04/09/1997 | 555

La muerte de la princesa

Lo que en un comienzo fue presentado como una tragedia provocada por el acoso del periodismo fotográfico, resultó más tarde la consecuencia de un conductor borracho y ha abierto ahora hasta la hipótesis de un atentado. Esta última variante ha sido sugerida por la prevención que habría tenido la monarquía británica a la posibilidad de que su ex princesa se casara con un ricachón egipcio, lo que pondría a los hijos de Diana, sucesores al trono, bajo una influencia‘inconveniente’, y con medios hermanos de otra nacionalidad. El acompañante de Diana en el accidente estaba siendo investigado en Gran Bretaña por financiamiento ilegal de políticos del partido conservador. Dicho de otra manera, Dodi al Fayed era una especie de Yabrán que tenía a varios Picos a su servicio.


El romance trágicamente frustrado de la princesa, tiene entonces su fondo sórdido, como ha ocurrido con todos los romances reales en la historia. Esto tiene que tocar necesariamente una cuerda popular, como tan bien lo demostraron las tragedias de los griegos o de Shakespeare. Cuando Esquilo dijo que «nada humano me es ajeno», no se estaba refiriendo sólo a él. La muerte de la llamada «Lady Di» tiene una dimensión especial, entre otros motivos, porque es otra etapa en el proceso de descomposición que afecta desde hace bastante tiempo a la monarquía británica.


Hace pocas semanas, una encuesta mostró por primera vez a la población británica partidaria de la república. Luego de los escándalos sexuales y criminales del gobierno conservador, y de las revelaciones de la vida disipada que caracteriza a la corte, esto no debería sorprender. Después de todo, el ocaso del capitalismo inglés y el brutal empobrecimiento de su población transforma en una carga cada vez más pesada el mantenimiento de una dispendiosa monarquía. La conversión de Gran Bretaña en una república es un tema cada vez más discutido en los círculos imperialistas, que están considerando si un presidencialismo fuerte no es una variante más adecuada que una imprevisible familia real y una desprestigiada cámara de los lores.


La gran prensa procura ocultar estos temas con el latiguillo de la ‘princesa de los pobres’. Pero el imperialismo inglés ha hecho escuela en el envío de misionarios y samaritanos a Asia y Africa, para afirmar el colonialismo y la asimilación de los pueblos oprimidos. Es un viejo cuento. Lo que ha ocurrido aquí es que una monarquía decrépita se ha desnudado ante la opinión pública como una manga de zánganos, preocupada de que las ‘andanzas’ de una princesa no arrimara más castañas al fuego de su caída.

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