La rebelión en Bolivia tiene cara de mujer

Campesinas, obreras e indígenas en la primera linea de la lucha.

Una enorme lucha contra el gobierno de Rodrigo Paz

La rebelión popular que atraviesa Bolivia porta un rostro históricamente oculto: el de las cholas, las comuneras campesinas, las trabajadoras, las indígenas de las comunidades originarias que sostienen en primera línea una de las luchas más profundas contra el gobierno represivo de Rodrigo Paz.

Mientras el Ejecutivo responde con militarización, persecuciones, detenciones arbitrarias y ataques a las organizaciones populares, son miles de mujeres las que organizan bloqueos, garantizan el abastecimiento de los piquetes, impulsan asambleas y enfrentan la represión en las calles. Las imágenes que recorren Bolivia hoy: en las rutas de Cochabamba, en las comunidades del Altiplano, en los barrios populares de La Paz y especialmente en El Alto, las mujeres aparecen como una fuerza organizadora de primer orden. No sólo participan de las medidas de lucha: son parte fundamental de su dirección cotidiana. Allí donde el gobierno intenta quebrar la movilización mediante la fuerza, encuentra una resistencia sostenida por las propias comunidades y por mujeres que han hecho de la organización colectiva una tradición histórica.

Cada gran irrupción de las masas bolivianas tuvo a las mujeres indígenas y trabajadoras entre sus principales protagonistas. Las mujeres mineras organizadas en Comités desempeñaron un papel decisivo en las luchas contra las dictaduras militares y en la resistencia a los planes de ajuste. La figura de Domitila Barrios de Chungara se transformó en un símbolo internacional de la lucha de las mujeres trabajadoras bolivianas y de la capacidad de la clase obrera para enfrentar a los gobiernos de turno.

Décadas después, durante la Guerra del Gas de 2003, fueron nuevamente las mujeres de El Alto, junto a las organizaciones vecinales y obreras, quienes sostuvieron los bloqueos y enfrentaron una represión que dejó decenas de muertos. Aquellas jornadas insurreccionales terminaron provocando la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada y dejaron una marca indeleble en la conciencia política de las masas bolivianas. La experiencia demostró que cuando los trabajadores, el campesinado pobre y las comunidades indígenas irrumpen en la escena política, ninguna fuerza represiva puede gobernar del mismo modo.

La actual rebelión hunde sus raíces en una crisis económica y social cada vez más profunda. La escasez de combustibles, el encarecimiento de los productos básicos, la degradación de las condiciones de vida y el agotamiento de un régimen incapaz de ofrecer una salida a las masas han impulsado un vasto movimiento de lucha. Como ocurre en toda crisis social, son las mujeres trabajadoras quienes sienten con mayor fuerza el deterioro de las condiciones materiales de existencia. Son ellas quienes deben enfrentar diariamente el aumento del costo de vida, la falta de recursos en las comunidades y la ausencia de respuestas por parte del Estado.

Las mujeres de las comunidades indígenas concentran en su experiencia social muchas de las contradicciones fundamentales de la sociedad boliviana. Son trabajadoras explotadas, forman parte de pueblos históricamente sometidos por las oligarquías nacionales y el imperialismo, y cargan además con gran parte de las tareas que el Estado descarga sobre las familias obreras y campesinas. Por eso, cuando la crisis social estalla, aparecen como una fuerza de combate extraordinaria.

La presencia de las cholas en los bloqueos y movilizaciones tiene además un enorme significado político. Durante décadas, las clases dominantes bolivianas buscaron relegar a los pueblos originarios a una condición de subordinación económica, social y cultural. Sin embargo, cada episodio decisivo de la lucha de clases en Bolivia ha mostrado que las comunidades indígenas constituyen una de las principales reservas de combate contra el régimen social existente. Las mujeres ocupan un lugar central en esa experiencia.

Frente a quienes intentan presentar la crisis actual como una simple disputa entre distintas alas del poder político, la participación masiva de las mujeres trabajadoras e indígenas pone de manifiesto el verdadero contenido del proceso en curso. Lo que se desarrolla en Bolivia es una rebelión popular alimentada por reivindicaciones sociales profundas y por el rechazo creciente a un régimen incapaz de resolver los problemas más elementales de las masas.

Desde Argentina, la clase trabajadora debe seguir con atención y solidaridad esta lucha. Más aún cuando el gobierno de Javier Milei ha expresado su respaldo político al gobierno boliviano y cuando existen denuncias sobre distintos mecanismos de colaboración con un aparato estatal que responde a las movilizaciones mediante la represión. La defensa de las libertades democráticas, el rechazo a la persecución de luchadores y el apoyo a las organizaciones obreras, campesinas e indígenas bolivianas forman parte de una misma lucha internacional contra los gobiernos del ajuste y la entrega.

La figura femenina y las tareas de la rebelión

Las mujeres de las comunidades han demostrado una enorme capacidad de organización, sacrificio y combate. Pero la experiencia histórica también muestra los límites de las rebeliones cuando su dirección permanece subordinada a sectores que buscan preservar el orden social existente. La enorme energía desplegada hoy por las masas bolivianas sólo podrá abrir una salida favorable para los explotados si se traduce en una organización política independiente de los trabajadores, el campesinado pobre y las comunidades indígenas.

La lucha que recorre Bolivia vuelve a poner sobre la mesa una de las lecciones fundamentales de la historia latinoamericana. Las tareas políticas pendientes no pueden ser resueltas por ninguna variante de la burguesía ni por gobiernos que administran la crisis en beneficio de los capitalistas. Sólo pueden encontrar una salida mediante la intervención política independiente de los trabajadores en la lucha por el poder.

La rebelión boliviana tiene cara de mujer porque son las mujeres de las comunidades quienes sostienen algunos de sus combates más heroicos. Pero su protagonismo no expresa únicamente una cuestión de representación. Expresa la entrada en escena de uno de los sectores más explotados y oprimidos de las masas latinoamericanas. En esa irrupción se encuentra una de las claves para comprender la profundidad de la crisis boliviana y también las posibilidades abiertas por la lucha de quienes buscan terminar con un régimen de explotación, hambre y sometimiento.

Comunicado de la misión internacional de derechos humanos a Bolivia
Reproducimos el texto difundido por la delegación argentina que fue deportada en Bolivia este 15 de junio. -
prensaobrera.com
Bolivia: a pesar de la represión, masiva marcha en La Paz reclamó "¡Fuera Paz!"
El gobierno sancionó un estado de excepción que no logra aplicar a fondo. -
prensaobrera.com