08/05/2003 | 799

La jubilación privada a punto de quebrar

La clase media británica cree que su jubilación privada está más protegida que la de los europeos del continente, que tienen un sistema estatal de reparto. Tres años de colapso de los mercados bursátiles los despertó de golpe. Esa confianza ahora es una simple ilusión. Los fondos de pensión privados no están más protegidos que la jubilación prometida por el Estado. Esto es así tanto para los esquemas de contribución definida como para los ‘planes de oro’ (gold standard) de contribuciones definidas ocupacionales».


Esta cita, del insospechado diario británico Financial Times (17/3), es lapidaria; el informe agrega que los jubilados privados ingleses se están quedando casi sin jubilación y que «ya es muy tarde para Inglaterra impedir los problemas creados por esta clase de sistema jubilatorio». En otras palabras, según la gran burguesía el capitalismo británico ya no podría evitar que los trabajadores y la clase media de su país tengan un futuro de miseria.


Un ejemplo ilustra de manera clara lo que esto significa. «Maurice Jones trabajó en una fábrica textil durante 42 años. Por el plan de jubilación de su empresa, Maurice esperaba recibir una jubilación anual de 32.000 libras esterlinas. Pero la empresa quebró justo 2 años antes de su retiro jubilatorio. Fue despedido sin recibir nada por todos los años de aportes». (Financial Times, 7/3).


Con todo, la pérdida de la jubilación es sólo una parte del problema, porque además están yendo a la quiebra las empresas que tenían planes jubilatorios asociados. «La posición financiera de los fondos de pensión británicos se deterioró sustancialmente desde mediados de los ‘90». La razón es simple: los aportes de los trabajadores fueron invertidos en acciones, bonos y otros papeles que «cayeron sustancialmente de valor».


Entonces, «cada año se ensancha la brecha entre lo que se le debe pagar a los jubilados y pensionados y el valor de las inversiones de los fondos de pensión». Según el Financial Times, ese bache fue estimado por Morgan Stanley en 85.000 millones de libras esterlinas. En algunos casos, ese déficit es tan grande como el valor de las propias empresas: «por ejemplo, Rolls-Royce tiene un déficit previsional de 1.120 millones de libras esterlinas y el valor bursátil de la compañía es de 1.240 millones».


En Inglaterra, «casi el 40% de los haberes jubilatorios proviene de fondos privados y el 60% de la jubilación estatal» (FT, 17/12/02). Como sucede también en EE.UU., la jubilación privada puede provenir de planes de jubilación de empresas o de administradoras especiales, llamados de «beneficios definidos». Esto significa que, al jubilarse, el trabajador recibe una jubilación definida (como porcentaje de su sueldo) al margen de los rendimientos o quebrantos de las inversiones financieras realizadas con los aportes durante su vida laboral activa.


Entre 1987 y 2001, según el Financial Times, había 4.000 planes de jubilación de este tipo con enormes excedentes, porque los papeles financieros estaban tan inflados que superaban los compromisos jubilatorios con los trabajadores, por lo que las patronales redujeron sus propias contribuciones.


Pero con el desplome de bonos y acciones, no sólo se esfumaron los «enormes excedentes» de los fondos de pensión sino también los activos de las grandes empresas. Así, la calificadora de riesgo Standard and Poor’s (7/2) puso «bajo la vigilancia con perspectiva negativa la calificación de las deudas a corto y largo plazo de 10 grupos europeos en relación a sus obligaciones con las jubilaciones de sus asalariados» (Le Monde, 11/2). Los grupos, que no pueden cumplir con los planes jubilatorios de sus trabajadores, son nada menos que la siderurgica alemana Thyssen Krupp, Arcelor, Michelin, Deustche Post, GKN Holdings, Linde, Pilkington, Portugal Telecom, Rolls Royce y TPG.


En EE.UU. está pasando lo mismo. El Fondo de Garantía de las Jubilaciones Definidas (PBGC) pasó «de un excedente de 7.700 millones de dólares en 2001 a un déficit récord de 3.600 millones el último año» (The Economist, 15/2).


En EE.UU. la situación es más grave porque golpea tanto a grupos económicos como a los Estados. En la picota están, por ejemplo, Ford y General Motors; y no afecta sólo la jubilación sino también la salud. «La siderurgica Bethlehem Steel anunció el sábado 8 de febrero el cese de los pagos de ayuda médica y de seguro médico a sus 95.000 jubilados y sus familias» (Le Monde, 11/2), y esto luego de que «el Fondo de Garantía de las Jubilaciones Definidas (PBGC) tomó a su cargo el pago de jubilaciones por 4.000 millones de dólares que el grupo no era capaz de cumplir». La consecuencia es que ahora «los antiguos empleados del grupo siderúrgico tendrán un aumento explosivo de su cuota médica de 6 a 200 ó 300 dólares por mes. Para los mayores de 65 años, el programa estatal de ayuda médica (Medicare) tomará a su cargo algunos gastos, en especial los hospitalarios, pero no el descuento de los medicamentos, por ejemplo». (ídem).


A esto se agrega la crisis financiera de los planes jubilatorios de los Estados, que pasaron de «un superávit de 112.000 millones de dólares en 2001 a un déficit de 180.000 millones a fin de 2002» (Financial Times, 14/3). Los más comprometidos son Illinois, Ohio y Texas. Este déficit de los fondos de pensión representa «cerca del 36% de los ingresos impositivos de los Estados». (idem).


Ante esta bancarrota, lo que se buscó es que la crisis recayera sobre los trabajadores. «La mayoría de los planes fueron cerrados para los nuevos trabajadores, pero los trabajadores que tienen derecho a esos planes temen fuertes cortes en los haberes o incluso en el cierre de las empresas» (Financial Times, 6/3).


Ahora se pretende dar un paso más importante. Lo que las burguesías europea y yanqui plantean es subir la edad de jubilación y, además, transformar esos planes de pensión definidos en indefinidos, esto es, que la jubilación privada de los trabajadores dependa del valor de los fondos al momento de jubilarse, de tal manera que el trabajador asuma los riesgos financieros.


Así funciona en la Argentina la jubilación privada. Por eso, a pesar de que entre 1994 y 2001, «según el Ministerio de Economía, los recursos transferidos a las Afjp (por los trabajadores) capitalizados a lo largo del período alcanzaron los 37.376 millones de pesos o dólares» (Clarín, 9/3), a comienzos de 2002, por la devaluación y la caída de los rendimientos esos fondos valían 8.000 millones de dólares. Así, los trabajadores cargaron con la pérdida, lo que se traduce en jubilaciones más reducidas.

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