Libertad inmediata a la iraní amenazada de lapidación

La iraní Sakineh Mohamadi Ashtiani, de 43 años y madre de dos hijos, fue condenada a morir lapidada por adúltera. En el juicio, en 2005, Ashtiani fue absuelta del cargo de homicidio, pero la semana pasada la llevaron a la televisión y “confesó” que había matado a su marido. Estas confesiones públicas suelen preceder a la ejecución. Irán rechazó una oferta de asilo de Lula y sugirió que tal vez sustituya la lapidación por el ahorcamiento.

Según los informes de Amnistía Internacional, el marido atacó a Ashtiani con un cuchillo y la golpeó hasta dejarla inconciente porque la vio hablar con un vecino. Cuando despertó, su esposo había sido asesinado. Aunque el vecino fue encontrado culpable, dos años después los tribunales reflotaron los cargos contra la mujer.

A principios de agosto, el diario inglés The Guardian logró entrevistar a Ashtiani en la prisión, a través de un intermediario. “El asunto es simple: como soy mujer, en este país piensan que pueden hacer lo que quieran conmigo. Para ellos, el adulterio es peor que la muerte, pero no todos los tipos de adulterios: un hombre adúltero probablemente ni siquiera tenga que pasar tiempo en la cárcel”.

Ashtiani es pobre, analfabeta y en el momento del juicio desconocía sus derechos a tener un abogado y un traductor. La mayoría de los condenados a muerte en Irán son campesinos pobrísimos que no hablan ni entienden farsi, la lengua culta que utilizan los tribunales iraníes. Ashtiani, que no tuvo abogado hasta la apelación, fue torturada y obligada a firmar una confesión que ni siquiera podía leer. Los jueces iraníes, además, pueden basar el veredicto en su “sabiduría” y no en evidencias.

La situación de las mujeres iraníes es desesperante: la ley islámica considera que el testimonio de un hombre en un juicio vale el doble que el de una mujer, y el precio de la sangre (la indemnización que el homicida paga a la familia de la víctima) también es doble si se trata de un hombre. Una mujer violada necesita cuatro testigos hombres que hayan visto el acto sexual para confirmarlo, algo casi imposible. En caso contrario, será condenada por el delito de haber estado en presencia de un hombre que no es su marido. Las iraníes en ningún caso pueden – sin permiso de su esposo-  estar a solas con un hombre que no sea familiar.

Las autoridades se han ensañado con los hijos de Ashtiani: el mayor fue “invitado” a comparecer a la cárcel de Tabriz. “El mensaje es claro: se lo citó en la oficina donde se tortura a los detenidos”, dijo un defensor de los derechos humanos. Peor suerte corrió el abogado, Mohammad Mostafaei, que debió huir de Irán después de que las autoridades intentaran capturarlo y apresaran a su esposa y su cuñado. Mostafaei, que denunció que la confesión fue arrancada por medio de la tortura, dijo que el programa donde “confesó” es controlado por los servicios de Inteligencia y que Ashtiani está tratando de salvar su vida. En un audio que la televisión presentó como grabado por la condenada, la mujer después desautorizó estas denuncias. Según Amnistía Internacional, actualmente al menos siete mujeres y dos hombres están expuestos a ser lapidados.

A nadie se le escapa que una parte de la campaña por la liberación de Ashtiani busca arrimar fuerzas para justificar el ataque contra Irán que están preparando Obama y Netanyahu. Los derechos más elementales son usados para madurar una campaña que apunta a la muerte masiva de iraníes, como ocurre en Afganistán o Irak y hasta Colombia. Por esta razón elemental, la campaña por la libertad inmediata para Ashtiani y por el derecho de asilo para ella y sus hijos debe ser desarrollada con completa independencia de los alcahuetes del imperialismo. Del mismo modo, ninguna victimización del régimen despótico de los ayatollas justifica la complicidad de muchos antiimperialistas con estos crímenes ciudadanos. La independencia de Irán solamente será garantizada por un pueblo en pleno goce de su libertad política.

Llamamos a quienes marchan a las embajadas sionistas en defensa del pueblo de Gaza a que se sumen por la libertad incondicional de Skineh Mohamadí Ashtiani.