30/09/1998 | 602

La victoria tardía de la socialdemocracia

Las encuestas daban empate y los grandes capitalistas ya se regodeaban con la posibilidad de ‘eine grosse Koalitione’ entre socialistas y democristianos. El propio candidato del SPD, el triunfante Schroeder, admitió días antes de los comicios su disposición a ser el segundo violín de un gobierno con la DC como prenda de conciliación para los grandes pulpos. Pero las urnas dijeron algo muy diferente, porque la democracia cristiana de Kohl simplemente se desmoronó a un 35% de los votos, en lo que equivale a una pérdida de 10 gruesos puntos o el correspondiente 30% de lo obtenido cuatro años atrás. Definitivamente, la derecha se encuentra en demolición provisional en todo el mundo a pesar de todos los esfuerzos izquierdistas para convertirla en un supuesto ‘enemigo principal’. Incluso en Brasil, está obligada a escudarse detrás del centroizquierdista Cardoso para seguir manejando los resortes del poder.


Para mayor desgracia derechista, el partido comunista consiguió el piso de votos necesario para entrar en el parlamento nacional, lo cual no ocurrió con ninguno de los grupos nazis. En algunos estados del este de Alemania, la socialdemocracia deberá gobernar con el acuerdo explícito o tácito del PC.


Lamentablemente para Schroe-der, su victoria tiene lugar cuando el centroizquierdismo ha empezado su decadencia. El desarrollo de la crisis mundial le quita a su próximo gobierno los escasos márgenes que hubiera tenido algunos años antes. Por eso se dispone a nombrar para Economía a un Billy Gates alemán, que ni siquiera está afiliado al partido. Un síntoma de la situación es que el candidato a ministro más apreciado por los patrones es el que iría a Trabajo, un burócrata de los sindicatos dispuesto a profundizar la flexibilidad laboral. Para ello ha diseñado un pacto social tripartito que prevé el retiro adelantado de los trabajadores de mayor edad, que recibirán una jubilación con descuento, para ser sustituidos por obreros jóvenes con sistemas de contratos precarios. Es así como la socialdemocracia pretende resolver la desocupación alemana que es del 15%, siempre que se incluyan en las cifras a los que se encuentran en cursos de capacitación.


Los escandalosos subsidios que se otorgaron para que la industria occidental desmantelara a la oriental luego de la absorción del Este, sigue condicionando al Estado alemán. Pero a esto se agregan ahora las enormes pérdidas de los bancos alemanes debido a la debacle rusa, las cuales se encuentran aseguradas por el Estado. La crisis fiscal alemana marca un límite muy fuerte al reaccionario ‘tercer camino’ de los Schroeder que acompañan a Blair, Clinton o Jospin. La crisis capitalista es inmune a los emparches, pero la socialdemocracia está más lejos que nunca de postular la reestructuración socialista de la sociedad.


Se ha llegado a esta situación de crisis también por la vigorosa reacción de los obreros alemanes a los embates capitalistas. Aunque no ha habido victorias, los retrocesos han dejado en pie enormes conquistas que, para los capitalistas, son intolerables. La prensa patronal está adelantando que, con el comienzo de la Europa de la moneda única, será inevitable una ofensiva concertada contra los trabajadores en toda Europa para adecuar los lugares de trabajo a las necesidades de mayor explotación capitalista. Habrá que vivir para verlo; el proletariado alemán tiene suficientes recursos para aplastar a sus capitalistas, aún teniendo en cuenta su enorme despolitización e incluso su conservatismo ideológico.

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