La Conmemoración del Holocausto: una bendición para la propaganda israelí


(...) El
miércoles (27/1) fue el día Internacional Conmemorativo del Holocausto y las
relaciones públicas israelíes se manejaron como no se había visto en años. El ritmo
de este inusual esfuerzo -nunca hubo tantos ministros desplegados a lo largo
del mundo- no es una coincidencia. Cuando el mundo está hablando de Goldstone
(por el informe que condena la masacre sionista en Gaza), nosotros hablamos del
Holocausto, como si afuera se pudiera desdibujar la impresión. Cuando el mundo
habla de ocupación, nosotros hablamos de Irán como si deseáramos olvidarlos.

Eso no nos
ayuda mucho. El día Internacional del Holocausto pasó, los discursos rápidamente
serán olvidados, y la realidad deprimente de todos los días permanecerá. Israel
no saldrá bien parada, aun después de la campaña.

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En la víspera
de su partida, el primer ministro Benjamín Netanyahu habló para el sitio web Yad
Vashem. "Hay maldad en el mundo", dijo, "La maldad debe ser aplastada desde el
comienzo". Alguna gente está tratando de "negar la verdad". Nobles palabras,
dichas por la misma persona que el día anterior, no exactamente en la misma
frecuencia, profirió unas muy diferentes palabras, palabras de la verdadera
maldad, esa maldad que debería ser extinguida desde el principio, la maldad que
Israel está tratando de ocultar.

Netanhayu
habló de la nueva "política migratoria", que es lo maligno por los cuatro
costados. En forma malévola, englobó a los trabajadores inmigrantes y a desdichados
refugiados -alertando que todos ellos son un peligro para Israel, que bajan
nuestros salarios, que peligra nuestra seguridad, hacen de nosotros un país
del tercer mundo y nos meten en la droga. Con gran celo ayudó a su racista
ministro del Interior, Eli Yishai, quien habló de los inmigrantes como quienes
esparcen enfermedades tales como hepatitis, tuberculosis, Sida y sabe Dios qué más.

Ningún
discurso sobre el Holocausto borrará estas palabras de instigación y difamación
contra los inmigrantes. Ningún discurso conmemorativo hará desaparecer la
xenofobia que se ha levantado en Israel, no sólo en la extrema derecha, como en
Europa, sino totalmente dentro del gobierno.

Tenemos un
primer ministro que habla sobre lo maléfico, pero que está construyendo un muro
para evitar que los refugiados de guerra golpeen las puertas de Israel. Un
primer ministro que habla del demonio, pero comparte el crimen del bloqueo a
Gaza, ahora en su cuarto año, dejando a un millón y medio de personas en
condiciones terribles. Un primer ministro en cuyo país los colonos perpetran pogromos
contra palestinos inocentes bajo la consigna "price tag" (ataques a poblaciones
palestinas cada vez que el ejército israelí desmantela alguna colonia reputada
ilegal, como una forma de presión sobre el ejército), lo cual tiene horrorosas
connotaciones históricas, pero el Estado no hace virtualmente nada contra estos
hechos.

Este es el
primer ministro de un Estado que arresta a cientos de personas de izquierda que protestan
contra las injusticias de la ocupación y de la guerra de Gaza, mientras que al
mismo tiempo otorga perdón masivo a los derechistas, quienes manifiestan contra
la retirada. En su discurso de ayer, Netanyahu, al igualar la Alemania nazi con los
fundamentalistas de Irán, no hace más que propaganda barata. Es como degradar el
Holocausto. Irán no es la
Alemania nazi, Ahmedinejad no es Hitler. Igualarlos no es
menos espurio que igualar los soldados de Israel con los nazis.

El Holocausto
no debe ser olvidado, no hay necesidad de compararlo con nada.

Israel debe
tomar parte en los esfuerzos para mantener su memoria viva, pero debe hacerlo
con manos limpias, limpiando el mal en sus propias acciones. Además, no debe levantar
la sospecha que está cínicamente usando la memoria del Holocausto para borrar o
desdibujar otras cosas. Lamentablemente, éste no es el caso.

Qué hermoso
hubiera sido si Israel se hubiera tomado el tiempo de examinarse a sí mismo en este día internacional de la conmemoración del Holocausto, mirando hacia
adentro y preguntando cómo es que el antisemitismo ha levantado cabeza en el
mundo, precisamente el año pasado, el año después de que fueran arrojadas las
bombas de fósforo blanco sobre Gaza. Qué hermoso hubiera sido si, en este día internacional del Holocausto, Netanyahu hubiera declarado una nueva política
para la integración de los refugiados, en vez de su expulsión, o levantado el
bloqueo a Gaza.

Miles de
discursos contra el antisemitismo no extinguirán las llamas de la Operación Cast Lead (invasión a
Gaza), llamas que amenazan no sólo a Israel, sino a todo el mundo judío.
Mientras Gaza está bajo bloqueo e Israel se hunde en su xenofobia
institucionalizada, los discursos del Holocausto permanecerán huecos. Mientras
el mal permanezca endémico entre nosotros, ni el mundo ni nosotros seremos
capaces de aceptar nuestras prédicas a los otros, aun si ellos lo merecen.