27/02/2020 | 1582

La política exterior de Alberto Fernández, a la medida del pago de la deuda

Hacia la Conferencia Latinoamericana de la izquierda

La hoja de ruta en materia de política exterior de Alberto Fernández viene acomodándose a las exigencias yanquis

Hay un principio que es admitido universalmente. La política exterior es una continuidad de la política interna. La política exterior refleja la orientación y los intereses de clase del Estado que la promueve. A través de la política exterior estamos en condiciones de tener una radiografía de gobiernos y regímenes, de su naturaleza, base social y propósitos políticos. 


Ateniéndonos a estas premisas es posible caracterizar esta nueva experiencia peronista en el poder. Alberto Fernández subió al gobierno prometiendo un polo alternativo al Grupo de Lima que, como es sabido, reúne en su seno a los gobiernos derechistas de América Latina y que viene actuando bajo la batuta de Trump y de Bolsonaro. El Grupo de Lima ha tenido un papel importante en el golpe de Bolivia y es un ariete fundamental en el apoyo a Guaidó y a todas las maniobras y conspiraciones en marcha, dirigida al derrocamiento del régimen bolivariano en Venezuela. Pese a las promesas de Alberto Fernández de abandonarlo, nuestro país ha permanecido en el Grupo Lima y, lo que es más importante, viene teniendo un rol más activo en el mismo. En Quebec, Canadá, acaba de tener lugar una nueva reunión del Grupo de Lima. El dato distintivo es que la voz protagónica estuvo en manos de Perú, Canadá y… Argentina. En Canadá representaron a la Argentina el vicecanciller, Pablo Tettamanti, y el subsecretario de Política Latinoamericana, Juan Valle. La Casa Rosada se involucró de manera directa en la crisis venezolana en una mediación junto a la administración del peruano Martín Vizcarra y el canadiense Justin Trudeau.


La negociación de estos tres países se realiza, a su vez, con el gobierno cubano, según lo confirmó el coordinador del Grupo de Lima, el peruano Hugo de Zela. Maduro ha manifestado su predisposición a que Fernández actué como interlocutor para un "diálogo" pero, más allá de ello, no se puede desconocer que el propósito de la mediación que alienta el gobierno argentino apunta a una transición que concluya con el desplazamiento del chavismo. En otras palabras, ensayar otra variante golpista, en momentos en que las salidas más cruentas y de fuerza vienen fracasando. Esto tiene el visto bueno de Guaidó, quien sostiene que “la Argentina será clave para resolver la crisis en Venezuela”, y el guiño del propio Trump, quien le ha encomendado la tarea de lograr la liberación de seis ejecutivos estadounidenses encarcelados en Venezuela. Aunque la misión fracasó, revela las estrechas conexiones que ha establecido la Cancillería argentina con el Departamento de Estado norteamericano. 


En el nuevo comunicado del Grupo Lima llamó la atención su tono, en comparación con las posiciones del año pasado, en el que se percibe la desaparición de términos como "dictadura", "sanciones". De todos modos, no hay ninguna condena contra el embargo y el bloqueo norteamericano, que, lejos de atenuarse, se viene agravando y que es un arma de la que el gobierno norteamericano no está dispuesto a privarse y cuyas consecuencias se hacen sentir brutalmente en el país caribeño. Maduro tuvo que declarar la emergencia energética como resultado de las represalias económicas estadounidenses. 


El Grupo Lima pidió "elecciones presidenciales libres, justas y creíbles". Y reclamó "una estricta adhesión al estado de derecho y el respeto de los derechos humanos". Marcó que Venezuela había sido llevada "por un camino de colapso económico, abusos de los derechos humanos, aumento de la criminalidad y destrucción del medio ambiente". Urgió a "una salida pacífica y democrática de esta crisis que se deteriora rápidamente", pero pidió que sean "los propios venezolanos” los que lideren el retorno a la democracia en Venezuela".


Maduro rechaza una convocatoria a elecciones presidenciales y está dispuesto, en cambio, por presiones de Moscú y Pekín, a convocar a elecciones legislativas. La Cancillería argentina estaría intentando meter una cuña en esta instancia, planteando que se den garantías para la presentación de los candidatos opositores sin restricciones, elección de un nuevo tribunal electoral y una suerte de tutelaje y control internacional de los comicios.


Alineamiento con Estados Unidos


Lo cierto es que la hoja de ruta en materia de política exterior del Alberto Fernández viene acomodándose crecientemente a las exigencias yanquis. La nueva administración ha mantenido un silencio cómplice con el asesinato del jefe militar iraní por parte de Estados Unidos, ha reconocido al gobierno golpista de Bolivia y a su cuerpo diplomático en Argentina, ha promovido y votado la ley nacional que habilita la entrada de tropas extranjeras al país y la salida de fuerzas nacionales para participar en las acciones contempladas en el llamado “Programa de Ejercitaciones Combinadas” que lleva adelante Estados Unidos en el continente. Semanas atrás, Fernández visitó a Israel en el cónclave presidido por el criminal sionista Benjamín Netanyahu en momentos en que Trump daba a conocer su plan para Palestina, una verdadera provocación contra los derechos del pueblo palestino. 


En la misma línea debe integrarse la búsqueda de limar asperezas con Brasil y el acercamiento con Bolsonaro. Felipe Solá, en su reciente viaje a Brasilia, expresó la voluntad del gobierno argentino en favor de una apertura del Mercosur, más predispuesto a flexibilizar sus cláusulas, a reducir los aranceles externos comunes y a la rúbrica de tratados de libre comercio. Esto es lo que viene fogoneando el ultraliberal ministro de Economía brasilero, Paulo Guedes, quien actúa de correa de transmisión de Estados Unidos, que viene pidiendo pista para una colonización económica y política de más alcance en América Latina, a expensas y en disputa con China y las propias burguesías locales. 


Esta agenda de flexibilización amenaza con barrer a sectores enteros de las economías sudamericanas a manos de las potencias capitalistas y agudizar la primarización. Lo cual se contrapone a la condena a esta política efectuada por el Frente para Todos en la campaña electoral, haciéndose eco de las quejas de importantes industriales frente a la firma del acuerdo con la Unión Europa. Las autoridades argentinas señalaron que comparten con el gobierno de Brasil la necesidad de que el Mercosur avance en acuerdos de libre comercio con Israel, la Alianza del Pacífico, Canadá, el EFTA (países del norte de Europa), Japón, Corea del Sur y Singapur. La apertura que ahora admite AF está lejos de ser algo inocuo y puede abrir una grieta con la burguesía industrial, que reclama una política de protección y subsidios en momentos en que crece la tensión en el frente agrario por su rechazo a las retenciones. Esto habla del fuego cruzado de todas las clases sociales que enfrenta esta nueva tentativa bonapartista en tiempos de default. La política de arbitraje con la que pretende conciliar los diversos intereses en disputa se estrella con la presión brutal y el condicionamiento extremo del imperialismo. La pirotecnia inicial sobre la autonomía y la creación de un polo progresista en la región con el mejicano López Obrador, en el marco del Grupo Puebla, está cediendo paso a un alineamiento mayor con Estados Unidos. La política exterior está hecha a la medida de los acuerdos con el FMI y los bonistas y al pago de la deuda, a cuyo rescate apunta la actual renegociación en curso. 


Que no se ilusione Fernández: la buena letra en materia de política exterior no lo va a salvar de tener que hacer frente a los pagos de la deuda externa y al ajuste que reclaman los acreedores. El sometimiento con el FMI es incompatible con los intereses populares. La única salida progresista pasa por la ruptura con el FMI y el repudio de la deuda usuraria. Esta tarea está reservada a los trabajadores, como parte de una transformación integral de la región sobre nuevas bases sociales. El levantamiento popular en Chile, que todo indica va a tener un nuevo pico en marzo, y la gran huelga petrolera en Brasil indican un nuevo capítulo en el ciclo de las rebeliones populares que han estremecido a América Latina el año pasado y que están lejos de apagarse. Esto destaca aún más la necesidad y la oportunidad de la Conferencia Latinoamericana, que se prepara para los primeros meses del año. La izquierda y el movimiento obrero combativo tienen el desafío y la obligación de impulsar un polo y una perspectiva independiente y revolucionaria para América Latina. 

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