04/12/2003 | 828

LCR: A confesión de partes…

Cuando François Ollivier describe por qué el Congreso de la LCR decide quitar de su programa «el concepto de dictadura del proletariado» (ver PO N° 827) demuestra que tiene una comprensión unilateral de la cuestión. Así sostiene que «… Lenin, Trotsky y muchos otros dirigentes bolcheviques han tomado medidas que han asfixiado progresivamente la democracia en el seno de las nuevas organizaciones revolucionarias. Se asiste a la sustitución de la democra cia de los soviets por el poder del partido, a la pérdida de sustancia de los consejos y comités, al rechazo a convocar una nueva Asamblea Constituyente…» (bastardillas mías).


François Ollivier asocia la dictadura del proletariado, exclusivamente a una democracia «más amplia». No dice nada de la expropiación a los capitalistas, del armamento de las masas, etc. Es decir que desconoce el contenido histórico y social de la dictadura del proletariado y la reduce a la que sería su forma más acabada y plena en su aspecto puramente político.


Ollivier considera que las medidas que tuvieron que tomar los bolcheviques en la naciente Urss atentaban contra la «sustancia de los consejos y comités»; debemos entender que no eran medidas de defensa del Estado obrero, sino lo contrario. Para él y el conjunto de la direccion de la LCR, no fueron medidas excepcionales; la LCR hubiera actuado de otro modo, como, por ejemplo, lo hicieron los sandinistas en Nicaragua, que garantizaron la completa libertad de acción política de los «contras» apoyados militarmente por los Estados Unidos. En aquella ocasión, el Secretariado Unificado había saludado, precisamente, el «pluralismo» de la revolución sandinista y los procesos electorales, es decir los metodos politicos que la llevaron a la derrota.


Según Ollivier, los bolcheviques habrían debido «convocar a una nueva Asamblea Constituyente», es decir suplantar la dictadura del proletariado por una nueva forma de dictadura de la burguesía, lo cual habría acabado no ya con la «sustancia de los consejos y comités», sino con los consejos mismos, con un paso atrás en la lucha de clases. Para los bolcheviques, el futuro de la dictadura del proletariado no dependía de las medidas impolutas de Ollivier, sino de los progresos de la revolución mundial. Había que «aguantar», de cualquier manera, para mantener el nexo con los que estaban luchando por la revolución en otros países, en particular Alemania. Previeron que de no producirse la revolución a escala mundial, el proceso de burocratización del Estado soviético sería irreversible.


Para los revolucionarios, la democracia formal es una forma de la dictadura del capital. Es necesario relacionar la forma del Estado con su contenido de clase. La democracia, el bonapartismo, el fascismo, etc. son algunas de las formas que adquiere un mismo Estado, la dictadura de la burguesía. Un Estado obrero puede, en algún momento de su desarrollo, negar ciertos aspectos de las libertades democráticas: puede, también, desarrollar características chauvinistas; y hasta puede tener tendencias burocráticas. Pero, en tanto Estado obrero, será la dictadura del proletariado.


Ultima mención. Dice Ollivier: «Sin mencionar que después de todas las experiencias históricas del siglo XX la palabra ‘dictadura’, con o sin calificativo, es aborrecible desde entonces. En primer lugar por nosotros mismos». La LCR se ha pasado con armas y bagajes a la ideología burguesa. Ahora resulta que es lo mismo Pinochet que Trotsky. Utiliza un prejuicio (de la propia LCR) para denostar la bandera más importante del socialismo realmente revolucionario.


El SU, dicho por Ollivier, no plantea la dictadura del proletariado, pero sostiene la dictadura de la burguesía: el terror que le infunde la palabra dictadura no le impidió votar por un verdadero dictador como Chirac, mientras que el SU brasileño forma parte del gobierno de ese país, que rebaja y privatiza la jubilación, que mete en cana a los luchadores populares, que asesina a los Sin Tierra, que intriga y maniobra con el imperialismo para ahogar la revolución boliviana, que se apresta a firmar el Alca, que congela los salarios, etc., etc., etc. Aquí vemos el verdadero papel de la posición «ideológica» y «de principios» de la LCR. Libera el camino para la más vulgar colaboración de clases.


El Secretariado Unificado es un agente de la contrarrevolución y ha hecho un acto de sinceridad política al reformar sus estatutos.

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