La masacre de Qana, el Crucero General Belgrano del sionismo

El asesinato de decenas de personas que se encontraban en un sótano de la ciudad libanesa de Qana, en especial una enorme cantidad de niños, ¿fue un ‘daño colateral’, o acaso el resultado de una estrategia de guerra fuertemente dependiente de la acción aérea?


No, según lo que informa el corresponsal de Clarín (31/7). El periodista Marcelo Cantelmi escribe que “Hasta el sábado prevalecía un programa de siete puntos libanés que tenía aval de Hezbollah para cesar hostilidades con el despliegue del Ejército regular de ese país en el sur, la devolución de parte de Israel de las Granjas de Chebaa, la entrega de los soldados retenidos por el grupo guerrillero el 12 de julio (...) y el acuerdo del gobierno israelí para no exigir por el momento el desarme de Hezbollah”.


“Rice se encaminaba ayer a visitar Beirut desde Jerusalén, para cerrar el convenio que ya tenía respaldo parlamentario en Líbano, donde Hezbollah cuenta con el 20% de las bancas”. Esta información es corroborada por Akiva Eldar (Haaretz, 31/7), quien asegura que “de acuerdo al plan que está negociando Condoleezza Rice, Hezbollah se retiraría de esta guerra habiendo arrancado a los prisioneros libaneses y a las Granjas de Chebaa de Israel, y aun así conservar parte de su arsenal”. Agrega que “la devolución de las Granjas de Shaba como una primera cuota de la devolución de los Altos del Golán, podría repetir aquel logro en el norte”, en referencia al acuerdo de paz que Israel firmó con Egipto hace treinta años y al cual califica como “la ganancia estratégica más importante” que haya obtenido Israel.


También confirma la posibilidad de un acuerdo un cable de AP en La Nación (30/7): “En la reunión de gabinete libanés de anteayer, dice, los dos ministros de Hezbollah aceptaron un paquete de medidas de paz propuestas por el Líbano, que incluye el despliegue de una fuerza internacional en el Sur y el desarme de la guerrilla.”


Luego de la masacre de Qana esta perspectiva se desbarató: “La noticia de la masacre, continúa Clarín, la demudó (a C. Rice). ‘No hay lugar en esta triste jornada para negociar’, la frenó el premier libanés Faoud Sinora” (The Wall Street Journal, 31/7, va más lejos, porque dice que “Rice abandonó sus planes de visitar Beirut para conversaciones debido a las protestas que estallaron en la ciudad. El primer ministro Siniora le pidió que no viniera”). El corresponsal de Clarín concluye entonces: “Lo cierto es que un cese de hostilidades en este momento no resultaría un buen negocio para Israel”. Un día antes el diario Haaretz había reclamado, en un titular, contra “La débil mano militar israelí”.


Como ocurriera en la guerra de Malvinas, cuando la Thatcher mandó hundir el Crucero Belgrano, que se encontraba fuera de la zona de guerra, con más de mil marineros embarcados, la masacre de Qana fue premeditada para torpedear cualquier acuerdo de cese del fuego que no signifique un cambio del mapa político en el Líbano y en Medio Oriente. No hace falta mencionar que este asesinato en masa de seres humanos indefensos fue la respuesta del ejército sionista a la derrota que sufriera tres días antes en la ciudad de Bint Jbeil, cuando perdió a nueve soldados a manos de Hezbollah. La televisión (la CNN especialmente) mostraría enseguida que en la zona no había rastros de cartuchos de mísiles de la guerrilla, pero sí abundante material servido del bombardeo israelí.