13/08/2020

La CRCI y la lucha por la internacional revolucionaria

Este documento fue aprobado por el Comite Nacional del PO el 16/3 para el debate del XXVII Congreso.

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1. La lucha de nuestro Partido por poner en pie una internacional obrera revolucionaria adoptó, a partir de los ’90, la forma del Movimiento por la Refundación de la IV Internacional, el que hacia 2004 daría lugar a la constitución de la CRCI. Nuestro método fue la lucha por la refundación inmediata de la IV Internacional, sobre la base de un programa y delimitaciones políticas, como una respuesta concreta a la situación y los desafíos históricos planteados, en oposición al método reivindicado por diversas fuerzas del trotskismo de abocarse a remontar los infinitos hilos que diferencian “ideológicamente” a las distintas organizaciones. Este movimiento fijó sus bases constitutivas y una delimitación estratégica en la reunión de Génova de 1997, en la que se reivindicó la actualidad de la lucha por la revolución socialista y la dictadura del proletariado, el rechazo a los frentes de colaboración de clases, la necesidad de la lucha por revoluciones sociales y políticas en los países donde había sido expropiado el capital, y la reivindicación de la elaboración de una estrategia anticapitalista basada en el método de las reivindicaciones transicionales. Estas bases políticas y programáticas trazaron, a su vez, una delimitación estratégica con el Secretariado Unificado que, reclamándose la continuidad histórica de la IV Internacional, se había constituido desde hacía más de 30 años en un apéndice de la democracia burguesa; con su reivindicación de la “Democracia Socialista”, su vuelco al movimientismo y su planteo de sustitución del proletariado por la pequeño burguesía como sujeto revolucionario. En Génova, se estableció que la lucha por la refundación de la VI Internacional planteaba la derrota política del SU, por su carácter contrarrevolucionario.

El congreso fundacional de la CRCI aprobó sus Tesis programáticas y un estatuto, junto a resoluciones políticas de diverso orden. El programa de la CRCI ha tenido el mérito de trazar caracterizaciones y pronósticos fundamentales para un reagrupamiento orientado a poner en pie una Internacional obrera revolucionaria. El método de partir de la tendencia del capital a su autodisolución se demostró correcto para prever el desarrollo catastrófico del capitalismo mundial, como lo ha confirmado todo el derrotero económico, social y político posterior al estallido de la crisis de 2007/08. La ampliación económico-social y geográfica de la dominación capitalista, con el progreso de los procesos restauracionistas en los ex Estados obreros degenerados, llevó a la desmoralización política de una parte significativa de la izquierda, la que profundizó su accionar oportunista en los marcos del régimen, en algunos casos más abiertamente y en otros en forma más solapada. La caracterización formulada en las tesis de 2004 -de que los procesos de restauración capitalista en los ex Estados obreros degenerados lejos de ofrecer una larga vía de desarrollo y estabilidad para el capital planteaban, por el contrario, una agudización de todos los antagonismos precedentes- se ha visto confirmada por las guerras militares, comerciales y monetarias que se desarrollan a escala internacional y por el surgimiento y desarrollo de levantamientos populares. Esta caracterización, con todas sus implicancias políticas y estratégicas, representó una línea divisoria de aguas, entre la izquierda revolucionaria, de un lado, y la izquierda democratizante, del otro.

Los estatutos de la CRCI, por su parte, no solo ratificaron los principios políticos-programáticos redactados en Génova, sino que también establecieron que la CRCI adoptaba para su funcionamiento el método del centralismo democrático, la salida rigurosa de prensas de partido de parte de cada sección nacional y el sostenimiento económico de la Coordinadora. De esta manera, los estatutos de la CRCI, en oposición a la puesta en pie de nuevas “charcas discutidoras”, al “federalismo” organizativo y al propagandismo, defendían la construcción de una organización militante, y fijaban los principios organizativos de una Internacional obrera revolucionaria, entendida como el partido mundial de los trabajadores.

Nuestra reivindicación de la CRCI representa, antes que nada, la reivindicación de un programa y de un método político-organizativo de construcción revolucionaria.

2. La votación de un programa y de los estatutos de la CRCI, sin embargo, no aseguraron el funcionamiento de la organización ni tampoco una orientación política correcta de los partidos integrantes frente a las situaciones políticas de sus países para abrirse paso en la conquista de sectores amplios de la vanguardia e influencia política en las masas. Rápidamente el funcionamiento votado entró en contradicción con la política y la madurez de las fuerzas que integraban la CRCI. Fue así por ejemplo que solo durante los tres primeros años existió una correspondencia internacional con boletines internos internacionales y se cumplió con la salida de una publicación común: El Obrero Internacional. Este, sin embargo, solo fue editado e impreso por el PO. Las rebeliones populares y los grandes realineamientos y giros políticos que tuvieron lugar como fruto del desarrollo de la crisis capitalista pusieron a prueba la consistencia de las organizaciones de la CRCI. El alejamiento de algunas organizaciones fue el reflejo de una evolución política antagónica a la establecida en el programa de 2004. Así, el rechazo de Causa Operaria de Brasil a sostener financieramente a la CRCI fue la pantalla de su involución a una disolución política detrás del frente popular encabezado por el PT de Lula. En otros casos, se evidenció una marcada inclinación propagandística, opuesta a la construcción de partidos de combate. Esta inclinación fue acompañada por obstáculos decisivos para el desarrollo de una militancia común y la puesta en práctica del centralismo democrático.

Las tendencias propagandistas y sectarias se manifestaron tempranamente dentro de la CRCI. El abstencionismo del grupo Oposición Trotskista (después de la muerte de Bacherer), en las elecciones bolivianas de 2005, fue el ariete para su evolución a una completa marginalidad política y su posterior disolución como organización. En contraste con esa orientación, la CRCI se definió por el voto a Evo Morales contra el candidato del imperialismo, aunque sin brindarle ningún apoyo político al nacionalismo indigenista. La CRCI mostró así la plasticidad que puede tener una política firmemente anclada en los principios cuarta internacionalistas, buscando empalmar con un giro político de las masas.

La deriva de este proceso llevó a que la CRCI se encontrara, en el momento del estallido de la bancarrota capitalista internacional de 2008 -claramente prevista y caracterizada por nuestra corriente-, en una parálisis. El estallido de la crisis capitalista mundial ¿iba a provocar una revitalización política-organizativa de la CRCI? Nuestro partido, en 2010 y en 2012, impulsó dos Conferencias Latinoamericanas, apoyado en su creciente desarrollo político, potenciado por la enorme lucha librada ante el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra y en el ascenso político-electoral del Frente de Izquierda desde el 2011. Más tarde, en 2016 y 2018, impulsamos dos nuevas Conferencias. Pero ninguna de las organizaciones participantes pudo cumplir con el requisito básico establecido en los estatutos de la CRCI y ratificados en las propias Conferencias: la salida de periódicos regulares de partido. El POR de Chile terminó en una disolución político-organizativa, y Opción Obrera de Venezuela, que no superó nunca una sobrevivencia parasitaria, evolucionó a posiciones chavistas. La carencia de una prensa periódica de parte del PT (U) -es decir, de la elaboración de una delimitación metódica y sistemática del frente popular- lo inhabilitó a captar, a su escala, parte del retroceso del Frente Amplio en las elecciones pasadas. Por el contrario, el PT (U) sufrió un retroceso electoral a índices extremos de marginalidad (0,06%). En relación a la pregunta arriba formulada la respuesta correcta es que las crisis capitalistas, incluso cuando tienen la dimensión planetaria de la comenzada en el 2008, no son suficientes para revitalizar e impulsar a las fuerzas revolucionarias si estas no establecen una orientación política, programa, consignas y métodos adecuados, que den cuenta de las condiciones objetivas y subjetivas de la situación que deben enfrentar, con el propósito excluyente de construir partidos de combate que busquen influir de modo decisivo en el proletariado. Cuando esto no ocurre las crisis capitalistas agravan las tendencias disolutorias y paralizantes, porque ponen de manifiesto la incapacidad de las organizaciones por abrirse un camino entre las masas.

Esto se puso de manifiesto en la lucha por una reactivación de la CRCI en Europa, donde se procesaban aceleradamente los giros políticos derivados de la crisis capitalista, chocó reiteradamente con las tendencias paralizantes de algunos de sus grupos. En cuatro ocasiones fracaso un trabajo común para convocar a Conferencias Europeas. Quedó de manifiesto el carácter completamente parasitario del PCL de Italia, incapaz de vehiculizar la iniciativa, de sacar una prensa propia y de acercar a alguna organización europea a nuestra corriente. Esto volvió a manifestarse en el Encuentro Internacional del Sindicalismo de Bases en París, convocado por Solidaire de Francia y Conlutas de Brasil, donde el PCL concurrió no como parte de la CRCI, sino disuelto en un “Comité de Lucha contra el pago de la deuda”. Más atrás, el grupo norteamericano de Peter Jhonson, que al igual que PCL eran provenientes de la ITO, había expresado características similares.

A su vez, las lecciones del proceso boliviano no fueron recogidas por el EEK de Grecia, en el momento crítico de un giro político en ese país, producto de su hundimiento por la crisis capitalista. En el país europeo donde más a fondo se procesaron todas las consecuencias de la bancarrota capitalista; con la quiebra del propio Estado, el estallido de sucesivas rebeliones populares, la realización de más de 30 huelgas generales, el ascenso al gobierno de la llamada «izquierda radical», bajo la consigna «por un gobierno de la izquierda» y, posteriormente, su capitulación frente a los planes de austeridad de la troika; el EEK no superó nunca su marginalidad política-organizativa. Mientras el PCL proponía un ingreso del EEK a Syriza, el Partido Obrero planteaba intervenir con la consigna «Por un gobierno de la izquierda y los trabajadores», para terciar en la crisis de los partidos del régimen y plantear una salida de los trabajadores ante el ascenso de la centroizquierda de Tsipras. La polémica entablada por nuestro partido en torno a la táctica a seguir en la crisis griega no fue recogida por el EEK, ni encarada en el seno de la CRCI. Más preocupante aún es que la dirección del EEK nunca se preocupó de presentar un balance serio de este fracaso político, limitándose a desarrollar posiciones genéricas sobre las tendencias generales a la crisis del capital. Pero una fuerza proletaria debe aprovechar esas crisis para influir más entre los trabajadores, reclutar a la vanguardia y transformarla en cuadros socialistas. Lo contrario es reducirse a una secta de propaganda impotente. La falta de un balance de este fracaso agrava la situación, porque muestra que la construcción de un partido de combate fue abandonado incluso en tanto propósito, que es por cierto el paso inicial para su real materialización. Limitar los balances exclusivamente a la verificación de si tal o cual pronóstico se verificó encarna un método equivocado, porque ignora deliberadamente los resultados de la política seguida, que contiene múltiples elementos, entre ellos la disposición política y hasta física de una dirección por conquistar posiciones reales en las masas de sus respectivos países. Alejarse del charlatanerismo debiera ser tomado como un principio inviolable para quienes reivindiquen la lucha por la reconstrucción de la IV Internacional. Una conducta similar ha caracterizado al grupo uruguayo. Según su página de internet, durante el decisivo año 2019, en el que ocurrieron hechos tan determinantes como la derrota del Frente Amplio, editaron solo dos números de su prensa. Sobre el paro nacional de la PIT CNT de mediados del 2019 no sacaron siquiera un balance, incumpliendo el deber elemental de un partido que se llama de los trabajadores. ¿No son, todas estas, expresiones de una fundición política muy de fondo, que quieren ser encubiertas con posiciones mecanicistas sobre la crisis mundial? Las oportunidades que ofrece la bancarrota capitalista solo pueden ser aprovechadas si se logra traducir el programa revolucionario en una política concreta que empalme con las aspiraciones más elementales de las masas y los giros de la situación política.

3. Para superar la parálisis de la CRCI se resolvió de común acuerdo dar «un paso atrás» en el funcionamiento de la CRCI. Retomar un trabajo de coordinación con vistas a crear las condiciones para convocar a un nuevo Congreso Internacional que pusiera en marcha efectiva a la CRCI. Con ese propósito es que se realizó la Conferencia Internacional del 2018 en Buenos Aires, la salida de la revista «Revolución Mundial» y el Encuentro de Estambul, donde se votó una hoja de ruta (continuidad de la revista mundial, documentos a debatir -actualización de las bases programáticas votadas en el 2004, revisión del Estatuto-, etc.) para marchar antes de finalizar el 2019 hacia un Congreso de las organizaciones que nos reclamábamos de la CRCI. Este paso atrás no implicaba una renuncia a los propósitos originales fijados al momento de la fundación de la CRCI, sino que era un reconocimiento de la situación existente, sobre la que se aprobaron las medidas arriba señaladas para intentar un relanzamiento del trabajo.

Pero esta hoja de ruta militante fue rota por la acción de Altamira dirigida no solo contra el PO, sino también contra la CRCI. El intento de superar la acción rupturista de Altamira convocando a la reunión de «armisticio» en Atenas fue saboteada y rechazada por esta facción. Desde entonces, la acción rupturista de Altamira se acrecentó, trasladándose del plano nacional al internacional, donde se autoconstituyó en tendencia mundial. Los intentos del PO de retomar una acción en común de las organizaciones de la CRCI fueron rechazados e ignorados. A esta altura, la parálisis de la CRCI se transformó en total. Y ha derivado en una «feudalización» de la actividad internacionalista, lo cual es contrario al internacionalismo proletario.

4. Esta involución muestra que la ruptura de Altamira y su grupo con el Partido Obrero representó un salto cualitativo de la crisis que la CRCI arrastraba. Aunque desde hacía ya varios años nos habíamos puesto de acuerdo entre los partidos de la CRCI que esta, tal cual lo fijaban sus estatutos, había dejado de existir, es claro que nos seguía uniendo su programa fundacional y la intención de volver a revitalizarla como una organización militante en los términos del centralismo democrático. Tal cual lo señalamos en el documento de respuesta a la autoproclamación del DIP de Turquía como Tendencia Comunista Internacional de la CRCI, que figura en el BI N°1, «la separación del PCL de Italia, abrió una posibilidad para intentar el rearme de la actividad de la CRCI (Conferencia de Buenos Aires en marzo 2018, Encuentro de Estambul en febrero 2019, etc.). Pero la ruptura de Altamira con el PO sumergió, nuevamente, en la parálisis la coordinación de las organizaciones de la CRCI. Desde el 26° Congreso del PO no se ha podido retomar una mínima actividad internacional organizada de intervención en la lucha de clases». La incapacidad del EEK de Grecia y el PT de Uruguay de condenar la violación del centralismo democrático y el desconocimiento del XXVI Congreso del PO por parte de Altamira equivalen a una ruptura con una de las bases fundacionales fundamentales de nuestra organización internacional: la construcción de partidos de combate en todos los países, como secciones de la CRCI basadas en el centralismo democrático.

En gran medida, la posición adoptada por algunos de los partidos de la CRCI frente a la crisis desatada al interior del PO, desconociendo el XXVI Congreso y posicionándose en apoyo al grupo de Altamira, confirma las tendencias propagandísticas y sectarias que anidan en dichos partidos. Es, justamente, lo que caracteriza al grupo rupturista: su involución al propagandismo –la formulación de consignas sin contemplar el estadio concreto de la lucha y la conciencia de la vanguardia obrera y de las masas– y el sectarismo –el rechazo al frente único y la colocación de los intereses de grupo por encima de los intereses generales de la clase. Aunque en esta caso que analizamos se le agrega un hecho adicional, que por cierto ha estado presente en varios grupos trotskistas que involucionaron al grado de secta o directamente desaparecieron al correr de los años: nos referimos al culto a la personalidad a su fundador o líder. Los aduladores de Altamira lo definieron sin sonrojarse como un «hombre programa», para luego afirmar que el «partido es el programa», lo que aplicando consecuentemente la lógica aristotélica se llega a que el partido era Altamira. Esta adulación o culto a la personalidad fue uno de los rasgos clásicos de la degeneración de los grupos trotskistas. La ley más general mostró que la adulación al líder era indirectamente proporcional a la importancia del grupo. O sea, más reducido era el grupo, más infalible era su líder. Como lo señalamos en el artículo «La continuidad histórica del Partido Obrero», nuestro partido tuvo la suerte de ver una degeneración de ese tipo en el POR boliviano, lo cual permitió generar los anticuerpos necesarios para evitar que se repita una experiencia similar. El fin del POR de Bolivia y el grupo de Altamira tienen en común muchos rasgos: la impotencia propagandística, el culto a la personalidad, la defensa de un régimen de partido basado en decisiones personales y finalmente una fundición política que renuncia a desarrollar verdaderos partidos de combate. Esta fundición expresa la impotencia para luchar contra el nacionalismo burgués, al que por una u otra vía terminan adaptándose.

El dirigente del EEK, Savas Matsas, hizo propios la totalidad de los planteos levantados por Altamira, llegando a hablar de «las ambiciones electorales de la dirección del PO»: una injuria provocadora, que parte de desconocer nuestra construcción en las organizaciones obreras, en el movimiento piquetero y la memoria misma de nuestros mártires como Mariano Ferreyra. Al mismo tiempo, desconoce el carácter revolucionario de la campaña electoral realizada. Sin dudas, la más radicalizada desde la fundación del FIT y que tuvo un cierre callejero frente a la Embajada de Chile, en el inicio de la rebelión popular en ese país, el que fue boicoteado por el grupo rupturista de Altamira. Savas Matsas pasa la esponja a la posición de Altamira de intervenir con la consigna «Fuera Macri», cuando se desarrollaba a todo vapor el recambio de la burguesía argentina del quebrado gobierno de Macri, que terminó en el ascenso de un gobierno peronista que hoy pacta el ajuste contra las masas con el FMI de Kristalina Georgieva. El grupo de Altamira atacó públicamente al FIT Unidad, colocándose objetivamente como colateral de la vuelta al poder del nacionalismo burgués en la Argentina. El EEK boicoteó la campaña internacional de apoyo a las listas del Frente de Izquierda en las elecciones argentinas y lo mismo hizo el PT de Uruguay. Este último, dominado por la deriva de su dirección a una conducta de secta, bloqueó la realización de una Conferencia Latinoamericana en julio de 2019, la que había sido acordada con la LPS de Brasil y planificada por el XXVI Congreso del PO. Los entusiastas de la «iniciativa estratégica de la izquierda» privaron a la vanguardia latinoamericana de armarse política y programáticamente, a través de un proceso de debate, movilización y reagrupamiento en torno a una Conferencia Latinoamericana, para intervenir en las grandes rebeliones y resistencias populares que tuvieron lugar el año pasado. Del mismo modo, ahora se han lanzado a una cruzada contra la iniciativa de nuestro Partido de impulsar, junto al FIT-U, una Conferencia continental de la izquierda y el movimiento obrero. El PT de Uruguay prioriza su alineamiento con el grupo de Altamira por encima de la necesidad de reforzar un polo de la izquierda revolucionaria y los trabajadores a escala continental.

Un contraste con la actitud del EEK y el PT (U) lo marcó el DIP, que reconoció a la dirección electa por el XXVI Congreso del PO, condenó la ruptura del centralismo democrático, envió su solidaridad con los dirigentes de nuestro partido perseguidos por el Estado y montó una campaña para recoger el apoyo de numerosas organizaciones a las listas del FIT-U. Con el DIP existen, sin embargo, importantes debates políticos. El DIP ha dado cuenta de mantener posiciones de autoaislamiento frente a la emergencia de movimientos de masas que se han desarrollado en el último período a escala mundial; como el movimiento de lucha de la mujer, de la diversidad sexual o en defensa del medio ambiente. Esto ha sido enunciado por ellos, pero conocemos en forma fragmentaria su planteamiento político concreto al respecto. Estarían pasando por alto que «La IV Internacional reivindica la necesidad de ocupar un lugar destacado en todas las luchas provocadas por la opresión social o nacional y al lado de todas las clases, grupos o nacionalidades que sufran la opresión o la arbitrariedad». Y que «solo participando en las luchas contra toda, absolutamente toda, forma de opresión puede una vanguardia obrera reclamar su lugar en las filas combativas del proletariado industrial internacional» (Tesis 2004). El planteo del DIP de “refundar la III Internacional con el programa de la IV» refleja, de mínimo, una posición ecléctica y plantea la necesidad de avanzar en una clarificación política en regla.

5. En la lucha por la reconstrucción de la IV Internacional, el PO es impulsor de iniciativas que permitan un reagrupamiento de las fuerzas de la izquierda obrera y socialista, sobre la base de definiciones políticas y programáticas en el terreno de la independencia de clase y planes de acción común. Nuestro impulso a la realización de una Conferencia Latinoamericana convocada por el Frente de Izquierda-Unidad responde a una necesidad objetiva y subjetiva y ofrece, por lo tanto, una enorme oportunidad, pues plantea la ampliación del radio de influencia de la izquierda obrera y socialista de Argentina, que a lo largo de nueve años ha sostenido, con contradicciones, un bloque de independencia de clase no solo frente a la derecha «neoliberal» del macrismo sino especialmente frente al nacionalismo burgués encarnado en el kirchnerismo. Se trata de fortalecer a la corriente revolucionaria, apoyándose -en una Latinoamérica convulsionada- en la proyección de la política del Frente de Izquierda a escala continental. Esto significaría la proyección del método de la independencia política de los trabajadores, dejando planteada la emergencia de un «tercer bloque», diferenciado tanto de la derecha abiertamente proimperialista, fisonomizada hoy en el Grupo de Lima, como del nacionalismo burgués y el frentepopulismo, del Encuentro de Puebla.

La consumación de esta iniciativa amplifica el campo de acción y potencia la lucha por un reagrupamiento internacional consecuentemente revolucionario. Este, debe realizarse, necesariamente, en base a una delimitación con nuestros propios aliados del FIT-U. Estos tienden a ser arrastrados y entroncar con iniciativas y maniobras de la reacción o detrás de variantes nacionalistas o centroizquierdistas. En Venezuela, los partidos del FIT-U han oscilado entre una disolución detrás del chavismo (MST) y un coqueteo con el campo político hegemonizado por la ofensiva imperialista (IS). En Bolivia, la organización hermana de IS en una primera fase se sumó a la «insurrección» popular golpista. Luego, por la intervención de IS en el marco de su organización internacional (UIT-CI) rectificaron su posición. Se repitió, hasta cierto punto, lo sucedido en Argentina con el conflicto entre el gobierno K y las patronales agrarias: en una primera fase apoyaron al «campo» y luego se «rectificaron» (el MST se mantuvo hasta el final y eso lo hundió y lo dejó años más tarde fuera de la constitución del FIT). En Brasil, las corrientes del PTS, el MST e IS son tributarias del PSOL, una «colectora» electoralista del PT. Es decir, se disuelven –en forma oportunista- en el movimientismo electoralista. La clarificación de la política revolucionaria en delimitación con las tendencias centristas u oportunistas, en el marco de la Conferencia Latinoamericana convocada por el FIT-U, será un factor fundamental para el progreso de un reagrupamiento internacional revolucionario.

6. La defensa de la perspectiva de la CRCI plantea que sus organizaciones defiendan los principios del centralismo democrático y la lucha por construir verdaderos partidos de combate que echen raíces en la clase obrera y en los explotados de sus países. La defensa de estos principios conduce inexorablemente a reconocer el XXVI Congreso del Partido Obrero, condenando sin miramientos el rupturismo de Altamira y su grupo. Dicho de otro modo: la condena a la ruptura faccional de Altamira equivale a la defensa del método histórico propio del partido revolucionario y, por ende, la defensa de las bases constitutivas de la CRCI.

Al defender la legitimidad del XXVI Congreso del PO no solo defendemos al PO, sino especialmente, a la continuidad histórica y la vigencia de la CRCI. Esto es algo elemental.

En la lucha por la construcción de la internacional obrera y revolucionaria, es necesario combatir las tendencias al mero propagandismo y al sectarismo, y repudiar abiertamente las rupturas facciosas porque son opuestas a la construcción de partidos de combate. La lucha por la refundación de la IV Internacional tiene en el programa y en los estatutos de la CRCI un punto de partida ineludible.

16-03-20

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