02/03/2020

Las elecciones en Hamburgo y la batalla contra las bandas ultraderechistas

Por Demian Molina Towers Desde Alemania

El pasado fin de semana se realizaron las elecciones de la ciudad autónoma de Hamburgo, en Alemania. La elección estuvo marcada en el último tramo por los acontecimientos en Turingia, donde la democracia cristiana y el partido liberal intentaron cerrar una coalición de gobierno junto con los nazis del AfD (Alternativa por Alemania), coalición que no logró superar las 24 horas, y por el atentado xenófobo de Hanau (Hesse), donde un atacante abatió a nueve personas.


La elección


A pesar de que los ganadores formales de la elección en Hamburgo fueron los socialdemócratas del SPD con el 39%, éstos retroceden siete puntos respecto a la última elección. En cambio, sus socios en el gobierno local, los verdes, duplicaron su crecimiento, logrando un 24,2%, por lo que son los grandes ganadores del comicio. Se especula que se repetirá la coalición de gobierno, con un mayor lugar político para los verdes.


El salto electoral de los verdes, que se ha visto ya en otros estados alemanes y en otros países europeos, muestra que están logrando canalizar –con independencia de su política procapitalista- la inquietud de franjas populares ante el calentamiento global y la depredación ambiental.


Los grandes perdedores fueron los compañeros de la canciller Angela Merkel, la democracia cristiana local (CDU), que cosecha el peor resultado de su historia en la ciudad, con el 11,2% (contra el 16% de la última elección). Algunos creen que los hechos de Turingia, donde el acuerdo electoral de la CDU con la AfD desató una crisis en el partido, explican este retroceso.


Die Linke (Izquierda) obtuvo el 9,1% (contra 8,5% de la última elección). En tanto, los nazis de la AfD lograron mantener su presencia en el parlamento regional, aunque sufren un retroceso (5% frente al 7,4% de la elección previa). 


La xenofobia, el nazismo y el AfD


La política alemana se ha visto sacudida por los hechos ya mencionados de Turingia, donde la democracia cristiana y los liberales violaron por primera vez el llamado “cordón sanitario” para forjar un acuerdo de gobierno con los nazis de AfD, que habían obtenido un resonante segundo lugar en la elección provincial. Este acuerdo pretendía bloquear un nuevo gobierno de Die Linke (ganador de la elección) con la socialdemocracia.


Si bien la fracción de Merkel terminó dinamitando el acuerdo, se ha roto en la CDU (que a nivel federal cogobierna con la socialdemocracia) el tabú sobre los acuerdos políticos con los nazis. Esto es una muestra de la enorme hipocresía de la fraseología “democrática” del gobierno alemán.


La AfD tiene su fuerte en las regiones del este. Si bien ya pasaron 30 años de la caída del muro de Berlín, y de la reunificación, las diferencias entre este y oeste siguen siendo muy pronunciadas. El este está menos industrializado, es más pobre, y ya ni siquiera cuenta con la protección estatal que había en la época del estado obrero burocrático. Sufre, a su vez, la dominación del oeste.


Este cuadro ha sido aprovechado por la AfD para crecer en los sectores populares, responsabilizando falsamente por la debacle alemana a la ola de refugiados que llega al país.


Se ve cómo surgen en el este, y en particular en ciudades como Dresde, organizaciones paraestatales de caza de migrantes y en particular de sirios, árabes y turcos. Claro está, el antisemitismo sigue presente y vemos ataques a sinagogas, aunque el principal eje xenófobo está hoy en día, en los migrantes refugiados. Vimos en 2016 la gran marcha nazi de Chemnitz. Vimos hace un par de meses cómo se declaró ciudad en emergencia nazi a Dresde, si bien se trató de una medida puramente demagógica, dado que las autoridades no dan un solo paso para desmantelar esa clase de grupos (al revés, proliferan las denuncias de la conexión de dichos grupos con los servicios de inteligencia y el aparato estatal).


En este contexto, en las elecciones del 2019, los nazis se transformaron en segunda fuerza en el estado federado de Sachen, lugar donde estos acontecimientos sucedieron. Con un aumento del 17,8% de la elección del 2014 hasta llegar a un total de 27,5%. Aquí también se verificó un gran retroceso de los cristianos de Merkel de 7,3% y de la socialdemocracia (de casi cinco puntos), pero también un descenso de la izquierda, que retrocedió un 8,5%. No obstante, los verdes avanzaron un 2,9%.


La debacle de los partidos tradicionales


Podemos ver cómo en dos regiones diferentes (Hamburgo y Sajonia), con realidades diferentes, hay una dispersión del voto de los partidos tradicionales, de los cristianos y de los socialdemócratas, que hoy gobiernan Alemania en una coalición. Por un lado, hacia un sector pseudoizquierdista (verdes) y por otro de extrema derecha (AfD), de lo más rancio que podemos encontrar.


Si bien es claro que existe una tendencia alcista de la extrema derecha nazi en Alemania, también es cierto que la población está dividida. Parte de la juventud busca una salida por izquierda, sin xenofobia, sin racismo y sin dar los pasos del pasado. Su expresión más notable son las grandes movilizaciones contra la derecha. Pero no encuentra un camino, no encuentra su lugar y termina dando paso hacia caminos reformistas, ecologistas y “amigos de la naturaleza”, pero sin una crítica a las grandes corporaciones industriales, por lo tanto, sin un cambio de fondo. Y así vemos crecer a los verdes. Die Linke, por su parte, desarrolla una política de adaptación a la socialdemocracia.


Ante la agudización de la crisis alemana y el desarrollo de tendencias a la radicalización política, se pone de manifiesto la necesidad del frente único contra las bandas fascistas y el desarrollo de una fuerza política revolucionaria que plantee la unidad socialista de Europa.

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