16/01/1997 | 526

Las elecciones generales de 1997 y la Oposición Trotskysta

Posición del Periódico Trinchera Revolucionaria - La Paz, Bolivia, diciembre ’96/enero ’97

Lenin lleva a su punto extremo la argumentación cuando recuerda que incluso en una situación insurreccional los bolcheviques participaron en elecciones: «Participamos, de setiembre a noviembre de 1917, en las elecciones al parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente».

 

Lenin recuerda que a pesar de que los obreros y campesinos estaban «excepcionalmente dispuestos» a disolver el parlamento burgués más democrático, los bolcheviques no lo hicieron.

 

Su conclusión es contundente: «está probado que, aún unas semanas antes del triunfo de la República Soviética, aún después de este triunfo, la participación en un parlamento democrático-burgués no sólo no perjudica al proletariado revolucionario, sino que le facilita la posibilidad de hacer ver a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos…».

 

Objetivos de la lucha parlamentaria

 

Lenin decía que el revolucionario va al parlamento burgués para «sostener una lucha prolongada, tenaz, sin retroceder ante ninguna dificultad para denunciar, desvanecer y superar dichos prejuicios» (prejuicios democrático-burgueses y parlamentarios que tienen las masas, N. de la Red.). Por eso que el parlamento se convierte en una escuela: «es imposible», decía Lenin, formar «jefes revolucionarios» buenos, seguros, probados, con autoridad «sin hacer pasar a los ‘jefes’, entre otras pruebas también por las del parlamento» (subrayado de Lenin).

 

Para concluir su arenga contra los loristas del ’20, Lenin les dice: «¿Quieren crear una sociedad nueva? ¡Y temen crear una buena fracción parlamentaria de comunistas convencidos, abnegados, heroicos, en un parlamento reaccionario! ¿Acaso no es esto infantilismo?».

 

Para el lorismo hay caducidad histórica y política

 

El lorismo parte de la inviabilidad de la democracia en la Bolivia atrasada. Pero no se detiene en esa tesis (caducidad histórica). Además, cree que casi siempre han «superado las ilusiones democráticas», por lo menos la última década (!), sí. Por eso, además de la «caducidad histórica» se presenta la «caducidad política».

 

Sin embargo, no se anima nunca a convocar a «disolver el parlamento» sino simplemente a la abstención y al voto en blanco, condenando al POR a su inactividad y a su desaparición en las elecciones. Justifica su afirmación en el «asco» de las masas frente al parlamento y a los parlamentarios. Y cree demostrada la corrección de su planteamiento cuando una y otra vez se constata el abstencionismo masivo y la tendencia permanente de las masas bolivianas a la movilización y a la acción directa para resolver sus problemas.

 

La política marxista no puede basarse en una supuesta «caducidad política» del parlamento por el «asco» que sienten los sectores de vanguardia y ni siquiera por el repudio de grandes sectores de la población al parlamento burgués y a la politiquería burguesa (corrupción, transfugio, demagogia, etc.). Para Lenin es «francamente criminal dejarse llevar por esos sentimientos».

 

Tampoco puede decirse que las masas en todo momento han superado las ilusiones democráticas, por la acentuada tendencia de aquéllas a recurrir a la acción directa y a la movilización. El criterio leninista es claro: si no estamos en condiciones de «disolver» el parlamento, no podemos lanzarnos al boicot; tenemos la obligación, como revolucionarios, de participar en las elecciones.

 

El lorismo utiliza un subterfugio diciendo que «participa» en las elecciones con voto en blanco o abstención. De esta forma, declara receso durante los procesos electorales y le sirve para tapar su pequeñez y su incapacidad. Además, le sirve para subrayar su supuesta «pureza revolucionaria». Los que van a elecciones son el imperialismo, la burguesía, los reformistas y los contrarrevolucionarios. Ellos, los superrevolucionarios, no pueden ensuciarse en ellas, porque… dan asco… Esa forma de plantear el problema es propio del infantilismo de izquierda.

 

Los leninistas-trotskystas decimos: la burguesía y el imperialismo llevan a sectores importantes de las masas al carro electoral democrático-burgués (aunque los revolucionarios no lo queramos) y es precisamente por ello que debemos introducirnos en ese campo, para llevar desde el vientre de las instituciones burguesas, a las grandes masas, el mensaje revolucionario. Hay momentos en los que la burguesía arrastra incluso a los sectores de avanzada de las masas, al campo electoral, como sucede, por ejemplo, en la lucha contra las dictaduras y por las libertades democráticas.

 

Es cierto que en algunas circunstancias puede servir el voto en blanco o la abstención, sobre todo cuando se puede crear una corriente activa en el seno de las masas que alimente esa tendencia. Pero es un absurdo convertirlos en la línea maestra de una organización que se reclama revolucionaria. No se puede confundir el abstencionismo de grandes sectores del campesinado, por ejemplo, con la superación de las ilusiones democráticas, porque ésta significa un nivel elevado en la evolución política. Esos importantes sectores demuestran simplemente que están al margen de la «democracia», que viven aislados, en su parcela, su comunidad o su tribu.

 

El lorismo no logra comprender que la política revolucionaria del proletariado tiene que proyectarse a todos los niveles, combinar la lucha legal con la ilegal, para llegar a las grandes masas. Se trata de hacer un gran partido de masas y no simplemente pequeñas sectitas. Lenin señalaba que la desesperación y el subjetivismo de la pequeña burguesía está en la base de estas desviaciones políticas y complementaba su crítica diciendo: «no saben razonar, no saben conducirse como partido de clase, como partido de masas».

 

Cretinismo antiparlamentario

 

Quienes critican a la Oposición Trotskysta son las sectas maoísta y lorista, que padecen de la enfermedad opuesta, el cretinismo antiparlamentario.

 

El maoísmo, por ejemplo, en Liberación Nº 19, plantea la consigna «Sabotaje total a las elecciones». Señala que cualquier participación en las elecciones burguesas, cualquiera que sea, es ya una demostración de que se trata de los «falsos izquierdistas» que legalizarán, legitimarán y prestigiarán a los candidatos burgueses. En esta concepción dogmática y antimarxista no entra para nada la concepción leninista de la obligatoriedad de participar en los parlamentos ultrarreaccionarios para combatir contra ellos, para difundir la doctrina revolucionaria de la destrucción del Estado burgués. A los maoístas les recordamos que ni siquiera estamos en guerra popular y prolongada para aplicar mecánicamente esta receta; resulta risible su posición en el sentido de que el abstencionismo DESTRUYE los cimientos mísmos de la «falsa democracia».

 

El lorismo está, en los hechos, en una posición similar. Si bien habla de que no rechaza en principio la actuación en el parlamento, casi siempre plantea la abstención y el voto en blanco. Justifica su posición con la supuesta «superación de las ilusiones democráticas» de las masas. Cuando participa en elecciones, lo hace como si estuviésemos viviendo un proceso insurreccional, como fue el caso en 1985. Es la negación de la política leninista al respecto.

 

Frente revolucionario

 

Hasta el momento, las diferentes candidaturas se vienen cocinando a espaldas de las grandes mayorías, girando en torno a determinados caudillos que pelean por fungir como candidatos, en los diferentes niveles. Se utiliza como instrumento de chantaje e imposición de los candidatos de cada capillita la inscripción en la Corte Nacional Electoral. Los inscriptos, Izquierda Unida, Eje Pachacuti y Frente de Salvación Nacional, buscan otras capillas que puedan darles mayor cantidad de votos.

 

Ciertamente que se trata de una pugna entre grupitos que no están preocupados en elaborar y plantear ante el país una clara respuesta revolucionaria frente al neoliberalismo y al post-modernismo. Nadie habla de la necesidad de estructurar la unidad en torno a un programa revolucionario que permita utilizar la lucha electoral y el parlamento como verdadera tribuna del pensamiento revolucionario.

 

La Oposición Trotskysta plantea esta perspectiva revolucionaria. Si no se puede concretizar en la perspectiva de participar con candidatos en la arena electoral burguesa, llevaremos adelante una campaña en el sentido de repudiar a todos los candidatos de la derecha y de la izquierda reformista. No por principio y tampoco porque las masas han superado eternamente las ilusiones democráticas, simplemente por la imposibilidad de utilizar un mejor canal en la perspectiva revolucionaria.

 

 

 

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