19/04/2021

Las elecciones en Groenlandia, la minería y la guerra comercial

El rechazo a un proyecto de explotación de uranio marcó los comicios.

Groenlandia, la isla más grande del mundo, celebró el martes 6 de abril elecciones al Parlamento.

Inuit Ataqatigiit (IA), un partido que se autodenomina de izquierda, ecologista e independentista y se presenta como defensor de los intereses de la comunidad inuit, la población autóctona de la isla, obtuvo la victoria con el 36,6 por ciento de los votos, 11 puntos por encima de lo que conquistara en las elecciones de 2018, mientras que el socialdemócrata Siumut, fuerza que ha dominado el panorama político nacional desde la autonomía groenlandesa en relación al Reino de Dinamarca en 1979, quedó en zaga con el 29,4 por ciento del padrón.

El triunfo de IA ha significado el fin de un controversial proyecto minero en la sureña región de Kuannersuit, el segundo depósito de tierras raras más grande del mundo y el sexto de uranio.

Trasfondo

La explotación de los yacimientos de Kuannersuit provocó en febrero pasado una crisis política de alto voltaje, que dio lugar a la convocatoria anticipada de elecciones, donde siete formaciones se disputaron los 31 escaños del parlamento local. El proyecto en cuestión resquebrajó al entonces partido de gobierno, cuyos miembros se dividieron a la hora de apoyar la iniciativa, provocando que su socio minoritario, el partido Demokratiit, retirara su apoyo de la coalición gobernante.

IA anunció que formará gobierno junto al partido Naleraq (también independentista), ya que necesita sumar escaños para tener mayoría en el parlamento.

El partido triunfante canalizó el rechazo popular al proyecto minero, con el que un 63 por ciento de la población está en desacuerdo, y prometió un fortalecimiento de la formación docente. Los ecologistas, sin embargo, advirtieron que están dispuestos a incentivar otras explotaciones mineras, las cuales supuestamente contarían con mayor aval popular.

La experiencia de las masas groenlandesas con la otrora fuerza gubernamental es un aspecto clave para entender el resultado de los comicios. Siumut ha desarrollado una política de represión y regimentación de la clase obrera, no ha logrado revertir el carácter “pesquero” de la economía nacional –más del 90 por ciento de las exportaciones corresponden a esta industria-, y, asimismo, buscó pilotear los vaivenes y contradicciones de la economía a partir de la superexplotación de inmigrantes. Mientras tanto, una cuarta parte de la población vive en pequeños asentamientos, sin acceso a servicios básicos, como lo fuera una atención médica adecuada o la educación (National Public Radio, 21/4/2016).

En 2014, la primera ministra Aleqa Hammond fue desplazada del gobierno como fruto de importantes protestas, que tuvieron su epicentro en Nuuk (capital), luego de que el uso mal habido de fondos públicos por parte suya sacudiera el tablero político nacional.

Groenlandia es una nación fuertemente tutelada por Dinamarca, cuyo vínculo, a pesar de la autonomía, conserva características coloniales. Copenhague controla el área de defensa y la política exterior de la isla, cuya economía depende profundamente, por un lado, de las subvenciones anuales de Dinamarca –más de 520 millones de euros-, que representan un tercio de su presupuesto, y, por el otro, del capital extranjero, sobre todo el danés. En 2009, el parlamento de Dinamarca dio su aprobación al nuevo Estatuto de Autonomía de Groenlandia, que reconoce su derecho a la autodeterminación y permite a Nuuk tomar los hilos de áreas estratégicas como la gestión de sus recursos naturales, lo que ha reavivado los planteos independentistas y de auto financiación.

La situación mundial

La importancia política y estratégica de los minerales de Groenlandia se ha incrementado exponencialmente en las últimas décadas, especialmente desde que China se convirtiera en líder mundial del rubro mediante el control de más del 80 por ciento del suministro global de tierras raras, piezas fundamentales para el desarrollo de productos electrónicos, energías verdes y armamento militar, por lo que aquellos yacimientos groenlandeses sin explotar podrían amenazar la primacía del gigante asiático. El grupo chino-australiano Greenland Minerals, que consiguió la licencia de exploración de Kuannersuit en 2007 y cuya aprobación quedó trunca después del resultado electoral, había despertado preocupación en Estados Unidos y Dinamarca.

Groenlandia ha sido durante mucho tiempo un área de interés para el imperialismo yanqui. Los ex presidentes norteamericanos Harry Truman y Donald Trump intentaron comprarla, aunque en ambos casos se han topado con el rechazo del gobierno danés. Truman ha conseguido igualmente que Dinamarca otorgue a Washington amplios derechos para desplegar a sus tropas en el territorio groenlandés, lo que ha devenido en el establecimiento de la base militar Thule –actualmente en funcionamiento, sumada a las bases instaladas en Islandia y Noruega-, crucial para la alerta temprana de misiles y la vigilancia del espacio aéreo en el marco de la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

El cambio climático convirtió otra vez a la isla en un territorio de disputas. El deshielo en la región ha comenzado a abrir nuevas rutas marítimas, que conectan Europa, Asia y América del Norte, y también ha generado las condiciones para la explotación de los recursos del Ártico, donde se calcula que existe un tercio del petróleo y un 30 por ciento del gas natural no descubiertos en el mundo, así como importantes depósitos minerales. Jugadores como Estados Unidos, Noruega y Rusia se encuentran hace tiempo en una carrera por controlar las reservas de gas y petróleo regionales, estimada en millones de barriles, habitualmente acompañados de grandes pulpos capitalistas como la British Petroleum, ExxonMobil, Shell o el gigante ruso Gazprom. El Pentágono dijo recientemente que vigila “muy de cerca” la actividad militar de Rusia en el Ártico, advirtiendo que Estados Unidos tiene sus “intereses” en esa región y que los defenderá ante un incremento de la militarización en la zona por parte de Moscú (DW, 6/4).

China, por otra parte, que ya está desarrollando rutas comerciales en la región y ha logrado firmar acuerdos mineros con Groenlandia, mientras mantiene la expectativa de avanzar en otros que incluyan la construcción de aeropuertos y muelles, ha dado a conocer hace unos años sus planes de estructurar una “Ruta de la Seda Polar”.

La desaparición del hielo tiene consecuencias devastadoras sobre el planeta y acicatea el calentamiento global, una amenaza, asimismo, para la fauna y para las 4 millones de personas que viven en esos territorios.

Como se ve, estamos ante una región donde se desenvuelven con crudeza la guerra comercial y las tendencias belicistas. Las amenazas del Pentágono contra los rusos, además, son un tiro por elevación a China, que viene pisando duro en la región.

Contra la voracidad del capital en crisis, que solo tiene para ofrecer desastres ambientales, choques entre las naciones y retrocesos socio-económicos, es necesario que la clase obrera emerja como un factor político independiente y una reorganización económica sobre nuevas bases sociales.

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