La toma del castillo de Beaufort por Israel y los siglos de opresión colonial en el sur del Líbano

Un punto estratégico y símbolo de una larga historia de opresión colonial e imperialista sobre los pueblos árabes.

Castillo de Beaufort.

La reciente toma del Castillo de Beaufort (Qala'at al-Shaqif) por parte de las fuerzas de ocupación israelíes es una metáfora de la continuación de una larga historia de control territorial, despojo y violencia imperialista sobre el pueblo árabe. Situada a unos 700 metros de altura sobre un acantilado que domina el río Litani, esta imponente fortaleza medieval vuelve a convertirse en un punto estratégico y símbolo de sometimiento.

Opresión feudal y las cruzadas

Antes de que los cruzados europeos plantaran sus banderas en el siglo XII, la roca ya había sido utilizada por culturas anteriores. Sin embargo, fueron los señores feudales de Occidente quienes, bajo la bandera de la fe católica, construyeron la estructura central del castillo en 1139 para consolidar el Reino Cruzado de Jerusalén.

Beaufort nació como una fortaleza del colonialismo. Fue diseñada para garantizar la extracción del excedente agrícola de los campesinos locales, proteger las rutas comerciales de la aristocracia feudal y mantener bajo amenaza constante a las comunidades árabes e islámicas de la zona.

La fortaleza cambió de manos en 1190, cuando el líder musulmán Saladino la recuperó tras un sitio histórico, aunque los cruzados aún volverían a ocuparla. Los mamelucos la reconquistaron en 1268 y terminaron de reconstruirla. Durante los siglos de dominio del Imperio Otomano y luego en el mandato colonial francés, Beaufort quedó como una ruina imponente, testigo de la fragmentación impuesta a los pueblos del Medio Oriente por las potencias imperiales.

El siglo XX: la trinchera de la resistencia

El rol de Beaufort cambió súbitamente en las décadas de 1960 y 1970. Con el auge de los movimientos de liberación nacional libanesa y palestina en el sur del Líbano, el castillo se transformó en una posición defensiva de la resistencia contra el sionismo y el imperialismo.

Milicias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y de las organizaciones de la izquierda libanesa se asentaron en sus ruinas. Desde esas alturas el pueblo en armas intentaba frenar las constantes incursiones terrestres y los bombardeos del Estado de Israel.

La herida de 1982 y la larga noche de la ocupación

En junio de 1982, durante la invasión israelí al Líbano (Operación Paz de Galilea), Beaufort sufrió uno de sus capítulos más destructivos. Tras un feroz bombardeo que dañó gravemente la estructura histórica, las fuerzas israelíes tomaron el control. El primer ministro de ese entonces, el terrorista Menájem Beguín, visitó el sitio para exhibirlo como un trofeo de guerra.

Hasta el 2000 Israel transformó el sitio arqueológico en una base militar fortificada con búnkeres de hormigón. Desde allí el ejército de ocupación y sus aliados títeres locales del Ejército del Sur del Líbano, controlaban y hostigaban la vida cotidiana de los pueblos agrícolas circundantes. Ese año, ante la presión de la resistencia libanesa, las tropas israelíes fueron expulsadas; no sin antes dinamitar parte de sus propias estructuras de hormigón, dañando aún más las bases medievales del castillo.

La repetición del ciclo colonial

La nueva toma de Beaufort por parte de Israel vuelve a exponer el colonialismo sionista. El uso de la fuerza para anexar y ocupar posiciones estratégicas en territorio libanés y fragmentar cada vez más a las poblaciones del sur del Líbano.

Beaufort expone la larga cronología de agresiones imperialistas en la región, pero también es un recordatorio de que la resistencia popular puede derrotar a los opresores.

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