18/09/2021

La crisis brasileña replantea la necesidad de una conferencia de la izquierda latinoamericana

La evolución de la situación política de Brasil y de la lucha y organización obrera es algo que interesa a los trabajadores y revolucionarios de toda América Latina.

Los diarios del mundo siguieron con atención el resultado de la jornada de movilización convocada por las fuerzas de ultraderecha bolsonaristas el 7 de septiembre. Muchos esperaban ver si se consumaba un autogolpe de Estado que instaurara un régimen abiertamente fascistoide como en Hungría, basado en un apoyo movilizado de sectores populares de la clase media, contra los trabajadores y la izquierda.

Una semana antes se reunió en Brasilia la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) que congregó a notorios dirigentes derechistas del mundo. La filial brasilera del CPAC está dirigida por Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente Jair Bolsonaro. Contó con una comitiva yanqui encabezada por el empresario Jason Miller, asesor del expresidente norteamericano Donald Trump. Este mantuvo entrevistas de “asesoramiento” con Bolsonaro y su hijo. Miller fue detenido en el aeropuerto internacional cuando estaba a punto de partir con un jet privado, por orden del juez Alexandre de Moraes de la Corte Suprema, para ser interrogado sobre su presencia en Brasil. Retenido durante algunas horas, finalmente pudo partir. Interrogado sobre su presencia dijo que había venido a apoyar la lucha por la libertad de prensa. Este procedimiento de interrogar a Miller, terminó de sacar de sus cabales al presidente Bolsonaro que insistió en pedir la cabeza de Moraes por “persecución política”.

Por otro lado, el lunes se dio a conocer un documento firmado por más de 150 parlamentarios, ministros y ex presidentes de 26 países. En el mismo alertan sobre los riesgos que plantean las movilizaciones organizadas para el día siguiente en apoyo a Bolsonaro, caracterizadas como una medida de “intimidación contra las instituciones democráticas del país”. Este documento fue impulsado por la llamada Internacional Progresista. En el mismo se denuncia el antecedente de haber hecho desfilar una división de tanques de las fuerzas armadas, ante la sede del parlamento en ocasión de discutirse la propuesta de voto propuesta por Bolsonaro, que fue finalmente desechada.

La ultraderecha internacional por un lado y el pseudo progresismo centroizquierdista y nacionalista burgués, por otro, mueven sus fichas en apoyo a las distintas alternativas burguesas, frente a la crisis en desarrollo en Brasil.

El gran ausente internacional fue la izquierda que se reclama revolucionaria, un factor esencial para ayudar a poner en pie a los trabajadores del Brasil atomizados por las burocracias de las centrales obreras. Estas no se diferencian de sus pares de la CGT argentina, subordinadas al gobierno de Alberto Fernández y a las cámaras patronales. Más que nunca es necesaria la convocatoria a una conferencia latinoamericana de la izquierda y del movimiento obrero combativo. No solo para coordinar y apoyar los levantamientos populares (Chile, Bolivia, Colombia, etc.) sino para impulsar el reagrupamiento clasista e independiente de los trabajadores. El resultado de la crisis brasilera en marcha, marcará fuertemente a los explotados del continente.

Por una segunda conferencia latinoamericana de la izquierda y el movimiento obrero combativo.