15/10/1998 | 604

La Otan al rescate de Milosevic, no de Kosovo

Después de seis meses de tolerar pasivamente la masacre del pueblo de Kosovo a manos de las tropas serbias, las potencias imperialistas y la Otan vuelven a amenazar al dictador serbio Milosevic con bombardeos aéreos, argumentando las consabidas ‘razones humanitarias’. Kosovo es una ex provincia yugoslava de mayoría étnica albanesa que reclama su independencia.


Durante esos seis meses, las tropas de Milosevic han perpetrado una verdadera masacre en Kosovo: asesinatos masivos de civiles, bombardeo de pueblos y aldeas indefensas, quema de viviendas. La llegada del crudo invierno balcánico hace todavía más desesperante la situación de los 250.000 kosovares obligados a huir de sus hogares. La derrota del Ejército de Liberación de Kosovo, la guerrilla independentista kosovar que en marzo llegó a dominar el 30% de su territorio es casi completa.


Una cama contra el pueblo kosovar


Las preocupaciones ‘humanitarias’ del imperialismo son pura hipocresía. Como lo denunciamos en Prensa Obrera hace dos meses (20/8), Estados Unidos ha sido el principal instigador de la masacre del pueblo kosovar. Presentándose como su ‘protector’ y amenazando a Milosevic con la intervención militar de la Otan, «Washington azuzó a los kosovares a pasar a la ofensiva sabiendo que serían masacrados o, más precisamente, para que fueran masacrados».


Esto es evidente incluso para otros. Morton Abramowitz, un ex alto funcionario del Departamento de Estado norteamericano, sostiene ahora que»deliberadamente, Washington le ha dado a Milosevic suficiente tiempo y espacio para quebrar la resistencia, antes que para restringirlo» (The Washington Post, 5/10). The Wall Street Journal (30/9) coincide en una nota editorial: «La verdad es que Occidente tomó la decisión consciente, aunque no pública, de permitir a Milosevic hacer su trabajo sucio en Kosovo. Occidente está lleno de justificaciones ‘razonables’ para hacer eso detrás de frases como ‘no estamos preparados para reconocer a una Kosovo independiente que es lo que quieren la dirección albanesa en Kosovo y el ELK’. O ‘si hubiéramos intervenido antes, habríamos fortalecido al ELK que, después de todo, es también una banda de forajidos’…».


El imperialismo norteamericano instigó la masacre para sacar de la impasse las negociaciones por una autonomía limitada de Kosovo bajo la tutela de Milosevic —es decir, una ficción de autonomía—. Esto, dice un editorialista norteamericano, equivalía a «querer meter nuevamente la pasta dental dentro del tubo» (The Washington Post, 2/10). Para imponer la salida imperialista de la ‘autonomía’, la población kosovar debía ser masacrada y fue masacrada.


Una política en ruinas


Ahora el imperialismo amenaza a Milosevic para preparar el despliegue de una ‘fuerza militar multinacional’ en Kosovo que garantizaría el cumplimiento de aquella ficción de autonomía. La misma presencia militar imperialista podría tener lugar, evalúan algunos analistas, sin bombardeos y bajo la cobertura de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE), en la que participa Rusia, aliada de Milosevic. El despliegue de estas tropas sería el objeto de las negociaciones ‘de última hora’ que mantiene el enviado especial norteamericano con el gobierno serbio. En resumen, las amenazas de la Otan tienen como objetivo reforzar su presencia militar en los Balcanes. Esta presencia es más necesaria que nunca porque toda la política del imperialismo en los Balcanes está en ruinas.


Estados Unidos acaba de sufrir una seria derrota política en las elecciones presidenciales de la ‘república serbia’ de Bosnia, donde la candidata que respaldaba fue derrotada por un nacionalista de extrema derecha, ex comandante de las milicias serbio-bosnias y acusado de crímenes de guerra.


El desplazamiento de tropas en Kosovo tiene en vista, también, la situación extremadamente inestable de Albania, «que tiene efectivamente dos gobiernos: el de Sali Berisha (el presidente derrocado por la revolución de marzo/abril de 1997) en el norte y el de Fatos Nano en el sur» (The Economist, 19/9). Los partidarios de Berisha realizaron manifestaciones armadas en la propia capital, en lo que el gobierno ‘oficial’ calificó como un intento de golpe de Estado. Poco después, Nano debió renunciar. La perspectiva de una inminente guerra civil entre las dos fracciones albanesas es más que una pesadilla para el imperialismo, dada su directa repercusión en Macedonia, Grecia y Yugoslavia.


Finalmente, está la situación explosiva en la propia Yugoslavia, donde los antiguos aliados, Serbia y Montenegro, han llegado a un punto de ruptura. En Serbia, se asiste a un derrumbe económico y a un ‘malestar social’ sin precedentes al punto que los ingresos por la venta de la mitad de las acciones de la telefónica estatal a la Stet italiana y a la Ote griega, por ejemplo, debieron destinarse al pago de jubilaciones y salarios atrasados en un vano intento de calmar el descontento popular contra el gobierno.


Fuera la Otan y el imperialismo de los Balcanes


Detrás de las amenazas de la Otan, no hay ‘razones humanitarias’ sino el intento de salvar un ‘orden’ imperialista en bancarrota. La única salida realmente humanitaria en los Balcanes es luchar por la expulsión del imperialismo y de las burocracias restauracionistas y criminales y por la unidad de los pueblos en una federación de repúblicas socialistas.