07/06/2020

“Los reclamos del movimiento van a chocar con el Partido Demócrata”

Testimonios de la rebelión popular en EEUU; entrevista a Michael Letwin, de Labor for Palestine Nueva York

Entrevistamos para Prensa Obrera a Michael Letwin, defensor público de Brooklyn, miembro de Labor for Palestine (Movimiento Obrero por Palestina)


-¿Cómo fue el conflicto esta semana en tu zona?


-En Nueva York ha habido, como en todo el país, una rebelión de masas. Decenas de miles en las calles, de todas las razas (lo cual es significativo), confrontando con una violencia policial extrema, como lo está haciendo la gente en este país y en todo el mundo. Por un lado está la brutalidad terrible del asesinato de George Floyd y de tanta gente negra y de color que es una realidad casi insoportable de ver. Pero al mismo tiempo, la rebelión que estamos viviendo es una gran inspiración. El coraje y la combatividad que se ve en las calles. También la comprensión de que no es un problema de unas manzanas podridas entre los policías o de algún suceso fuera de lo común. Es algo que es completamente cotidiano y se relaciona con el legado del esclavismo y el capitalismo en este país.


La combatividad y radicalización de los reclamos que el movimiento ha planteado. Desfinanciar la policía, desmantelar la policía, abolir las cárceles. No es que todos sostengan estas posiciones. Pero más allá de eso, la extensión de esas demandas de cambios al sistema es un hecho en sí mismo. Y no sólo cambios, en muchos casos se reivindica terminar con el sistema. Habría que ver que es lo que cada uno entiende por eso, pero sin duda es impresionante y genera un gran impacto.


-¿Qué reacción has visto en el movimiento a los anuncios de Trump de tener a disposición al ejército como forma de dar un salto en la represión?


-Creo que es interesante que no haya habido un recule de parte de los manifestantes frente a esa amenaza ni frente a la violencia masiva ya existente que está descargando el Estado. Miles y miles están en las calles. Quizás más que en los días anteriores. La policía ha podido infligirle una gran violencia al movimiento, pero no han podido hacerlo retroceder para nada. Por lo contrario, la violencia que el Estado ha infligido contra los manifestantes solo ha reforzado la voluntad de la gente de estar en las calles, de resistir el estado de sitio, de resistirse a los toques de queda, de resistir la violencia cotidiana, y la violencia específica que la policía está lanzando contra ellos.


Y también creo que es interesante que más allá del apoyo verbal que los políticos progresistas le han dado al movimiento, son los que de hecho están ayudando a orquestar la represión violenta. Así que, por ejemplo, en Nueva York, que tiene de alcalde a un demócrata progresista, la violencia que se está descargando contra la protesta viene directamente de su gobierno. Creo que esto profundiza la comprensión de todo el mundo, por si no lo sabían, de que fuera de las diferencias discursivas, de Trump, a Biden o, en este caso al alcalde Di Blasio de Nueva York y a lo largo del espectro político, digan lo que digan los políticos, son sus acciones las que hablan por ellos.


Este tipo de violencia es sistémica, organizada y coordinada. Como vimos cuando fue Occupy Wall Street hace casi diez años, cuando el gobierno de Obama les dio la orden de aplastar a Occupy. Sucedió en todos lados, en forma sistemática, por encima de los colores políticos. Lo estamos volviendo a ver en la represión a este movimiento.


Ves estas fotos de policías arrodillándose [la conducta de protesta adoptada por deportistas en repudio a la brutalidad policial]. Esto obviamente es deshonesto, ridículo. Digo, puede haber algunos oficiales de policía que tengan esa opinión, pero cuando el principal jefe policial de Nueva York se arrodilla uniformado como sucedió el otro día, es solo un intento de confundir a la gente sobre el rol de la policía.


También es interesante que el ex Secretario de Defensa [de Trump] James Mattis, haya estado criticando a Trump por llamar al ejército. Importa porque él está pensando “¿los soldados van a obedecer órdenes para disparar contra manifestantes si llega a eso?”. A diferencia de la policía, el ejército y la guardia nacional vienen de las mismas comunidades de la clase obrera que los manifestantes. El 40% del ejército son gente de color. Y si te fijas en los años 60 ves que cuando llamaron a tropas negras para reprimir en las ciudades hubo rechazos a movilizarse, famosamente en el caso de los 43 de Fort Hood 43, un grupo de soldados negros que rechazó ser movilizado a Chicago en 1968 para disparar y reprimir manifestantes. Creo que para la clase dominante hay una preocupación de que el ejército pierda toda credibilidad si toma este tipo de conducta. Lo cual no quiere decir que no lo hagan. Pero ese tipo de discurso muestra el impacto del movimiento.


-¿Cuáles son los sectores sociales y políticos que componen las manifestaciones?


-Creo que hay una confluencia de fuerzas distintas. El corazón del movimiento son los jóvenes negros en particular, que en todos lados han estado al frente de la rebelión, como ha sido desde los años 1960 e incluso antes.  ¿Qué diferencias hay entre esta vez y digamos, 1968? (esta es la mayor rebelión de masas desde 1968). En ese momento aunque había un gran movimiento de blancos y otros sectores de la población radicalizados, contra el racismo y la guerra, los negros dentro de la rebelión en gran parte estaban segregados y separados del resto de la sociedad.


Creo que una gran diferencia de esta rebelión es que aunque tiene la misma escala y recuerda a la rebelión en 1968 luego del asesinato de Martin Luther King, está convocando a enormes cantidades de blancos, muchos de los cuales ya han estado movilizándose con Black Lives o con Occupy, o contra Trump, o con un montón de cosas que han estado pasando.


Entonces cuando ves estas manifestaciones causa un impacto la confluencia de todas estas fuerzas para apoyar a los negros, oponerse al sistema, pedir un cambio radical. A veces abiertamente, explícitamente anticapitalista en los planteos que hace, y con toda claridad contra el racismo institucional que el asesinato de George Floyd refleja.


Aunque la sociedad de hoy sigue segregada en muchísimas formas, estas protestas han superado eso de alguna manera para unirse sobre una base multirracial contra el sistema mismo. Y cada vez que la policía ataca o se saca a los militares para amenazar solo se profundiza la radicalización y la conciencia del movimiento.  Estos no son excesos, no se trata de reeducar a la policía, ni nada así. Sino que se llama a demoler y deconstruir a la policía, terminar con la policía, abolir las prisiones. No es que lo opine todo el mundo, pero estas ideas están circulando ampliamente. Hasta las reflejan los medios empresariales. Eso muestra el poder del movimiento. Creo que hay una consciencia creciente sobre el poder de la movilización masiva. Y de como esto ha cambiado inmediatamente el escenario político, de la noche a la mañana, en todo el país. Claro que esto coincide y se superpone con el Covid-19. El tremendo impacto del Covid-19, especialmente en la gente pobre y trabajadora. Las victimas negras de Covid-19 tienen una proporción groseramente mayor que la proporción de negros en la sociedad. Así que en todos los niveles están actuando estas preocupaciones y se está tomando conciencia.


-¿Cuáles son las principales consignas y los principales reclamos del movimiento?


-Desfinanciar a la policía creo que se ha vuelto una de las consignas más destacadas. Junto, claro, con los reclamos de que se procese a la policía y se condene a la policía. No solo los policías de este caso, si no todos los policías que ejercen violencia, lo que implica a toda la policía como institución. En términos de programa, lo que estamos viendo emerger es la desfinanciación de la policía.


Este es un movimiento donde todo es muy descentralizado, sin alto niveles de organización y estructura. El movimiento por Vidas Negras (Black Lives) es lo más cercano a una voz centralizada. Si miras su sitio web y las cosas que suben “desfinanciar la policía” es el reclamo principal que levantan. Ahora, la pregunta es, ¿qué quiere decir eso? La gente tiene distintos puntos de vista. ¿Quiere decir reducir el presupuesto de la policía pero mantenerla como institución? Hay una amplia gama de opiniones Seguro que hay mucha gente pobre y negros con miedo de que si la policía es abolida van a estar desprotegidos frente a la violencia cotidiana que existe dentro de la comunidad. No quiero caer en una exageración. Seguro que hay mucha gente que piensa eso. Sin embargo,es significativo sí miramos a los movimientos contra abusos policiales antes de que surja Black Lives Matter desde las protestas de Ferguson en 2014, incluso en los últimos 20 años. Por ejemplo, durante las protestas que existieron luego del asesinato de Amadou Diallo en 1999, un joven negro, desarmado, que fue disparado 41 veces por la policía. Un asesinato, sin más. Y en las protestas que surgieron los reclamos era mucho más limitados, para la mayoría de la gente. Que arresten y procesen a los culpables, que entrenen más a la policía para que no sean violentos y ese tipo de cosas. No se escucha eso ahora. No escuchas reclamos para que entrenen policías o para que haya policías con base comunitaria, no está más eso. Creo que eso es bueno, porque incluso en 1999 estos reclamos no era relevantes. No se escuchaban estos reclamos para abolir la policía o desfinanciar la policía en el movimiento. Ahora las escuchas por todos lados.


Esto abre la puerta a un debate. ¿Qué está reflejando esto en realidad? ¿Cuál es la función de la policía como institución? Hay una comprensión extendida de que la policía como institución es una asociación ilícita, que son una fuente de violencia en nuestra sociedad.



-Es evidente que la rebelión está centrada en el racismo y la violencia policial, pero ¿cuán importante te parece el rol que juegan la catástrofe social y económica que se están viviendo?


Hay una conexión íntima. Algunos lo han llamado la tormenta perfecta. En 1968, claro, estaba la guerra, había violencia masiva contra los negros, había desempleo muy alto en las comunidades negras y de color. Pero no había una pandemia. Así que esta pandemia del Covid-19, junto con la pandemia subyacente y continua del racismo y la anti-negritud han creado la base para este tipo de análisis radicalizado que la gente le está aportando a las protestas, lo que están diciendo sobre este país.


El hecho de que el sistema se haya mostrado tan claramente incapaz y desinteresado para resolver cualquiera de estas cosas. Lo que Naomi Klein llama “capitalismo del desastre”. Incluso en el punto alto de la pandemia, no hay siquiera la pretensión de que el Estado intente hacer algo significativo para proteger a la gente. Especialmente en los sectores más vulnerables de la sociedad. Particularmente la gente negra, que son vistas como descartables.


No es difícil imaginar lo que Trump y gran parte de la clase gobernante está pensando respecto al Covid-19. Algo como “está bien, si nos ayuda a deshacernos de grandes cantidades de gente negra y de color, y gente vieja de todas las razas y “baby boomers” [los hijos nacidos luego de la segunda posguerra] que vamos a tener que tener cobrando jubilaciones”. Así que tiene sentido que no estén muy preocupados por Covid-19. Vez que algo así dice la derecha blanca supremacista y eso refleja el debate. Esto refleja el mismo tipo de dinámica que se vivió con el huracán Katrina o con cuallquier otro desastre natural que se te ocurra, respecto a la falta de voluntad y capacidad del Estado para proveer la salud pública más elemental.


Claro que prácticamente no existe la salud pública en este país. Ni siquiera existe la premisa de un sistema nacional de salud. Lo que tenés es una salud vaciada y privatizada, salvo aquella a la que solo acceden unos pocos. Así que eso es parte del contexto.


Incluso antes de estas protestas, hay un creciente activismo obrero, sobre todo en sectores desorganizados, como Amazon, con abandonos de tarea por falta de condiciones de seguridad  frente al Covid-19. No creo que eso se haya conectado todavía a nivel de los reclamos de los movimientos. Pero, claramente la gente está aportando toda esa conciencia de que, sea el Covid-19 o el racismo institucional y la violencia policial, este sistema genera esas cosas. Este sistema no está roto, está funcionando exactamente como se supone que debe.


El capitalismo está quedando expuesto, quizás más que en ningún otro momento que podamos recordar, como carente de la voluntad y la capacidad de proteger incuso los aspectos más básicos de la vida de la mayoría de la gente.


-¿Conoces iniciativas para tratar de coordinar las protestas o discutir una plataforma nacional común?


-No conozco ningún intento unificado para hacer eso. Claro, está sucediendo. Hay discusiones por todas partes, en las protestas, en las redes. El movimiento Black Lives es un intento de hacer eso, y hace un par de años elaboraron una plataforma que es amplia y en lo esencial es anticapitalista. Va desde cosas como abolir las prisiones a garantizar salud, vivienda y empleo.


Es interesante que uno de los temas claves que surgió de Ferguson y el movimiento previo de Black Lives Matter fue una identificación y solidaridad creciente con Palestina. Claro que hay solidaridad en muchos sentidos y este es solo un ejemplo. La conexión negros-Palestina creció. Se considera central, por las grandes similitudes en la opresión, el hecho de que los opresores pertenecen a los mismos gobiernos y al mismo sistema.


Retoma una tradición que se remite por lo menos a los años 1960 con apoyo negro para Palestina de parte de Malcolm X, del Student Non-Violent Coordinating Committee [Comité Coordinador de Estudiantes No Violentos], del Partido de Panteras Negras, de la League of Revolutionary Black Workers [Liga de Obreros Negros Revolucionarios] de Detroit, que hacían esas conexiones y decían que había que destacarlas. Esto, a su vez, se ha reflejado en apoyo palestino para los levantamientos negros en este país, particularmente respecto a Ferguson y los levantamientos actuales. Ha habido un fuerte apoyo de Palestina. La comprensión es que aunque este país no necesito a los israelíes para enseñarles de represión, racismo y opresión, las relaciones entre los regímenes de EEUU e Israel son muy claros en cosas como coordinación entre sus fuerzas policiales, la creciente militarización de la policía norteamericana y, claro, los 3 mil doscientos millones de dólares que el gobierno de EEUU le da al régimen de apartheid de Israel cada año.


Entonces está la intifada en Palestina y lo que es esencialmente una intifada doméstica en este país ahora, aunque no se la suela llamar por ese nombre; y hay una conciencia creciente sobre la conexión entre estas resistencias, y la conexión respecto del derecho a resistir.


-¿Qué perspectiva crees que tiene el movimiento para poder derrotar al gobierno de Trump y su ofensiva represiva?


-Bueno, eso está por verse. En seis décadas de vida he visto a muchos movimientos subir y caer, bajo la represión y las divisiones internas o una combinación de ambas. No pretendo saber que va a pasar. Si me da fuerza la tremenda resistencia que se ha desatado. Del hecho de que la policía y el ejército no hayan podido meter el genio de vuelta en la botella, por lo menos hasta ahora. Está causando grietas en el discurso de la clase dominante y mostrando el poder del movimiento. Creo que la clave es construir alianzas entre todos los sectores de los oprimidos, de la clase obrera.


Los sindicatos en el país son muy débiles, numéricamente y en términos de la política de su dirección. Aunque algunos sindicatos han emitido declaraciones contra el asesinato de George Floyd y contra el racismo y la violencia institucionales en términos generales, no ves a los sindicatos en términos orgánicos ni a sus dirigentes ponerse al frente de esto. Si estuvieron, no plantearon salidas de fondo.


Hay afiliados sindicales en las protestas, por el solo hecho de lo masivas que son las protestas. Pero no los sindicatos como organizaciones. Y esto no va a ser modificado desde sus direcciones, tiene que modificarse desde abajo como todo. Porque las direcciones sindicales son cómplices.


Uno de los temas que aparece es la relación de los sindicatos con las asociaciones de policías. Los sindicatos policiales están entre las instituciones más racistas de este país. El debate de si los policías son solo trabajadores que deben ser sindicalizados contra los que decimos que no son trabajadores, los policías son solo agentes de las clases dominantes. Siempre lo han sido y tienen sus raíces en las patrullas esclavistas del siglo XIX y son inherentemente racistas y violentos contra la población. Sin embargo dentro de la AFL-CIO, la principal central sindical de nuestro país, hay policías sindicalizados que son admitidos como parte del movimiento obrero, aunque sea nominalmente. Esto debe terminarse.


La policía no es parte del movimiento obrero. Los policías no son trabajadores. Son una institución inherentemente opresiva. Los sindicatos tienen que clarificar esto. Creo que este es un reclamo que los miembros de sindicatos que están participando en las protestas tienen que llevar a sus sindicatos.


-¿Ves que existan debates respecto a avanzar hacia organizaciones de la clase obrera independientes, por fuera del tradicional sistema bipartidista?


-No he visto mucha discusión organizada sobre eso. Debates de lanzar un Partido Laborista o como lo quieras llamar. Un tercer partido independiente de la clase obrera y los oprimidos.


Uno de los grandes debates que se vienen va a ser como responder al intento de la dirección neoliberal del Partido Demócrata para cooptar el movimiento a la campaña de Biden. Biden que por un lado dice que se opone al asesinato de George Floyd y por el otro, sugiere que les disparen a los manifestantes a las piernas. Exactamente lo que la policía Israelí hace para incapacitar a manifestantes palestinos en Gaza, todos los días.


Así que el tema central que va a surgir es si el movimiento debe fundirse en la campaña de los demócratas contra Trump. Eso es obviamente lo que Biden y Hillary Clinton y el resto están intentando.


Hillary Clinton emitió un gran tweet el otro día. “Trump ordenó a tropas a reprimir una protesta pacífica para hacer una foto.” Sonaba bárbaro. Pero terminaba con “Vote”.  Por Biden, claro. Anoche Barack Obama daba en la tele un mensaje parecido. Esta es toda gente que ha reservado sus principales críticas para la izquierda, para los jóvenes negros, para el movimiento Black Lives Matter por no estar “dispuestos a trabajar dentro del sistema”.


Estos debates no son nuevos. Esto sucede en este país desde la década de 1930 y antes también. El problema de que relación debe haber entre los movimientos de masas y el Partido Demócrata. Va a haber distintos puntos de vista en el movimiento de masas sobre esto. Hay algunos que van a estar más influidos por estos argumentos, que les va a parecer genial que salgan a hacer estas declaraciones. Y yo creo que está genial que se vean obligados a salir a decir estas cosas en apoyo a Black Lives.


Sin embargo, es un arma de doble filo, porque van a intentar desmovilizar el movimiento hacia el terreno electoral. Y es menos importante si la gente vota o no que sí logran desmovilizar al movimiento. Es claro que algunos van a usar el voto como protesta y apoyar a cualquiera que se presente contra Trump. Eso es medio inevitable. Pero la verdadera pregunta es si el movimiento puede dar lugar a nuevas instituciones, instituciones anti-capitalistas, independientes y opuestas tanto al Partido Demócrata como al Partido Republicano.


No veo que esto se esté discutiendo mucho en el movimiento hoy. Pero los reclamos que están surgiendo del movimiento claramente van a chocar con lo que quiere hacer el Partido Demócrata neoliberal. Cornel West ha estado hablando mucho de esto en sus entrevistas sobre la rebelión. Sobre los intentos de los demócratas neoliberales de cooptar y desmovilizar el movimiento. Esa es la discusión que se viene.


Entevista realizada por Guillermo Kane