12/06/2020

“La conciencia de clase está cambiando mucho”

Entrevista al grupo Speak Out Now, de Estados Unidos.

Entrevistamos para Prensa Obrera a Ann y Chayo, militantes de Speak Out Now/ Revolutionary Workers Group, una organización socialista y revolucionaria de Estados Unidos que desarrolla su labor política en el área de la bahía de San Francisco, en Nueva York y en otras regiones del país.


– ¿Qué apreciación política tienen de esta gigantesca rebelión?


Ann: -Hemos tenido tantísimas veces esta explosión de furia en la comunidad negra, y también en la comunidad latina, pero lo diferente de este momento es que no es solamente la comunidad negra. Es que las protestas están por todos lados, y que en todas las clases sociales hay gente que sale a las calles. Es mucho más profundo que cualquier movimiento que yo haya visto en mi vida.


Claro, pasaron solamente dos semanas, y no sabemos si va a ser un movimiento de protesta que viene y va, pero, con las dos otras crisis, económica y del Covid, que nos están impactando al mismo tiempo, es muy posible que estemos empezando a vivir algo que no se ha vivido en los EEUU desde los años ‘30. Es posible que esto sea algo realmente muy importante.


Ha habido un cambio de conciencia en nuestra sociedad luego del Black Lives Matter. Pero es sólo una de las razones por las cuales se produjo ese cambio. El Black Lives Matter comenzó, digamos, con Trayvon Martin [joven asesinado en 2012]. En ese período, los movimientos eran sobre todo movimientos de la población negra. Y, en nuestro entorno, en la clase obrera, la gente decía que “el racismo es horrible”, pero que las protestas son “muy violentas, muy peligrosas, esa gente se pone loca y rompe las vidrieras”. Pero, tras años y años de ver asesinatos contra la comunidad negra por televisión, la gente abandonó la idea que los que rompen las vidrieras sean efectivamente los verdaderos asesinos y los verdaderos culpables de la violencia en nuestra sociedad.


Y esto señala un cambio de conciencia muy grande. Desde la muerte de Trayvon Martin hasta ahora, los jóvenes han escuchado toda su vida esta narrativa de que la violencia racial es inaceptable, totalmente inaceptable. Es, entonces, una generación muy diferente. Está este trasfondo, la increíble violencia del racismo en nuestro país, pero, además de esto, hemos tenido la crisis económica del 2008.


La conciencia de clase en nuestra sociedad está cambiando mucho en este momento. Hace tres meses, la clase obrera vivía en un desierto político. La gente en la fábrica, la gente en los hospitales, quizás en la clase media es un poquito diferente, pero realmente en la clase obrera no hay ideas políticas. Las únicas ideas que la gente tiene son las que vienen de los medios de comunicación de la prensa burguesa. Estamos viendo un cambio de conciencia social fascinante, y muy interesante.


Chayo: -El impacto político que ha tenido este movimiento se nota, primero que nada, en la efectividad alrededor de las demandas que se han hecho. El arresto del policía que asesinó al hombre; luego, de los otros tres policías; el hecho que se haya hecho velozmente, a diferencia de otros momentos en que se han tomado cinco años y ni siquiera ha habido una condena al final del juicio. Eso es algo dramáticamente diferente y, a la vez, un intento de aplacar a las masas y de decirles “vamos a darles lo que están pidiendo”. Sin embargo, está teniendo un efecto aún más incendiario. Las personas dicen que ahora quieren más: si podemos lograr esto, queremos que esto se resuelva, porque sabemos que va a volver a suceder.


– ¿Qué fuerzas políticas intervienen en este proceso y qué posturas sostienen?


Chayo: -Al principio, el Partido Demócrata estaba, básicamente, observando desde lejos cómo evolucionaba todo esto. Poco a poco, han visto cómo ingresar y motivar su plan, que sería sacar a Trump de la presidencia. Porque, obviamente, él es el culpable de todo esto -y no el sistema capitalista-, y ellos serán los salvadores de todos nosotros -si tan solo concurrimos a votar en noviembre. Y ese ha sido el mensaje: votar, votar, votar. Y, a la vez, mostrar que pueden ser muy progresistas en ciertas ciudades, en ciertos Estados, y hacer reformas “drásticas” en la policía, quitando 1,5 millones de dólares sobre un presupuesto total de 300 millones. El Partido Demócrata, como estructura general, está muy enfocado en ingresarse al movimiento de esta manera para cooptarlo.


Luego, pienso que es muy importante hablar de las personas que se podrían considerar en la izquierda del partido, las personas que estaban en la campaña de Bernie Sanders. Básicamente, mucho de eso se ha disuelto, y están activando en diferentes organizaciones. La más importante sería DSA [Demócratas Socialistas]. Sus metas más visibles son las campañas electorales. Por ejemplo, la de Bernie Sanders, o campañas más pequeñas, locales. Pero, a la vez, con muchísimo activismo. Se encargan de hacer trabajo reformista, con el fin de mostrar que realmente se puede cambiar el sistema capitalista de una manera socialdemócrata y proveer a la gente los servicios que necesitan para vivir una vida más estable.



Pero no se ve de ninguna manera que haya algún partido político o alguien que salga con una plataforma específica alrededor del movimiento.


Ann: -Pero nosotros, a diferencia de ellos, y a pesar de ser un grupo pequeño, estamos tratando de agrupar a gente obrera, gente trabajadora, gente en los transportes. Es una diferencia enorme.


Ahora en Zoom, porque así nos comunicamos. Pero, antes del coronavirus, distribuíamos propaganda en autobuses, en el metro y, con nuestros contactos que trabajan dentro, diseminábamos información socialista. Antes, había muy poca gente que realmente quisiera reunirse. Pero, en estos momentos, podemos organizar nutridas reuniones semanales, hablando sobre lo que podemos hacer para defendernos ante los grandes ataques que estamos previendo, que esperamos a causa de la crisis económica que nos está afectando, y, claro, sobre el estallido de la lucha contra el racismo.


La mayoría de los que manejan los autobuses y los que trabajan en el sistema de transporte son negros. También hay latinos, pakistaníes, un poco de todo. Pero la mayoría es gente negra. En estos momentos, estamos logrando organizar a esta gente, y esa es nuestra política. Tenemos que organizarnos para dar conciencia de clase a la clase trabajadora. El Partido Demócrata va a tratar de canalizar todo el movimiento en estas reformas. Está muy bien que se quite, no sé, cien millones de dólares de la policía y que se lo dé a servicios sociales, no estamos en contra de eso. Pero ellos quieren que todo pare allí, y nosotros queremos que todo empiece allí.


En el periódico New York Times de esta semana escribieron dos mujeres negras bastante famosas en ciertos ámbitos: Michelle Alexander, autora de un libro muy importante que se llama “The New Jim Crow”, sobre el sistema carcelario; y Keeanga-Yamahtta Taylor, que fue trotskysta, de una organización que se disolvió, la más grande de las que se decían trotskystas en nuestro país. Ambas dijeron que las reformas no bastan, que es necesario un cambio del sistema económico de la sociedad, que esta es la base del racismo, y que, sin tocarlo, nunca se podrá eliminar el racismo. Obviamente, no todos los días se ven estas publicaciones en el New York Times.


Van a tratar de proponer más, van a quitar símbolos, por ejemplo, la bandera de la Confederación, que es la bandera del Sur en la guerra civil norteamericana, para que la gente vuelva a sus casas. Pero creo que estamos en un momento con enormes oportunidades. Mucha gente lo aceptará, pero habrá toda una generación de intelectuales, de jóvenes, de trabajadores que van a pensar esto más profundamente.


– ¿Cuál es la situación del movimiento obrero?


Chayo: -A causa del bajo nivel de sindicalización en Estados Unidos, los sindicatos tienen una influencia muy circunscripta y localizada. En las manifestaciones, han organizado sus propios contingentes, pero han sido bastante pequeños. Por ejemplo, el sindicato de las enfermeras, en California, que por muchos años ha sido el más radical o el más involucrado en problemas sociales y políticos, tuvo una participación mínima.



Ann: -Quería añadir que estas organizaciones son totalmente reformistas, a veces súper conservadoras, a veces hasta racistas. No hay nada realmente de izquierda. El sindicato de las enfermeras es progresista, cercano al Partido Demócrata. Un poquito progresista. Pero esto es lo mejor de todo. Fuera de esto, son conservadores.


Pero, a pesar todo, hubo intervenciones de la clase obrera en su propio nombre, independientemente de los sindicatos. Por ejemplo, a veces por el Covid, a veces por el racismo, en Minneapolis, en San Francisco, y en otro lugar, en el este, los choferes de autobús protestaron y se resistieron a transportar policías y detenidos. No quieren participar en esta política de la policía y del Estado. Y esto vale. También, a causa de Covid-19, hay muchos lugares en los que la gente trabaja en condiciones que son terribles, que son realmente peligrosas. Y, en estas circunstancias, las enfermeras, o los trabajadores de las fábricas de ensamblajes, frenaron el trabajo. Aquí, en Oakland, hay un McDonald’s donde también se paró el trabajo. Y esto parece muy pequeño, pero, en nuestro país, significa mucho. Es algo totalmente nuevo. Y que la gente tenga este instinto de rechazar la obligación de trabajar en cualquier condición es, para nosotros, un paso adelante.


– ¿Cuáles son las perspectivas para la izquierda en esta etapa política?


Ann: -Esto es exactamente lo que nosotros mismos nos estamos preguntando en este momento. Estamos lidiando con este problema que, para nosotros, no es fácil, porque somos un grupo pequeño. Aunque existimos en varias ciudades, este es un país de 340 millones de personas, y estamos muy aislados. Al mismo tiempo, lidiamos con este problema allí donde tenemos presencia, cuidando los detalles y no las grandes generalizaciones. Claro, están bien las grandes generalizaciones: “abajo el capitalismo”, “las reformas no bastan”. Pero esto no es suficiente. Al mismo tiempo, hay que protestar por las condiciones particulares y por los problemas particulares.


Por ejemplo, en Oakland, no solamente tenemos violencia policial, no solamente tenemos asesinatos. En las protestas, acaba de morir un joven cerca de aquí, en Vallejo. Lo mataron. Estaba arrodillado, con las manos levantadas, y lo mataron. Hay que protestar por esto. Pero, al mismo tiempo, están proponiendo cerrar 28 escuelas públicas en nuestra ciudad. ¡28! Es inimaginable. Además, van a recortar el presupuesto para el funcionamiento de las que quedan. Es, también, una políticamente totalmente racista. Y hay que criticar esta política racista, y hay que organizarse. No solamente la gente, las familias, los docentes y todos los trabajan en la escuela. Tenemos que trabajar conectando esta lucha con toda la clase obrera que sufre este ataque en Oakland. En estos momentos, nos estamos organizando en reuniones con muchas familias, con quienes trabajan en los establecimientos, hablando de este asunto y preparándonos para rechazar el cierre de las escuelas.


Entonces, estamos lidiando con este problema de cómo formular demandas que puedan resonar con impacto, y cómo darle a la clase obrera la manera, allí donde tenemos presencia y sin caer en generalidades, de luchar juntos y, de ser posible, de ganar. Todo lo cual podría darle aún más confianza y posibilidades.



 

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