04/04/1996 | 488

La ‘vaca loca’ derriba a Majors y desata una colosal crisis económica

“Puede ser peor que el Sida”. Con este pronóstico, el microbiólogo John Pattison definió la perspectiva de la propagación de la “enfermedad de Creutzfeld-Jakob”, una infección cerebral degenerativa que inevitablemente ocasiona la muerte. La enfermedad es provocada, al parecer, por el consumo de carne y leche proveniente de vacas infectadas por el “síndrome espongiforme bovino”, la llamada enfermedad de la ‘vaca loca’.


El centro de propagación de la enfermedad es Gran Bretaña, donde se detectaron casi 160.000 casos de ‘vacas locas’ en los últimos diez años. El alcance de la enfermedad es, sin embargo, mucho más amplio: por cada vaca enferma que es sacrificada, existen dos vacas infectadas congeladas a la espera de consumidores humanos (Le Monde, 26/3).


El anuncio del gobierno británico de que la enfermedad de la ‘vaca loca’ podría transmitirse a los seres humanos provocó, de inmediato, “un cataclismo económico y social” (Financial Times, 25/3), el estallido de una guerra comercial entre los ‘socios’ de la Unión Europea y una crisis política que está haciendo tambalear al débil gobierno de John Major.


Mercado


La enfermedad es provocada por un virus –llamado prion– que originariamente se encontraba sólo en las ovejas. El mecanismo que llevó el virus a las vacas –y de éstas a los humanos– no obedece a ningún “desastre natural”, como sostiene el Financial Times ; por el contrario, es un mecanismo enteramente social: el ‘mercado’. Por eso, el semanario británico The Observer señala que “no es sorprendente que la crisis haya tenido lugar en Gran Bretaña, punta de lanza de la desregulación” (Le Monde, 26/3).


A fines de 1985 se registró el primer caso de la enfermedad de la ‘vaca loca’ en Gran Bretaña. Seis años antes, el gobierno de la Thatcher había relajado todos los controles sobre la sanidad animal y alimenticia con el ‘argumento’ de la ‘desregulación’. Por ese entonces, el ministro de agricultura thatcheriano declaraba que la ‘desregulación’ “refleja el deseo de los ministros de que la industria determine ella misma la mejor medida para producir productos de alta calidad” (ídem). El ‘motor’ del capitalismo, sin embargo, no es la ‘calidad’ sino la ganancia. Los productores de alimentos para ganado vacuno comenzaron a bajar sus costos –es decir, a aumentar sus beneficios– utilizando despojos de ovejas infectadas (y más tarde de vacas) para fabricar las harinas con que se alimenta al ganado inglés. Para ahorrar combustible redujeron la temperatura a la que se procesa la carne para producir estas harinas (lo que impedía la eliminación del virus). Obtuvieron así un proceso de producción “mucho más barato” (Financial Times, 24/3). La sistemática utilización de alimentos infectados no sólo extendió el virus de las ovejas a las vacas sino que, además, lo hizo más dañino y violento (ídem).


El gobierno conservador es señalado como responsable de la propagación de la enfermedad. Sólo en 1989, tres años después del primer caso de ‘vaca loca’, prohibió la utilización de animales infectados para la fabricación de harinas para el consumo del ganado vacuno (y sólo hace pocos días la prohibió para la fabricación de alimentos para cerdos y aves). Tardó todavía más (bien entrada la década del 90) en prohibir la venta de cerebros vacunos (donde se concentraban los virus) para consumo humano. Pero como el gobierno no reembolsaba a los ganaderos el costo de las vacas infectadas que éstos debían sacrificar, “a los primeros síntomas de la enfermedad, los ganaderos enviaban el ganado al mercado en lugar de sacrificarlo” (International Herald Tribune, 25/3). La razón de la ‘parálisis’ oficial es que un ataque a la enfermedad hubiera herido los intereses del lobby ganadero y de la industria agroalimentaria, que cuentan con poderosos apoyos en el partido conservador.


La muerte de diez personas en 1995 como consecuencia de una variedad extremadamente dañina de la enfermedad de Creutzfeld-Jakob, provocó la crisis actual, al obligar al gobierno a anunciar la posibilidad de transmisión de la enfermedad de las vacas a los hombres. Aun con estos antecedentes, el viceprimer ministro Michel Heseltine y una parte considerable de los ministros se opusieron vivamente a que el gobierno reconociera la posibilidad de la transmisión de la enfermedad a los seres humanos (ídem). Claro está, para no arruinar el negocio de los ganaderos …


Guerra comercial y “cataclismos macroeconómicos”


Con el anuncio gubernamental se desplomaron las ventas internas  de las carnes británicas y se cerraron sus mercados de exportación.


La resolución de la Unión Europea de prohibir la exportación de carne británica a todo el mundo es el poco disimulado inicio de una guerra comercial agropecuaria entre los ‘socios’ europeos. Los británicos reclaman que la Unión Europea financie una de las eventuales soluciones —la matanza de los millones animales potencialmente infectados o mayores de 30 meses—, que podría insumir hasta 30 mil millones de dólares. Francia, Alemania y Holanda se oponen tajantemente. La disputa por los fondos del ‘programa agropecuario común’ —utilizados habitualmente para sostener a la agricultura y la ganadería europeas cuyas producciones no encuentran lugar en el mercado— es el nudo de la ‘guerra’ entablada entre Gran Bretaña y Europa.


El “colapso de los mercados externos” (Financial Times, 23/5) y la desaparición de consumidores internos han provocado una caída del 15% en los precios de la carne; las acciones de las compañías procesadoras de alimentos han caído hasta en un 30% en pocos días (Newsweek, 1/4). Gran Bretaña perderá 1.000 millones de dólares anuales por sus exportaciones de carne; sin embargo, “el mayor cataclismo macroeconómico” (Financial Times, 24/3) provendrá de la importación de leche, uno de los pocos rubros en que Gran Bretaña era autosuficiente. La necesidad de importar leche agregará más de 1.500 millones de dólares anuales al ya abultado déficit comercial británico. La matanza de los animales infectados provocaría una prolongada y profunda depresión económica, cuyo paso inicial sería la pérdida de 350.000 empleos en las industrias directamente relacionadas (alimentos, fabricación de maquinarias agrícolas, mataderos) y la quiebra de numerosos ganaderos. Hay que agregar, además, la perspectiva de un crecimiento sistemático del déficit fiscal, para financiar la matanza de animales infectados.


El capitalismo no puede escapar a sus leyes: el ‘mercado’ hundió al ‘mercado’.


“Un gobierno infectado”


La crisis desatada ha puesto al gobierno al borde del Knockout. Para la inmensa mayoría de la población, los gobiernos conservadores —el de Thatcher primero y el de Major después— son responsables no sólo por la propagación de la enfermedad sino también por el sistemático ocultamiento de sus gravísimas consecuencias. La ‘historia oficial’, repetida una y otra vez desde 1985, fue que la carne era “segura”…


Lo que le ha dado su envergadura a la crisis, sin embargo, es la perspectiva de una colosal crisis económica y financiera y de una guerra comercial con Europa, que afectará fundamentalmente a los ganaderos —una de las bases electorales del partido conservador— y a la gran industria agroalimentaria. Entonces, habrá llegado la hora en que el ‘mercado’ hunda al gobierno de los defensores del ‘mercado’.


La amenaza de “cientos de miles” (Newsweek, 1/4) de seres humanos infectados y la matanza de varios millones de cabezas de ganado son consecuencia de la insaciable voracidad capitalista por el beneficio. El capitalismo, se ha demostrado por enésima vez, es la barbarie.

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