22/04/1999 | 623

La Otan define su objetivo: colonizar Europa del Este y Rusia

La reunión decidió «convocar a una conferencia sobre el sudeste de Europa ‘para determinar medidas de conjunto en favor de una estabilización, seguridad, democratización y reconstrucción de largo plazo de toda la región’…» (Financial Times, 16/4). El significado de estas ampulosas expresiones se encuentra en el ‘plan de estabilidad’ que había presentado poco antes el gobierno alemán con el objetivo de «anclar firmemente a los países del sudeste de Europa en las estructuras euro-atlánticas». Con la misma finalidad, «el Centro para el estudio de Políticas Europeas publicó propuestas para unir económica y políticamente a esa área con Europa». Después de la reunión, el primer ministro alemán, Gerhardt Schroeder, declaró «que la Unión Europea debía hacerse responsable por el desarrollo de la región, su infraestructura, sus niveles de educación y sus estructuras económicas y sociales».


No hubo que esperar mucho para ver concretados estos propósitos en los hechos, pues en ese mismo fin de semana el Banco Nacional de Grecia decidió adquirir una participación mayoritaria en el principal banco de Macedonia, alegando la necesidad de «ayudar a mantener la estabilidad en el sur de los Balcanes» (Financial Times, 18/4). Como el gobierno griego es un semialiado de Milosevic y el macedonio es de mayoría serbia, resulta claro que esta audaz operación económica, en medio de una guerra, es el reflejo de acuerdos preestablecidos. Después de aclarar que el Banco Nacional de Grecia «ya tiene sucursales en Albania, Bulgaria y Rumania, como parte de un plan para desarrollar una red regional en los Balcanes», el diario Financial Times comenta que esto «acelerará la reestructuración del sector financiero en Macedonia». Los monopolios griegos tienen invertidos mil millones de dólares en los Balcanes y son los principales inversores en Albania, Macedonia y Bulgaria. En plena guerra, sin embargo, la Bolsa de Atenas «sube a su tope máximo gracias al optimismo de los inversores» (Financial Times, 19/4), precisamente porque se vislumbra que Grecia ingresará el año que viene a la UE en una posición inversora privilegiada.


Un papel similar juega Italia en Albania, en especial desde que la Otan convirtió a este país en un protectorado para preparar una eventual invasión a Kosovo. Es así que «el Banco Italiano-Albanés, en el cual tiene una participación la Banca de Roma, dijo ayer que los bancos estaban trabajando duro para traer suficientes divisas extranjeras para satisfacer la demanda local» (Financial Times, 14/4). (Telecom Italia tiene una participación accionaria en la empresa estatal de teléfonos de Yugoslavia. Esta pasará a manos alemanas si se confirma la compra de la italiana por parte de Deustche Telekom.


 


Colonización político-económica


El diario inglés The Guardian (18/4) da incluso mayores precisiones. «Europa y Estados Unidos», dice, «están considerando una dramática oferta de posguerra a Yugoslavia y a otros países balcánicos para convertirse en miembros de la Otan y de la UE…». El planteo se encuentra contenido en el mencionado ‘plan de estabilidad’presentado por Alemania y que fuera redactado por el ministro verde-pacifista, J. Fischer. Según The Guardian, el plan fue reclamado durante meses por el enviado norteamericano a los Balcanes, Chris Hill. Este hecho pone de manifiesto hasta qué punto el proceso de la unión europea, lejos de ser antagónico al imperialismo yanqui, apunta al objetivo común de proceder a la dominación política de Europa oriental para darle perspectiva de éxito a la restauración capitalista en esa zona y en Rusia y a la penetración económica del imperialismo. La crisis rusa de agosto pasado y la continua declinación económica del ex bloque ‘socialista’ demuestran que la restauración del capitalismo es imposible sin el copamiento político de esos países por parte de los estados imperialistas. Los principales voceros capitalistas se han visto obligados a reconocer que «la continua caída de la producción (en esa región) enfatiza cuán larga y dificultosa es la transición del comunismo (sic) al capitalismo mercantil» (Financial Times, 16/4).


El objetivo de fondo de toda esta política es, naturalmente, el copamiento de Rusia. Por eso el plan de la Otan prevé que la conferencia regional de la posguerra sea convocada por la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), de la cual son miembros los países balcánicos y Rusia. «Vía la OSCE», dice The Guardian, «el involucramiento en una estrategia de estabilización de otros estados miembros, como los Estados Unidos y Rusia, está asegurada». Pero es precisamente la mediación de la OSCE lo que reclaman Rusia y Milosevic y los partidos comunistas de Europa y la Izquierda Unida de España, con la pretensión de darle una «salida europea» a la guerra en los Balcanes. Esta posición de los ‘comunistas’ expresa su completa reconversión al capitalismo, porque el autor de esta ‘salida’ es el imperialismo yanqui-europeo, con la inevitable participación de una ‘fuerza de paz’ que, como en Bosnia y Macedonia, donde ya participan los rusos, está comandada por la Otan. Es instructivo citar lo que Schroeder le declaró al parlamento europeo el miércoles 14, acerca «de que la crisis yugoslava debería servir como lección a la Unión Europea de la necesidad de expandirse al Este» (Financial Times, 15/4).


 


Protectorado en los Balcanes


La viabilidad del ‘anclaje socio-económico de Europa del Este y Rusia a las estructuras de la Alianza atlántica’, pasan antes por una resolución de la guerra en los Balcanes que convierta a la región en un protectorado de la Otan. Es lo que ya ha sucedido con Albania, donde todo el espacio aéreo y el aparato logístico del estado ha pasado a manos de la Otan. La guerra contra Yugoslavia le ha servido al imperialismo para resolver un problema ante el cual había fracasado el gobierno albanés: la reconstrucción del aparato del Estado luego de la revolución de marzo de 1997.


Aunque una invasión militar de la Otan tendría claramente el objetivo de convertir a los Balcanes en un protectorado, correría el riesgo de ampliar la crisis a otros países y crear una situación permanente de lucha guerrillera. Para evitar esta variante, está en marcha una propuesta que impulsan Alemania, el Vaticano y Rusia que contempla un cese del fuego concertado por 24 horas. Aunque el planteo no es apoyado por Estados Unidos y Gran Bretaña, la ministra yanqui, M. Albright, le hizo un ofrecimiento a Milosevic que va mucho más lejos todavía: «la posibilidad de que Yugoslavia mantenga fuerzas de seguridad en Kosovo» (The Guardian, 18/4). «Tenemos que ser realistas y flexibles», dijo en la reunión de la UE en Bruselas. El Vaticano se ha puesto al frente de todas estas iniciativas, reclamando la conferencia regional, la formación de una fuerza militar internacional y la intervención de la OSCE (Corriere della Sera, 17/4). Ninguno de estos planes prevé la posibilidad de la libertad nacional para Kosovo, según Clinton «porque no será viable económicamente». Dicho por un representante del Estado que ha intervenido a fondo por el desmembramiento de Yugoslavia y que, por otro lado, quiere ‘anclar’ a los despojos resultantes en la‘estructura de la Otan’, la afirmación es una completa hipocresía. El imperialismo no ha renunciado a hacer subir a Milosevic al plan de convertir a los Balcanes en un protectorado y al este de Europa en una semicolonia.


 


Por la derrota político-militar de la Otan


Como se puede concluir de todo lo visto hasta aquí, la guerra desatada por la Otan contra Yugoslavia sólo puede ser caracterizada correctamente a partir de toda la crisis mundial, la que, por un lado, ha provocado el desmembramiento del llamado bloque socialista y, por el otro, ha mostrado la inviabilidad de una restauración del capitalismo que no parta del copamiento de los Estados afectados por parte del imperialismo mundial. Pero estas mismas exigencias solamente pueden ser satisfechas provocando nuevas y mayores conmociones internacionales, como lo demuestra la guerra contra Yugoslavia.


No hay una finalidad humanitaria, ni podría haberla, porque la Otan ha estado desde el principio por la ‘redefinición del mapa’ de los Balcanes, lo que significaba la ‘limpieza étnica’. No es por casualidad que la Otan fue responsable del desplazamiento de 200.000 serbios de la zona serbo-croata de Krajina, en 1994, o que hasta hoy no haya podido asegurar el regreso a sus casas de los pueblos expulsados en Bosnia. La guerra contra Yugoslavia apunta a la colonización completa de Europa bajo la hegemonía del capital financiero y con el apoyo ferviente de todas las burocracias degeneradas que sobrevivieron a la disolución de la URSS. La solución imperialista de esta situación tendría finalmente un alcance más vasto, porque simplemente pondría bajo tutela militar a todo el medio Oriente y el golfo Pérsico, dos grandes zonas petroleras donde el imperialismo yanqui continúa su activismo, como lo prueba el ininterrumpido bombardeo a Irak y la implacable represión al pueblo kurdo.


Sin embargo, la Otan puede ser derrotada, a pesar de todo su poderío bélico. Ante la incapacidad de destruir la defensa antiaérea yugoslava, quebrar a su pueblo o promover un golpe militar, la Otan se ha dedicado a la demolición metódica del país. Pero esta furia de destrucción, con todos sus hipócritas ‘daños colaterales’, no es una salida política. El gobierno italiano acaba de perder un referéndum, apoyado por el gobierno y todo el centroderecha y el centroizquierda, que es toda una advertencia; el gobierno de coalición en Alemania podría caer, desestabilizando la política de recambio de la socialdemocracia. Proceder a la invasión por tierra, como ya se prepara, convertiría a esta guerra en una enorme crisis política internacional. Para el imperialismo mundial la salida menos costosa pasa por la colaboración de Rusia y de Milosevic y de toda la izquierda democratizante que propugna una salida ‘diplomática’ en el marco de las instituciones internacionales del imperialismo. Pero una salida de compromisos diplomáticos, incluso si es completamente proimperialista, no será ninguna solución a las descomunales contradicciones que afectan al conjunto de Europa. La actual crisis mundial simplemente no tiene salidas diplomáticas.


Es necesario comprender esta situación en forma clara, para poder oponer al derrumbe sangriento del sistema imperialista el internacionalismo proletario. La necesidad de una Internacional Obrera a partir de la refundación de la IVª Internacional está inscripta en toda la situación histórica del momento.