19/11/2021

La crisis de refugiados en la frontera de Polonia y Bielorrusia

Miles de personas varadas. Xenofobia estatal y represión.

La concentración de casi 2 mil migrantes en la frontera entre Bielorrusia y Polonia ha desatado una crisis en el viejo continente. Se trata de personas procedentes de Medio Oriente, que intentan ingresar a la Unión Europea a través del territorio polaco. Los viajantes llevan varias semanas varados, soportando temperaturas bajo cero y la represión del gobierno de Varsovia.

A lo largo del año, 8 mil personas han intentado ingresar al bloque desde Bielorrusia, un salto vertiginoso respecto a las 150 del año pasado (Anadolu, 18/11). En el mes de octubre, Minsk suspendió un acuerdo que la obligaba a acoger a los migrantes que llegan a su territorio con el propósito de seguir camino hacia la UE.

La dirigencia del bloque, Polonia y los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) acusan al gobierno de Aleksandr Lukashenko de incentivar adrede la llegada en aviones de migrantes para provocar una crisis, e incluso hablan de una “guerra híbrida”. El apoyo de la UE a la oposición bielorrusa en las elecciones del año pasado agrió las relaciones entre ambos bandos. A su vez, la UE acusa a Rusia, aliada de Minsk, de ser también responsable.

Polonia llegó a amenazar con recurrir al artículo 4 de la Otan, que plantea la apertura de consultas entre los socios de la alianza atlántica de cara a una posible intervención militar. Por su parte, los ministros de defensa de la UE dieron el primer paso hacia una misión militar conjunta de 5 mil efectivos.

Frente a la posibilidad de nuevas sanciones en su contra, el gobierno bielorruso advirtió que podría cortar el flujo de gas ruso hacia la UE, que es clave para el aprovisionamiento del bloque. Por el momento, las autoridades europeas se han concentrado en represalias y amenazas a las líneas aéreas involucradas en los traslados.

El conflicto se entrecruza con otro. Rusia ha incrementado su despliegue de tropas en la frontera con Ucrania, después de denunciar ejercicios militares de la Otan en el Mar Negro, frente a las costas de Crimea.

Este nudo de tensiones puede provocar consecuencias tan explosivas que hay un esfuerzo por abrir canales de diálogo. La canciller alemana Angela Merkel se comunicó en forma personal con Lukashenko varias veces.

Sin embargo, estos contactos han despertado resquemores en el gobierno polaco, que rechaza cualquier tipo de reconocimiento del líder bielorruso, tras el fraude electoral de 2020 (contra el cual se produjeron enormes movilizaciones populares).

Y aquí viene otro punto de fricciones. Si bien los mandamases de la UE y Polonia han cerrado filas frente a Minsk y los migrantes, están enfrentados entre sí a raíz de una reforma judicial del gobierno derechista de Varsovia, que Bruselas quiere liquidar. Se ha llegado a hablar de un eventual “Polexit”, o sea de la salida del país del bloque continental.

El telón de fondo de todas estas tensiones es el intento del imperialismo de avanzar en una colonización económica del este europeo, con la mira puesta en Rusia. En el caso de Bielorrusia, el régimen de Lukashenko defiende una apertura económica en sus propios términos.

Frente a la crisis de refugiados, los países europeos siguen incrementando la xenofobia y las medidas represivas. Polonia y Lituania, inclusive, están construyendo muros en sus fronteras con Bielorrusia. Siguen el camino de Hungría, que levantó un vallado con alambres de púa en sus límites con Serbia. Pero el problema se extiende a todo el continente. La tensión entre Francia y Reino Unido transforma a los migrantes en una bola de pinball que rueda entre las costas del Canal de la Mancha.

El imperialismo, que propició las guerras que han devastado Africa y Medio Oriente, es el principal responsable de las actuales estampidas migratorias.

Es preciso defender el derecho al asilo de los migrantes varados en la frontera de Polonia y Bielorrusia y de todos los refugiados. Frente a la xenofobia de los Estados, es necesario desarrollar la solidaridad y la unión de los trabajadores sin distinción de fronteras, contra el capital y sus gobiernos.

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