La capitulación no se viste de “utopía”

El artículo de François Ollivier aparecido en PO N° 827, donde se dan las "explicaciones" del abandono por parte de la LCR de la estrategia de la dictadura del proletariado, confirma las caracterizaciones que nuestro partido viene realizando sobre el SU desde hace más de 20 años.


El método


Ollivier considera necesario hacer un "balance de la cuestión" debido al "eco mediático" que ha tenido esta resolución del último congreso de la Liga. El balance responde a una clarificación para la burguesía, no para iniciar un debate profundo de cara a la vanguardia y a las masas.


A Ollivier sólo le importa distinguir el abandono de la dictadura por parte del SU, de la misma posición por parte del estalinismo desde virtualmente la década del ‘30. Pero la diferencia, si es que existe, es que el estalinismo procedió a este abandono en el marco de un conjunto de derrotas de los trabajadores – al que los PC contribuyeron conscientemente – , mientras que la LCR se "pronuncia" por el mismo rechazo en medio de una situación mundial de bancarrota capitalista y de procesos revolucionarios (con guerras, Argentinazo y rebelión boliviana de por medio). La LCR se apronta políticamente para lo que se viene, y lo hace de manera deliberada. Si "consulta a las bases" o lo anuncia en las páginas amarillas no tiene demasiada relevancia, aunque a Ollivier lo enorgullece haber logrado el 85% de los votos para su empresa.


Revisionismo


Ollivier se embarca en una jugarreta con el concepto de dictadura del proletariado y nos dice que hay "dos acepciones". Veamos:


La primera "evoca la ineluctable concentración del poder en las manos de una de las dos clases fundamentales de la sociedad y plantea la alternativa: dictadura de la burguesía o dictadura del proletariado".


La segunda "califica a un régimen político" que "concentra todos los poderes y que, frente al enemigo, utiliza medidas de excepción (incluso medidas que restringen las libertades democráticas) el tiempo (necesario) para estabilizar las nuevas instituciones revolucionarias".


La "primera acepción", sin embargo, es simplemente una vulgaridad. La dictadura del proletariado no puede ser una "concentración de poder" sin más. Se trata del acto histórico de expropiación del capital. El Estado obrero es el principio de la negación de todo Estado (en la medida en que no lo es, deja de ser un Estado obrero en esa misma medida). Esta "primera acepción", de todos modos, nos sirve para darnos cuenta de que la LCR es consciente de que no puede haber nada intermedio entre "la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado" y que lo contrario implica quedarse con el orden social contemporáneo.


La "segunda acepción" ya es un torcimiento descarado de los planteos de Lenin y de Marx. La dictadura proletaria jamás ha sido sinónimo de un "régimen político" que tenga por finalidad "estabilizar" a las nuevas instituciones "revolucionarias" o no. O sea que no es sinónimo de una forma específica de dominación histórica. Ollivier tergiversa el marxismo y arma un desarreglo conceptual entre Estado y régimen político.


Por otra parte, la LCR se equivoca al equiparar a la dictadura del proletariado con el estalinismo, porque la burocracia sí quería "estabilizar" a las "nuevas instituciones", es decir quitarles su carácter revolucionario. De este modo, imponía la dictadura de sus privilegios, "estabilizando" la revolución en los marcos de "un solo país". Los bolcheviques, en cambio, luchaban por la revolución mundial. Bolchevismo está tan separado de estalinismo como revolución lo está de contrarrevolución.


Democratrix recargado


Los voceros de la burguesía hablan de la democracia como si fuera un "valor universal". La LCR aspira, además, a un "plusvalor" democrático.


Ollivier se inclina, entonces, por enterrar los pies en una "tercera acepción" que tanto Marx como los bolcheviques habrían "olvidado" revalorizar. El autor del artículo sabe por experiencia que "Octubre + sufragio universal y democracia" ll evó al aplastamiento sangriento de la revolución nicaragüense. Su "socialismo autogestionario" no llegaría entonces a ser otra cosa que sandinismo. La "dramática experiencia" de Nicaragua y de Alemania en 1918, y de China, y de un larguísimo etcétera, nos llevó a los marxistas a afianzar la lucha por la dictadura del proletariado y a "aborrecer" cualquier tipo de democracia burguesa. La consigna de la contrarrevolución en vísperas de la revolución proletaria fue y será la de la democracia (Engels). Ollivier prepara las consignas de las vísperas revolucionarias.


Quien pide más democracia (por más revolucionaria que sea) sin atacar el poder del Estado, sin quebrar su aparato de coerción y opresión, está a favor de mantener las relaciones sociales existentes, a favor de la "ineluctable concentración del poder" en manos de la burguesía.


No por casualidad Ollivier nos habla de la "democracia sin límites"; pero su "democracia" con "derechos individuales extendidos" no suprime el derecho fundamental alrededor del cual giran todos los demás: el derecho a la propiedad privada sobre los medios de producción. Los marxistas, por el contrario, no luchamos por ninguna "democracia pura" y "sin límites" sino por la imposición despótica de los derechos históricos colectivos de la clase obrera, algo que sí es profundamente democrático.


Utopías eran las de antes


Los que fueron conocidos como "socialistas utópicos" tenían concepciones del orden social capitalista idealizado. Pero no defendían el orden político burgués, como sí ocurre con los defensores de la "democracia infinita".


La "democracia revolucionaria" de la LCR no es una utopía. Es una capitulación abierta a la democracia imperialista francesa.


Socialismo más democracia


Nuestro partido ha desarrollado amplias caracterizaciones acerca de los ex Estados obreros y los procesos de restauración capitalista. Ollivier resume las caracterizaciones de la LCR en una oración: la contrarrevolución estalinista actuaba "en beneficio de otros intereses sociales, los de la burocracia". Pero la burocracia de un Estado obrero, socialmente, es parte de la clase obrera. No es una clase, no ocupa ningún sitio en la producción social, sino que asume el papel de mediadora entre la distribución de la riqueza social y de moderadora de la producción social global. Como no tiene propiedad alguna, toma al propio Estado como su propiedad privada e intenta explotarlo. Pero va por más: por los derechos de propiedad. La LCR y el SU nunca admitieron la tendencia de la burocracia hacia la restauración capitalista.


"La dictadura de los accionistas"


Ollivier, por último, nos informa que su "proyecto" democrático es "contra la dictadura de los accionistas". Quienes piensan que el capitalismo se puede abolir eliminando a los "accionistas" desconocen el hecho de que el sistema capitalista crece "ineluctablemente" a esta forma de organización del capital. Con esta base "teórica", la LCR anda de la mano de Attac, que lucha por la "tasa Tobin": un impuesto al "capital especulativo", a las transacciones financieras, a la renta (del accionista). El problema es que este impuesto, lo máximo a lo que puede llegar es a que los capitalistas lo terminen transfiriendo al precio de las mercancías y lo tengan que pagar las masas, los consumidores. De "anticapitalista" no tiene ni un gramo.


Conclusión


La modificación de los estatutos de la LCR ha procedido a llevar a término lo que ya hacía mucho estaba en germen: la liquidación del programa de la IV Internacional. El SU es una corriente dispuesta a sacrificar los intereses históricos del proletariado en pos de salvar la dictadura "democrática" de la burguesía imperialista. Ha canjeado la estrategia de la dictadura del proletariado por ver, tal vez, si consigue un par de plateas más en el parlamento burgués. Ha hecho una concesión al actual régimen de hambre y miseria.


Post scriptum: Antón y Calducci


Cuando ya estaba redactado este artículo, aparecieron los de Antón y Calducci (PO N° 828) aportando a la polémica. Simplemente quería apuntar unas correcciones.


Antón dice que Ollivier reduce la dictadura del proletariado "a lo que sería su forma más acabada y plena en su aspecto político". Esto está mal porque, como dije, no hay un régimen político especial que sea la dictadura del proletariado (¡revolución permanente"!). Se trata de toda una etapa histórica de transición, de la negación de Estado. No es que Ollivier considere que "las medidas que tuvieron que tomar los bolcheviques" no han sido de "defensa del Estado obrero". El directamente está en contra de un Estado obrero.


Algo parecido ocurre con Calducci: "Siguiendo la lógica de Ollivier, el proletariado debería tomar el poder, implantar una breve dictadura y dejar luego la posibilidad de un regreso ‘democrático’ de la burguesía nacional". No. Siguiendo la lógica de la LCR, no hay que implantar ningún tipo de dictadura, ni breve ni nada; hay que morir en el régimen democratizante. El SU no tiene una estrategia de poder de la clase obrera.


 


(Extractada para su publicación)