11/04/2020

Las tendencias a la guerra

Preguntas y respuestas del XXVII Congreso del PO

El XXVII Congreso del PO está llevando a cabo sus deliberaciones precongresales. En los plenarios relativos a la situación internacional surgieron distintas preguntas y problemas que esta sección buscará clarificar.


Las tendencias a conflictos bélicos están instaladas en el tablero mundial. Como lo destacamos en el informe internacional al Congreso, no se trata de un accidente sino que responde a tendencias profundas, de fondo, del orden social vigente. En lo que hace a la historia reciente, la guerra comercial derivada de la impasse capitalista ha actuado como estímulo para que se aviven todas las tensiones interimperialistas, por un lado, y la tentativa del imperialismo, empezando por el norteamericano, por colonizar China y el ex espacio soviético, avanzando en el proceso de restauración capitalista. Este escenario es el caldo de cultivo para la guerra. Nouriel Roubini, el economista que se hizo famoso por pronosticar la crisis financiera de 2008, plantea el riesgo de “renovados conflictos entre EEUU y sus principales antagonistas (China, Rusia, Irán y Corea del Norte) en la forma de guerras asimétricas”. Ya el economista hace tiempo viene advirtiendo acerca de una “creciente rivalidad estratégica con al menos cuatro poderes implícitamente alineados: China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Todos estos países tienen interés en desafiar el orden global liderado por EEUU y 2020 podría ser un año crítico para ellos, debido a las elecciones presidenciales y al posible cambio en las políticas globales del país”. El acuerdo logrado entre Estados Unidos y China -según Roubini- no pasa de una tregua precaria y destaca que “la guerra fría bilateral (entre ambas naciones) sobre tecnología, datos, inversión, moneda y finanzas ya está aumentando vertiginosamente”.


La pandemia potencia todas las tensiones, pues el derrumbe actual, tan rápido y vertiginoso, aviva los choques entre las propias potencias capitalistas, que pugnan por sobrevivir a expensas de sus competidores trasladándole el costo de la crisis y, de conjunto, aumentando sus ataques y agresiones contra los ex estados obreros. La intensificación de la guerra del Medio Orientey su reapertura en el norte de África, con la guerra en Libia, el conflicto de Ucrania que sigue latente, la prolongada guerra en Afganistán que continúa desangrando el país, el conflicto con Corea del Norte que sigue sin una resolución no son una sumatoria de conflictos regionales sino que tienen un alcance internacional. En dichos focos, se van ventilando las profundas y violentas contradicciones interimperialistas y la batalla estratégica por el sometimiento de Rusia y China. La injerencia y presencia militar imperialista, en primer lugar de Estados Unidos, en dichas regiones es un tiro por elevación contra Rusia y China. Los planes del Pentágono apuntan a reforzar un cerco contra ambos. La carrera armamentista se viene acelerando. Aun en tiempos de pandemia, EEUU no ha detenido los operativos militares y el despliegue de tropas en el Pacífico y en el Mediterráneo, a lo que se agrega, ahora, el desplazamiento de su flota en las costas de Venezuela.


Si es válido el pronóstico de una depresión, la perspectiva es una acentuación de las tendencias bélicas. No olvidemos que las depresiones preparan el terreno para las grandes conflagraciones mundiales. El crack del 29 desembocó en la segunda guerra. Entramos, en el marco de este nuevo colapso, en un escenario atravesado por crisis políticas, guerras y levantamientos populares.






 

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