02/05/2002 | 752

La quiebra de la burguesía europea

La ruina de las telecomunicaciones


Las empresas de telecomunicaciones están pagando un altísimo precio por la expansión de sus redes de fibra óptica y la compra de licencias de operación de los últimos años: la saturación del mercado las ha puesto en riesgo de naufragar en un mar de deudas.


France Telecom, que acumuló una deuda de 58.000 millones de dólares para financiar su expansión europea, registró el año pasado una pérdida récord de casi 9.000 millones; el valor de sus acciones cayó el 88% desde comienzos del año pasado. Al mismo tiempo, mientras se extendía en Europa, perdió un tercio del mercado francés a manos del grupo Viviendi (que en los días previos a las elecciones francesas encaraba una cuestionada «reestructuración» como consecuencia de sus grandes pérdidas en la TV por cable).


Una de las mayores inversiones externas de France Telecom se vio reducida a cero cuando NTL, el mayor operador de TV cable y conexión de banda ancha a Internet de Gran Bretaña, declaró la cesación de pagos de su deuda de 17.000 millones de dólares. Sus acreedores ya han acordado el desguace de la compañía.


El mismo panorama se extiende por toda Europa. British Telecom está siendo vendida por partes; la británica Marconi ha perdido el 99% de su valor accionario y su situación está «fuera de control»; Telecom de Italia, después de perder el año pasado 1.800 millones de dólares, se retira de los negocios europeos; la «aventura» de la Deutsche Telekom de ingresar al mercado norteamericano fracasó; la sueca Ericsson planea el despido de 32.000 de sus 107.000 empleados en los próximos dos años. «El colapso de las acciones de Vodafone (el principal operador británico de telefonía celular) se está convirtiendo en un derrumbe europeo de la telefonía móvil y está arrastrando a otras empresas (por el) temor de que dilapiden sus recursos en un vano intento de retomar su crecimiento de los últimos años» (Financial Times, 12/4).


La quiebra de Alemania AG


Alemania está siendo conmovida por dos grandes quiebras, la del grupo multimedia Kirch y la de la constructora Holzmann.


Kirch se ha hundido bajo el peso de una montaña de deudas «oficiales» de 5.800 millones de dólares, al que hay que agregar «deudas ocultas» en compañías fantasmas por otros 4.500 millones: es la mayor quiebra en Alemania en los últimos cincuenta años. El grupo alemán, el mayor multimedia europeo, había monopolizado la transmisión de la Fórmula 1, de la próxima Copa del Mundo de Corea-Japón y del fútbol alemán. La envergadura de la catástrofe es tal que la Bundesliga (la AFA alemana) estudia un urgente salvataje financiero de todos los clubes de la primera y segunda división alemanas por varios cientos de millones.


La constructura Holzmann, por su parte, ha quebrado apenas dos años después de que un salvataje impulsado por el gobierno evitara su caída.


Holzmann y Kirch no pudieron ser salvados porque sus principales acreedores, la banca pública no está en condiciones de hacerlo. A su vez, uno de los principales acreedores privados de Kirch y Holzmann, el Dresdner Bank, reconoció «que sus créditos incobrables han alcanzado un nivel intolerable» (Financial Times, 11/4). El Commerzbank, en los últimos dos años, no logró encontrar un comprador externo que cubriera el «agujero negro» de sus pérdidas (Financial Times, 20/4).


«Futuro horrible» para la banca


En un futuro cercano, dice un informe publicado en The Economist (4/4), no quedarán más que «cuatro o cinco grandes gigantes bancarios como el actual Citibank». Entre los probables candidatos, con la excepción del Deutsche Bank, no figura un solo banco de la Unión Europea. En consecuencia el futuro para grandes bancos europeos *como el francés Société Générale, el holandés ABN-Amro, los alemanes Commerzbank y Dresdner, o el español BBVA* es «horrible» (ídem).


Por el lado de las aseguradoras, Lloyds sufrió el año pasado pérdidas récord por 4.500 millones de dólares, que la empujan al «triángulo de las Bermudas» (Financial Times, 4/4), por primera vez, «todas las ramas del seguro, desde el seguro aéreo a las pérdidas de explotación de las empresas, han sido golpeadas al mismo tiempo» (Le Monde, 27/3).


«¿Fiat o fuiste?»


Fiat tiene un endeudamiento del orden de los 30.000 millones de dólares. Con pérdidas de 700 millones en 2001 (de los cuales 600 millones fueron ocasionadas por Fiat Auto), «el rédito operativo no alcanza a pagar la carga financiera». En consecuencia, el Banco de Italia «aconsejó» a los bancos más expuestos, a no abrir nuevas líneas crediticias a la Fiat.


Sus alternativas son vender parte de las sociedades que controla «para hacer caja» o, directamente, la venta a la General Motors que ya posee el 20% de las acciones. «¿Fiat o Fuit?», de Vladimiro Giacché).


Guerra comercial


En este cuadro, las posibilidades de las empresas europeas de hacer frente a la guerra comercial norteamericana son muy limitadas. «Estados Unidos *declaró no hace mucho un alto funcionario norteamericano* ha dejado de ser el ‘mercado de última instancia’, donde los europeos y asiáticos vuelcan su exceso de producción» (Financial Times, 19/3). En las industrias de la defensa (y en particular las que envuelven alta tecnología), el retroceso europeo frente a los norteamericanos es patético: Estados Unidos no sólo dispone de un presupuesto de investigación militar tres veces superior al europeo; además, el Pentágono ha impuesto un derecho de «veto» a la transferencia de tecnología militar y a la compra de empresas de defensa norteamericana por parte de sus «socios» europeos. En la vital tecnología satelital, Europa depende por completo de los Estados Unidos; el intento de la Unión Europea de montar su propio sistema satelital, llamado Galileo, ha sido calificado como «un elefante blanco, una enorme carga presupuestaria (…) de dudosas aplicaciones comerciales» (Financial Times, 19/3).


«La crisis capitalista condiciona a la Unión Europea y la crisis de ésta se manifiesta en la serie de crisis políticas en cada uno de sus países» (Jorge Altamira, «Las elecciones francesas», Prensa Obrera, 25/4).

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