Internacionales
23/3/1988|218
Los "contra" son un tigre de papel
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La semana pasada, Reagan dispuso el envío de un grueso contingente de tropas yanquis a Honduras para evitar el colapso de la “contra” ante la embestida militar del ejército sandinista. Todas las informaciones coinciden en señalar que el FSLN estaba propinándole una dura paliza a los somocistas en la zona fronteriza de Bocay. Un quinto de la fuerza total contrarrevolucionaria, unos 2.000 hombres, habría quedado rodeada y a punto de rendirse al llegar los “marines” a Honduras. Los sandinistas se aprestaban a atacar el depósito general de armas y abastecimientos del enemigo en territorio hondureño, cuya destrucción habría sido un tiro de gracia al somocismo. El ataque del FSLN no alcanzó este objetivo, aunque habría permitido cortar las rutas de suministro bélico de la “contra". Durante enero y febrero, los contrarrevolucionarios habían profundizado una ofensiva confeccionada a su propia medida contra objetivos civiles, mujeres y niños.
La ofensiva sandinista demostró definitivamente que la “contra” está sepultada desde el único punto de vista que importa, el militar, desmintiendo largamente que su presencia hubiera tenido alguna importancia en “empujar” al FSLN a negociar los tratados de paz. También es falso suponer que la derrota "contra” estuvo determinada por el corte de la “ayuda” del Congreso de los Estados Unidos, que aún no tuvo tiempo de hacerse sentir y que ya fue sustituida por otras fuentes de financiamiento. La “debacle” de los “contras" se ha demostrado como el camino más seguro para la paz, privando a las “negociaciones de paz” de su pretexto oficial. Estas quedan ahora, claramente, como una tentativa de condicionamiento político de la revolución por parte del imperialismo.
Informaciones periodísticas indican que la decisión de Reagan de mandar soldados reavivó choques con el Congreso e incluso con sectores del Pentágono. Reagan demoró tres semanas en reaccionar ante la movilización militar sandinista, cuyos preparativos comenzaron a fines de febrero. Se han puesto de nuevo de manifiesto las limitaciones políticas del imperialismo para imponer una “salida” militar a su enfrentamiento con la revolución centroamericana. En el marco de las próximas elecciones norteamericanas y de las negociaciones con Gorbachov, sobre los “conflictos regionales”, el imperialismo norteamericano deberá comprometerse más profundamente con la táctica de las “negociaciones de paz" que impulsan el Congreso de Estados Unidos y el resto del imperialismo mundial.
La dirección sandinista lanzó la ofensiva militar en el marco de esta “negociación de paz” y ante la impasse para alcanzar un acuerdo de “cese el fuego" con la “contra”.
Ahora, como consecuencia del ataque sandinista y del envío de tropas por Reagan, las tratativas se han allanado. En la reunión que dentro de pocos días más se habrá de celebrar entre Schevarnadze y Schultz, Nicaragua será reconocida oficialmente en las negociaciones de Estados Unidos y la URSS.
En definitiva, la revolución centroamericana está siendo acosada, no por los “contras" carentes de apoyo en suelo nicaragüense, sino por una acción de estrangulamiento político internacional del que participan el imperialismo y la burocracia contrarrevolucionaria.

