26/04/2001 | 704

Los derechos humanos en Israel y en Cuba

La Comisión de Derechos Humanos que acaba de condenar a Cuba por una diferencia mínima de votos y numerosas abstenciones, también condenó a Israel. Pero mientras a Cuba se le critica «falta de libertad política y derechos civiles», el documento de la Comisión de la ONU «enumera (respecto al Estado sionista) muertes extrajudiciales (o sea asesinatos), castigos colectivos (destrucción de pueblos), detenciones arbitrarias, actos múltiples de violencia, elevado número de muertos entre los palestinos por el uso de la fuerza de los israelíes y el bloqueo impuesto al pueblo palestino (hambre)».


El cotejo entre las denuncias contra Cuba e Israel viene al caso porque Argentina y Estados Unidos votaron una condena a Cuba, mientras se negaron a hacerlo contra el sionismo (Argentina se abstuvo). ¡Qué mejor demostración del carácter netamente político de los dictámenes que se votan en nombre de los derechos humanos y de la completa inmoralidad de la posición de los gobiernos de Bush y De la Rúa!


El empeño del imperialismo yanqui por condenar a Cuba cuando en amplios sectores de la burguesía norteamericana se reclama un debilitamiento o supresión del bloqueo económico y cultural, se explica porque el objetivo es presionar para el restablecimiento del llamado sistema democrático que Cuba conoció largamente a través de su historia, completamente manejado por Estados Unidos y de los más corruptos del mundo. Ese sistema introduciría al aparato estatal cubano de la actualidad el sistema de partidos financiado por las grandes corporaciones y los gobiernos capitalistas, y toda suerte de organizaciones bancadas por esas mismas fuentes. Entre esas organizaciones se encuentran los medios de comunicación privados, la Iglesia y las ONG. En estas condiciones, las consignas por la democratización formal de Cuba son contrarrevolucionarias.


La otra razón de fondo de esta política es reforzar el papel político internacional de la ONU como factor de intervención en las políticas nacionales. Por este motivo, incluso la más progresista de las resoluciones que pudiera tomar formalmente no ya la ONU, sino alguno de sus organismos, debe ser mirada críticamente y denunciarse en cualquier caso su objetivo estratégico de internacionalización proimperialista. La experiencia de los Balcanes, Panamá, etc., donde la intervención yanqui se encubrió con frases humanitarias, así lo demuestra.


El gobierno cubano resiste a este tipo de presiones norteamericanas movilizando a las masas con métodos regimentadores, sin autorizar la menor libertad política y de organización, y cediendo al mismo tiempo al capital privado ramas crecientes de la economía. Se va configurando de este modo una situación cada vez más inestable; pérdidas crecientes de conquistas revolucionarias; amenazas sobre las subsistentes. La crítica al castrismo debe poner de manifiesto su carácter de dictadura burocrática, que sólo parcialmente y con capacidad decreciente defiende derechos de las masas, y que por lo tanto debe ser superado por una democracia obrera, una democracia de consejos y comités obreros.

 

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