26/12/1996 | 525

La crisis mortal de Fujimori

Que un grupo como el MRTA, al que el propio gobierno calificó como «extinguido», haya logrado dar un golpe de tamaña envergadura en un objetivo tan estratégico como la embajada del Japón (segundo prestamista del Perú), en un día tan‘particular’ (allí se encontraba reunida la ‘comunidad diplomática’ de Lima y la ‘flor y nata’ del propio régimen: varios ministros, jefes policiales y hasta familiares de Fujimori), es un signo de la notable impotencia de los organismos de inteligencia del Estado, que fueron tomados por completo de sorpresa. En un país militarizado como el Perú, donde el poder efectivo –según el Financial Times (19/12)– lo ejerce un ‘triunvirato’ conformado por el propio Fujimori, Vladimiro Montesinos (jefe de los servicios de inteligencia) y el general Nicolás Hermoza (jefe del comando conjunto de las fuerzas armadas), semejante incompetencia es el síntoma de una imparable crisis política.


El golpe de mano del MRTA vino a agudizar, en realidad, una crisis política que ya se había manifestado abiertamente en las denuncias del general Robles sobre las masacres perpetradas por las Fuerzas Armadas. «De acuerdo a Michael Shifter, un experto en Perú del Interamerican Dialogue (un instituto cercano al actual gobierno demócrata de los Estados Unidos), el ataque ocurrió mientras los militares parecían haber estado focalizando excesiva atención en desacreditar al general Robles» (ídem). Otra manifestación de la crisis del régimen fujimorista son las denuncias públicas que involucran a Montesinos (el segundo hombre del régimen), y a otras prominentes figuras del entorno presidencial, en el tráfico de drogas y en escándalos de corrupción.


Más aún, con el golpe de mano del MRTA nos venimos a enterar que el famoso ‘milagro’ económico peruano no es tal: la recesión domina al país, la pobreza ha crecido todavía más en los últimos tiempos (el 50% de la población peruana se encuentra por debajo del ‘límite de pobreza’) y la desocupación y subocupación alcanzan al 90% de la población (Página/12, 22/12).


La manifestación ‘estadística’ de esta crisis es la fenomenal caída de Fujimori en las encuestas: del 70% al 48%, en apenas un solo año.


Esto explica el carácter de fachada que ofrece la unidad de la burguesía frente a la toma de la embajada. En el mismo momento de la ocupación, la mayoría de la Corte Suprema (5 sobre 7 miembros, todos ellos designados por el propio Fujimori) votaba la inconstitucionalidad de la reformal legal que le permitía una tercera reelección (Clarín, 28/12).


La ocupación de la embajada puso al desnudo el enfrentamiento entre los imperialismos yanqui y japonés —el primero reclamando el retome violento de la embajada para liquidar definitivamente a Fujimori; el segundo, al revés, en favor de una‘negociación pacífica’. Es que el gobierno de Fujimori ha dado una posibilidad enorme a la penetración económica japonesa, que los monopolios norteamericanos ahora están empeñados en limitar. Los términos de la ‘negociación pacífica’serían la desocupación de la embajada a cambio de un mejoramiento de la situación carcelaria de los presos políticos y un futuro inicio de negociaciones para la ‘integración política’ del MRTA.


Pero como Fujimori ha sido mortalmente herido por la decisión de la Corte, no hay que descartar que esté preparando una masacre y un cambio de bando hacia los yanquis.

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