La denuncia antimonopolio contra Google

Domina el negocio multimillonario de la publicidad online.

Ilustración de Prensa Obrera

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una demanda antimonopolio contra Google por la exclusión de competidores en el negocio multimillonario de la publicidad digital. Se trata de la tercera demanda desde 2020 contra el gigante tecnológico, propiedad del grupo Alphabet. Sin embargo, ninguna de ellas llegó hasta hora muy lejos.

De acuerdo a la presentación judicial, secundada por ocho Estados, Google posee un dominio excluyente de la publicidad en línea, gracias a una agresiva política de adquisiciones para eliminar competidores. Controla todo el proceso tecnológico para la compra y venta de anuncios, y la intermediación entre los sitios web que buscan publicidad y las marcas.

Actualmente, Google posee un servicio llamado AdX que conecta a los editores de las páginas con los potenciales publicistas. Está dirigido a sitios con mucho tráfico (visitas). También dispone de Google Ad Manager, que permite gestionar la publicidad y mejorar su rendimiento. Y Google Ad Sense permite a sitios más pequeños conseguir anunciantes; los editores reciben plata cada vez que un usuario hace click sobre los anuncios.

Por algunos de estos servicios, la subsidiaria de Alphabet se lleva comisiones que rondan el 30 por ciento, lo que el Departamento de Justicia considera un abuso que termina perjudicando a los creadores de sitios web, a los anunciantes y a los usuarios.

En 2020, bajo la administración Trump, el Departamento de Justicia ya había presentado una denuncia antimonopólica, debido a que el 90 por ciento de las búsquedas en Estados Unidos desde los ordenadores (95 por ciento en el caso de los móviles) se hacen desde el buscador Google. Para reforzar su posición en este mercado, Google se dio una táctica para que su buscador sea la opción predeterminada en celulares y PCs.

Además de la importancia política de controlar la búsqueda online, está de por medio el negocio de la publicidad asociada. Los buscadores rankean en una mejor ubicación a los sitios que pagan por ello.

En 2021, un grupo de fiscales norteamericanos demandó a Google por prácticas monopólicas en el caso de su tienda de aplicaciones Android. Denunciaron, por ejemplo, que Google quiso pagar a Samsung para que no abriera su propia tienda. Los desarrolladores de apps deben pagar una comisión del 30 por ciento a Android por las ventas que logran -en el caso de Apple, tiene una denuncia parecida por los manejos de su tienda Appstore.

El informe del Departamento de Justicia señala que Google mutó de una “start-up” innovadora en sus comienzos a un monopolio. Vale decir que esa tendencia a la concentración y a los monopolios es inherente a la propia dinámica de la acumulación capitalista.

El de las tecnológicas es un sector extremadamente concentrado, donde priman unos pocos grandes pulpos.

Los gobiernos, tanto norteamericanos como europeos, hablan mucho más de lo que hacen frente a esta situación. La propia demanda judicial que hace ahora el gobierno estadounidense no va más allá de proponer una desinversión parcial de Google para tratar de recortar su poder. La Unión Europea, en tanto, se ha limitado a instituir multas.

La denuncia contra Google se produce en momentos en que las tecnológicas atraviesan un proceso generalizado de despidos. La suba de las tasas de interés por parte de la Fed puso fin a las tasas negativas que aprovecharon estos grupos para expandir sus negocios. Además, la salida del pico de la pandemia redujo el comercio electrónico y el tiempo de los usuarios en pantalla.

El fin de estos monopolios capitalistas requiere otro sistema económico y social que tenga como cabeza política a la clase trabajadora.