en apenas cuatro semanas.


La velocidad del colapso de Enron es sorprendente. El 3 de noviembre, el semanario The Economist sostenía que, dada su posición central en los mercados energéticos y financieros, «difícilmente Enron quiebre».


Una semana más tarde, el 10 de noviembre, se señalaba que la compra de Enron por su rival Dynegy (subsidiaria de Chevron-Texaco) era la única vía para evitar su quiebra. Para facilitar la absorción, los bancos acreedores de Enron colocaron mil millones de dólares en la empresa y forzaron a las calificadoras de riesgo a no degradar aún más su deuda, lo que hubiera abortado la venta.


Pero diez días después, existen serias dudas de que la venta se realice. Ocurre que Dynegy ofreció comprar Enron por 9.000 millones de dólares (cuando su valorización bursátil alcanzaba, a principios de noviembre, los 12.0 00 millones). Pero en apenas diez días, la valuación bursátil de Enron se derrumbó a 3.500 millones de dólares. «El mercado *afirma The Chicago Tribune (24/11)* tiene poca confianza de que la compra se realice tal como fue anunciada». La razón es obvia: ¿quién pagará 9.000 millones por una empresa valuada a 3.500 y que tiene deudas por 25.000 millones de dólares? Si la compra fracasa, la quiebra de Enron es inevitable.


El colapso de Enron es una prueba de la violencia que está alcanzando la crisis capitalista que, en apenas cuatro semanas, derrumbó al pulpo que dominaba los mercados energéticos de los Estados Unidos, que constituía «uno de los mayores éxitos» de la economía norteamericana de las últimas dos décadas (Financial Times, 12/11) y que estaba estrechamente ligado al poder político. Enron fue el principal financista de la campaña de Bush (hijo); tanta es su preocupación por la suerte de Enron que, en medio de la guerra, «el salvataje de la sociedad tejana es seguido día a día por Bush» (Le Monde, 9/11).


«Nueva economía»


Enron es uno de los más genuinos representantes de la «nueva economía». Creció de una manera asombrosa en las décadas del ‘80 y del ‘90, gracias a la desregulación energética impulsada por Reagan y Bush. Enron comenzó a comprar y a vender energía eléctrica y gas y llegó a dominar el 25% del mercado norteamericano. Pero no era un simple intermediario: ofrecía a compradores y vendedores, además de las materias primas, cobertura financiera ante las variaciones de precios. A la vez que extendía sus áreas de interés *cuando llegó el colapso, Enron comercializaba más de 2.000 renglones diferentes, desde agua y carbón hasta capacidad de transmisión por banda ancha de Internet*, extendía sus coberturas financieras, hasta convertirse en uno de los mayores operadores en los mercados de derivativos (contratos de cobertura).


En realidad, sostiene un especialista, Enron «era un fondo de inversiones especulativas disfrazado de empresa energética» (The Wall Street Journal, 6/11). Por eso fue acusada de ser la principal responsable de la crisis energética de California, a comienzos de este año, «que es antes que nada una crisis de subinversión *una floreciente economía estatal que se arruina porque nadie construye las plantas y gasoductos que necesita (porque) la industria está dominada por algunos grandes jugadores que encuentran altamente rentable no invertir» (Paul Krugman, en The New York Times, 3/1).


Para financiar su expansión, Enron tomó deudas cada vez mayores y en condiciones cada vez más riesgosas: una parte de sus negocios era financiado por deudas que no figuraban en sus balances y que eran tomadas por terceras compañías, con una lejana relación con la compañía principal. Como en el caso de la también quebrada Manesmann, de Alemania, el hundimiento del esquema financiero que permitió su expansión, derrumbó a la empresa.


Después del derrumbe de la «burbuja Internet» y de la catástrofe de las empresas de telecomunicaciones, el colapso de Enron es un verdadero requiem para la publicitada «nueva economía». La crisis capitalista se la tragó de un solo bocado.


«Riesgo sistémico»


«Tal es la escala de las operaciones y contratos de Enron con algunas de las mayores instituciones financieras del mundo, que algunos observadores ven paralelos con el LTCM» (el fondo de inversiones que quebró en 1998 como consecuencia de la crisis asiática y que obligó a una intervención concertada de la Reserva Federal y los grandes bancos para impedir una crisis que derrumbara el sistema financiero de los Estados Unidos). Pero, en realidad, «Enron tiene el potencial para crear una crisis financiera mayúscula, peor en algunos aspectos que la ocurrida con el LTCM» (The Economist, 3/11).


El intento de compra por Dynegy-Chevron juega, en el caso de Enron, el mismo papel que la intervención de los bancos en el caso del LTCM: impedir que su hundimiento arrastre a los mercados energéticos y a los bancos. Pero el agravamiento de la crisis, respecto de 1998, se manifiesta en las grandes dificultades que encuentra el «salvataje» de Enron.


Si cae Enron, los mercados de energía *que esta empresa dominaba* serán brutalmente golpeados: su súbita desaparición llevaría a innumerables incumplimientos de contratos, a la asfixia financiera de muchas compañías y al retiro masivo de los inversores. Esto explica que «los competidores de Enron se hayan refrenado de tomar ventaja de su debilidad para capturar sus negocios y sus clientes» (Financial Times, 9/11).


También serán golpeados los grandes bancos *como el Morgan-Chase, el Citibank, el Deutsche, el Credit Suisse o el Barclays* que financiaron su expansión y acumulan créditos por varios miles de millones, y también los que financiaron a sus rivales. La precaria situación de Enron ha creado un «riesgo sistémico» para el conjunto del sistema bancario, que es monitoreado de cerca por el Tesoro y la Reserva Federal (Financial Times, 20/11).


Pero quizás el mayor golpe que cause la caída de Enron sea el derrumbe de los mercados de cobertura financiera (derivativos) en los cuales esta empresa tenía contratos por varias decenas de miles de millones. El hundimiento de estos mercados sería un golpe demoledor para los bancos, especialmente para el Morgan-Chase, que «tiene más operaciones derivativas que cualquier otro» (The Economist, 3/11).


Para los bancos y el sistema financiero norteamericano, los verdaderos problemas apenas comienzan con la caída de Enron.

También te puede interesar:

Actividad de la Multisectorial, una lucha fundamental.
En Nueva York, lograron las firmas necesarias para habilitar la consulta por la formación de un sindicato.
Y el proceso de lucha Striketober.
Se aprobó un programa de “ejercicios combinados” que le abre las puertas del territorio nacional a tropas yanquis y de la OTAN.